«El úni­co te­ma que me in­tere­sa de la Es­pa­ña ac­tual es la co­rrup­ción»

El ci­neas­ta cri­ti­ca la «cen­su­ra in­di­rec­ta» de la te­le­vi­sión, que, dice, se de­sen­tien­de de los te­mas que no le pa­re­cen con­ve­nien­tes

La Voz de Galicia (Ourense) - - Cultura - SAN­TIA­GO / LA VOZ TA­MA­RA MON­TE­RO

«He he­cho más de cua­ren­ta pe­lí­cu­las y he he­cho un po­co lo que que­ría ha­cer en ca­da mo­men­to». Car­los Sau­ra (Hues­ca, 1932) se sien­te «in­ca­paz» de po­ner un ad­je­ti­vo al con­jun­to de su obra. Le­yen­da vi­va del sép­ti­mo ar­te, el fes­ti­val Ci­neu­ro­pa se ha atre­vi­do a de­fi­nir­la co­mo «ex­cep­cio­nal e sub­ver­si­va». Y le ha con­ce­di­do su pre­mio en es­ta tri­gé­si­ma edi­ción.

—El fes­ti­val com­pos­te­lano Ci­neu­ro­pa se su­ma a una lar­ga lis­ta de pre­mios en su cu­rrícu­lo, pe­ro he leí­do que no se sien­te muy va­lo­ra­do en Es­pa­ña.

—Es cu­rio­so, con la ve­jez han em­pe­za­do a va­lo­rar­me, co­mo di­cien­do «es­te ya, co­mo se va a mo­rir pron­to...» [ríe]. Es­pa­ña es muy cruel en eso, te mue­res y en­se­gui­da eres un ge­nio, y si no te mue­res pues eres ca­si un im­bé­cil. La ver­dad es que he si­do más re­co­no­ci­do fue­ra de Es­pa­ña que en Es­pa­ña, pe­ro se­ría in­jus­to de­cir que no me han re­co­no­ci­do aquí. So­bre to­do úl­ti­ma­men­te, que voy de ho­me­na­je en ho­me­na­je, lo cual me pa­re­ce ex­ce­si­vo.

—Su fic­ción fíl­mi­ca ha re­tra­ta­do una Es­pa­ña ne­gra. ¿Se­gui­mos igual?

—Es­pa­ña es un país com­pli­ca­do, no es tan sen­ci­llo co­mo pa­re­ce a pri­me­ra vis­ta. Es un país un po­co bár­ba­ro, con gran­des con­tras­tes, con opi­nio­nes di­fe­ren­tes... Sim­ple­men­te, he tra­ta­do de ex­pre­sar lo que me pa­re­cía a mí en los te­mas que me in­tere­sa­ban. Pe­ro tan­to co­mo ne­gra... no creo. La Es­pa­ña ne­gra es otra co­sa. Pe­ro una Es­pa­ña os­cu­ra y com­pli­ca­da, sí.

—¿Aún hoy?

—Hom­bre, es evi­den­te. Pe­ro, bueno, es cu­rio­so, yo soy op­ti­mis­ta con Es­pa­ña. Creo que ha cam­bia­do mu­chí­si­mo des­de que yo em­pe­cé a ha­cer ci­ne. Se ha in­te­gra­do en Eu­ro­pa con re­la­ti­va fa­ci­li­dad y no es­tá ale­ja­da de otro país eu­ro­peo. Es más, hay una es­pe­cie de uni­fi­ca­ción, qui­zá por un la­do un po­co la­men­ta­ble, de for­ma de ser, de for­ma de vi­vir, ca­da vez nos pa­re­ce­mos to­dos más. No sé si es bueno o es ma­lo, pe­ro pa­ra Es­pa­ña es im­por­tan­te, ha si- do un cam­bio sus­tan­cial.

—¿Le gus­ta­ría lle­var­la a la pan­ta­lla igual que en su día lle­vó la Es­pa­ña del fran­quis­mo y de la tran­si­ción?

—Pues no tan­to. En to­do ca­so, el úni­co te­ma que me in­tere­sa es la co­rrup­ción, que aho­ra es evi­den­te. Pe­ro por lo de­más la po­lí­ti­ca es­pa­ño­la no ha cam­bia­do tan­to en los úl­ti­mos años. Es­pa­ña si­gue el mer­ca­do co­mún eu­ro­peo y es muy di­fí­cil sa­lir­se de eso, la ban­ca es muy im­por­tan­te y de­ter­mi­nan­te. Sen­ti­men­tal­men­te, es­ta­ría fue­ra de eso, pe­ro hay que acep­tar la so­cie­dad en la que vi­vi­mos, por­que no hay otra que sea me­jor.

—En el tin­te­ro se han ido que­dan­do pro­yec­tos co­mo uno so­bre Pi­cas­so y otro so­bre la Gue­rra Ci­vil. ¿Es­te país no quie­re re­tra­tar­se a sí mis­mo?

