En­tre to­dos la ma­ta­ron y ella so­la se mu­rió

La Voz de Galicia (Ourense) - - Opinión -

Los que ya to­dos sa­be­mos, y no ha­ce fal­ta dar­les más mo­men­tos de glo­ria, qui­sie­ron eso, bus­car, co­mo siem­pre, su mo­men­to de glo­ria, su ne­ce­sa­ria do­sis de pro­pa­gan­da de la que tan an­sio­sos y tan ne­ce­si­ta­dos es­tán. To­dos so­mos cons­cien­tes de que la no­to­rie­dad de la que ha­cen ga­la no es pro­duc­to del buen ha­cer ni del buen go­bierno, en coa­li­ción, cla­ro: to­da su po­pu­la­ri­dad se de­be a sus más que es­tu­dia­dos ac­tos no del to­do or­to­do­xos por mu­cho que ellos in­ten­ten dar­le ese ca­riz nor­mal, edu­ca­do, ci­vi­li­za­do y... de­jé­mos­lo ahí.

Ri­ta Bar­be­rá se mu­rió pre­sio­na­da al má­xi­mo por los aco­sos an­te su do­mi­ci­lio. Fue per­se­gui­da por los cua­tro cos­ta­dos y se mu­rió impu­tada pe­ro no con­de­na­da. Otros, en cam­bio, no impu­tados ni con­de­na­dos pe­ro sí con in­di­cios su­fi­cien­tes de po­der ser­lo, si­guen en sus pues­tos, co­bran­do sus abul­ta­dos suel­dos, sus die­tas, sus trans­por­tes, sus apar­ca­mien­tos y más pre­ben­das que no po­de­mos re­la­tar por fal­ta de es­pa­cio. Los en­car­ga­dos de pre­sio­nar­los, co­mo lo hi­cie­ron con Ri­ta Bar­be­rá, no sa­ben o no con­tes­tan. Vien­to en po­pa a to­da ve­la va nues­tra po­lí­ti­ca si no abri­mos los ojos los vo­tan­tes, que so­mos, al fin y a la pos­tre, los res­pon­sa­bles de to­do lo que es­tá ocu­rrien­do. PÍO PE­DREI­RA VI­LAS. A CO­RU­ÑA.

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