Ca­da 24 de fe­bre­ro ce­le­bra­mos nues­tro aniver­sa­rio, por la amistad

La Voz de Galicia (Ourense) - - Deportes - Pe­dro Es­te­so fue atle­ta pro­fe­sio­nal y era la lie­bre de An­drés Díaz el día del ré­cord de Eu­ro­pa de 1999.

Pa­ra mí, todos los 24 de Fe­bre­ro des­de 1999 son re­cor­da­dos por un mo­ti­vo muy es­pe­cial gra­cias a una de las per­so­nas, atle­ta y ami­go que más he ad­mi­ra­do y gran­des re­cuer­dos ten­go jun­to a él. ¡Fe­li­ci­da­des An­drés Díaz!, ya van 17 años man­te­nien­do «nues­tro» ré­cord de Eu­ro­pa. Así me lo hi­cis­te y ha­ces sen­tir y vi­vir...

De es­te mo­do, yo co­men­cé mi en­tra­da en mi per­fil de Fa­ce­book. Sien­to que es un aniver­sa­rio es­pe­cial, nues­tro aniver­sa­rio. Por amistad. Él com­par­tió su pre­mio eco­nó­mi­co con­mi­go y le dig­ni­fi­ca. He si­do lie­bre de otros cam­peo­nes de Eu­ro­pa y no hi­cie­ron lo mis­mo.

Re­cuer­do per­fec­ta­men­te aquel día nu­bla­do pe­ro sin ex­ce­si­vo frío. Ya ha­bía­mos via­ja­do jun­tos des­de Ma­drid, don­de nos reuni­mos con Jo­sé Alon­so Va­le­ro. Yo co­no­cía a An­drés, éra­mos del mis­mo equi­po pe­ro lo te­nía por un ído­lo. Nos en­can­ta­ba có­mo co­rría, des­ta­ca­ba por su por­te... y via­jar con él es un lu­jo, te lo pa­sa­bas ge­nial. Te­nía ca­da sa­li­da...

Ese día fui­mos al es­ta­dio a im­preg­nar­nos del am­bien­te. Ha­bía un trá­fi­co y una po­lu­ción im­pre­sio­nan­tes, el caos del tran­vía y los ta­xis era má­xi­mo. Yo me ima­gi­né en ese es­ta­dio en unos Jue­gos. Des­pués aca­ba­mos en­tre­nan­do en una pis­ta que pa­re­cía de un par­que o jar­dín. Te­nía­mos la es­tra­te­gia muy cla­ra. Sa­lir fuer­te y no per­der el rit­mo. Nos equi­li­brá­ba­mos. Si uno se ata­ca­ba de los ner­vios, el otro era su se­dan­te.

Ya en ca­rre­ra, An­drés se pe­gó mu­cho a mi zan­ca­da. Ca­si to­cán­do­me. Sen­tía su alien­to. Su ros­tro no cam­bia­ba. Era to­do concentración. No vol­ví a ver el ví­deo de la ca­rre­ra. No pu­de lo­ca­li­zar­lo y me en­can­ta­ría. Po­de­mos de­cir que lo guar­da­mos en la re­ti­na, pe­ro lo su­yo se­ría ex­hi­bir el ví­deo de aque­lla ges­ta.

Yo ya ha­bía aban­do­na­do y es­ta­ba es­pe­rán­do­le en di­rec­ción de me­ta cuan­do fal­ta­ban dos vuel­tas y me­dia. Mos­tró una ra­bia bru­tal, apre­tan­do el pu­ño en al­to. Tras ver el crono, el pú­bli­co se ca­len­tó, por­que has­ta en­ton­ces ha­bía es­ta­do muy frío.

El mó­vil de An­drés Díaz no pa­ra­ba de so­nar. El De­por­ti­vo ju­ga­ba ese día con­tra el Ma­llor­ca por los cuar­tos de fi­nal de la Co­pa del Rey y lo ha­bían anun­cia­do por me­ga­fo­nía en Ria­zor, y la que lia­ron... Aunque la ce­le­bra­ción en Ate­nas ape­nas fue una cer­ve­za, por­que es­ta­ba sú­per con­cen­tra­do en el in­mi­nen­te Mun­dial de Ja­pón. En la mi­lla de los Can­to­nes el sá­ba­do 15 de ma­yo ya fue di­fe­ren­te. Nos reuni­mos todos en su ho­me­na­je. Y la no­che co­ru­ñe­sa tam­bién fue de ré­cord. Con to­do me­re­ci­mien­to.

Pe­dro An­to­nio Es­te­so He­rre­ra

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