—Aho­ra de­pen­de­mos mu­chí­si­mo de la te­le­vi­sión, que es la que dic­ta las nor­mas, y exis­te una es­pe­cie de cen­su­ra in­di­rec­ta, en la que hay una se­rie de te­mas que no les in­tere­san por­que tie­nen otros que les pa­re­cen más con­ve­nien­tes. Creo que la gue­rra es­pa­ño­la es un te­ma que no se ha tra­ta­do nun­ca de ver­dad en pro­fun­di­dad, o muy po­cas ve­ces. Da mu­cho mie­do, hay te­mas es­pa­ño­les con los que na­die se atre­ve: la Iglesia, el Ejér­ci­to... Te­mas que en otros paí­ses se tra­tan con mu­cha más fa­ci­li­dad. Hay una es­pe­cie de te­mor, es una co­sa atá­vi­ca en el es­pa­ñol. Son ta­bú.

—¿Nun­ca de­ja­rán de ser­lo?

—La Gue­rra Ci­vil es un te­ma ne­ce­sa­rio, muy de­li­ca­do y muy in­tere­san­te, por­que es­ta­mos vi­vien­do las secuelas. Es una gue­rra que di­vi­dió a los es­pa­ño­les y to­da­vía que­dan una es­pe­cie de res­col­dos. Creo que se po­dría se­guir tra­ba­jan­do so­bre él.

—Tam­bién ha di­cho que le gus­ta­ría ha­cer al­go so­bre Fe­li­pe II.

—Es que es un per­so­na­je ma­ra­vi­llo­so. Te­nía dos ca­ras: por un la­do era una per­so­na muy cul­ta, cul­ti­va­ba la mú­si­ca, era muy sen­si­ble y es­ta­ba muy enamo­ra­do de su mu­jer; y por otro era un hi­jo de Sa­ta­nás, era muy cruel, en un mo­men­to en el que la vi­da no te­nía nin­gún va­lor en Es­pa­ña. Es la con­tra­dic­ción de siem­pre, una per­so­na cul­ta no tie­ne que ser ne­ce­sa­ria­men­te una per­so­na ma­ra­vi­llo­sa.

—En Ci­neu­ro­pa se pro­yec­ta «Zon­da», so­bre la mú­si­ca po­pu­lar ar­gen­ti­na. Tam­bién ha re­tra­ta­do la jo­ta, el fla­men­co, el fa­do... ¿Hay un mú­si­co frus­tra­do en Car­los Sau­ra?

—Sí, por su­pues­to. Mi ma­dre era pia­nis­ta. Y me hu­bie­ra gus­ta­do mu­cho de­di­car­me a la mú­si­ca. Yo nun­ca hu­bie­ra si­do un pia­nis­ta, qui­zá más bien un com­po­si­tor. Pe­ro creo que el ci­ne me ha sa­na­do de ese pe­ca­do.

—¿Le gus­ta­ría ha­cer al­go so­bre la mú­si­ca po­pu­lar ga­lle­ga?

—En Jo­ta he­mos te­ni­do la suer­te de te­ner una jo­ta ga­lle­ga, que es una de las co­sas más her­mo­sas que hay en la jo­ta. Hay que ver­lo, por­que es una ma­ra­vi­lla lo que ha­ce Car­los Nú­ñez. Ya ha­ce años hu­bo un pro­yec­to pa­ra ha­cer una pe­lí­cu­la de un poe­ta ga­lle­go y se frus­tró.

—¿Vol­ve­rá us­ted a ro­dar ci­ne de fic­ción?

—Sí, sí, ten­go cua­tro o cin­co pro­yec­tos, pe­ro hay que ver cuál sa­le si es que sa­le al­guno. Es­tas pe­lí­cu­las mu­si­ca­les mías, que no po­seen ar­gu­men­to, tie­nen un pro­ble­ma, y es que na­die sa­be don­de co­lo­car­las. Es me­jor ha­cer una pe­lí­cu­la con ar­gu­men­to que en­tre den­tro del ci­ne nor­mal.

—¿So­bre qué?

—Hay una so­bre la In­dia, otra so­bre mú­si­ca cu­ba­na, otra en Mé­xi­co, y el pro­pio pro­yec­to de Pi­cas­so es­tá en el aire.

—Es­tá a la es­pe­ra de ver si sa­le al­gún pro­yec­to... ¿El ci­ne en Es­pa­ña es­tá en cri­sis?

—Des­de que yo em­pe­cé a ha­cer ci­ne se dice que es­tá en cri­sis. La ac­tual es aún más pro­fun­da y se de­be a ra­zo­nes co­mo la fal­ta de co­la­bo­ra­ción del Go­bierno con la cultura en ge­ne­ral, un fa­llo ga­rra­fal por­que la cultura man­tie­ne el pres­ti­gio de un país en el ex­tran­je­ro. Y eso que ha cam­bia­do el ses­go en el ofi­cio del ci­ne. Hoy hay fa­ci­li­da­des téc­ni­cas pa­ra ha­cer ci­ne con muy po­cos me­dios, pe­ro el pro­ble­ma es que el pú­bli­co no pue­de ver esas pe­lí­cu­las que se es­tán ha­cien­do.

«Da mu­cho mie­do, hay una se­rie de te­mas es­pa­ño­les con los que na­die se atre­ve, son ta­bú» «Des­de que em­pe­cé se dice que el ci­ne es­pa­ñol es­tá en cri­sis, pe­ro hoy es aún más pro­fun­da»

ÁL­VA­RO BALLESTEROS

El rea­li­za­dor ara­go­nés Car­los Sau­ra re­ci­bió ayer el pre­mio Ci­neu­ro­pa en pre­sen­cia del di­rec­tor del fes­ti­val, Jo­sé Luis Lo­sa.

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