La In­dia se que­da sin di­ne­ro pa­ra pa­gar en efec­ti­vo

La re­ti­ra­da de los bi­lle­tes de 500 y 1.000 ru­pias siem­bra el caos

La Voz de Galicia (Ourense) - - Economía - MER­CE­DES MO­RA

El Go­bierno in­dio no se an­da con chi­qui­tas. Har­to de la co­rrup­ción y em­bar­ca­do co­mo es­tá en una gran cru­za­da con­tra la co­rrup­ción, el di­ne­ro negro y la eva­sión fis­cal, ha de­ci­di­do cor­tar por lo sano e ile­ga­li­zar los bi­lle­tes de 500 y 1.000 ru­pias (al­re­de­dor de 6,5 y 13 eu­ros, res­pec­ti­va­men­te). Son los más em­plea­dos, por ejem­plo, en el co­bro de so­bor­nos, a la or­den del día en el país asiá­ti­co.

Y lo ha he­cho de un día pa­ra otro. Lo anun­ció el pri­mer mi­nis­tro, Na­ren­dra Mo­di, el pa­sa­do 8 de no­viem­bre en un ines­pe­ra­do dis­cur­so en te­le­vi­sión. «La co­rrup­ción y el di­ne­ro negro son ma­les en­rai­za­dos en nues­tro país, son obs­tácu­los pa­ra nues­tro éxi­to», di­jo en­ton­ces pa­ra jus­ti­fi­car la me­di­da, que en­tró en vi­gor tan pron­to co­mo al día si­guien­te de la alo­cu­ción.

Has­ta ahí, to­do bien. Y es que, la pri­me­ra des­mo­ne­ti­za­ción en la In­dia en ca­si 40 años (38 pa- ra ser exac­tos) fue aco­gi­da has­ta con cier­to en­tu­sias­mo por la po­bla­ción.

Pe­ro, los pro­ble­mas no tar­da­ron en lle­ga­ron. Las crí­ti­cas, tam­po­co. Y eso por­que el país, el se­gun­do más po­bla­do del pla­ne­ta con 1.300 mi­llo­nes de per­so­nas, se ha que­da­do sin efec­ti­vo. No es de ex­tra­ñar: los bi­lle­tes re­ti­ra­dos re­pre­sen­tan más del 80 % del di­ne­ro en cir­cu­la­ción.

Si a eso aña­di­mos que ape­nas son 150 mi­llo­nes los ciu­da­da­nos que dis­po­nen de una cuen­ta ban­ca­ria en la que po­der de­po­si­tar los bi­lle­tes que ya nos les sir­ven, el caos es­tá ga­ran­ti­za­do,

No es di­fí­cil ima­gi­nar las lar­gas co­las que pue­blan es­tos días las ace­ras de las ciu­da­des in­dias, con mi­les de per­so­nas es­pe­ran­do su turno pa­ra en­trar en el ban- co sol­tar los bi­lle­tes ile­ga­li­za­dos y ha­cer­se con di­ne­ro del bueno.

Tie­nen has­ta el 30 de di­ciem­bre pa­ra po­der ha­cer­lo. Pe­ro, hay pri­sa.

El pro­ble­ma es que el Go­bierno no lo ha pre­vis­to to­do. Más bien ha im­pro­vi­sa­do. O eso, por lo me­nos es lo que di­cen los crí­ti­cos de la me­di­da. Y lo ha­cen es­gri­mien­do que las ca­jas de los ban­cos no han tar­da­do en que­dar­se va­cías. Y otro tan­to ha ocu­rri­do con los ca­je­ros.

So­lo en los cua­tro días si­guien­tes al anun­cio se cam­bia­ron 40.000 mi­llo­nes de eu­ros en bi­lle­tes de 500 y 1.000 ru­pias. Se dice pron­to. Una ci­fra que se apro­xi­ma al 4 % del PIB es­pa­ñol. Y los nue­vos bi­lle­tes de 500 y 2.000 ru­pias (los de 1.000 des­apa­re­cen de­fi­ni­ti­va­men­te del ma­pa) no han lle­ga­do a tiem­po. Tam­po­co las re­me­sas de 100.

Lo peor es que la co­sa pa­re­cer ir pa­ra lar­go. De he­cho, los ana­lis­tas au­gu­ran que la cri­sis de li­qui­dez pue­de du­rar aún otros dos me­ses y que la nor­ma­li­dad to­tal no re­gre­sa­rá has­ta den­tro de 6 o 7.

RAJAT GUPTA EFE

La me­di­da del Go­bierno in­dio ha si­do res­pon­di­da con pro­tes­tas en ca­si to­do el país.

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