Re­con­ci­lia­ción con la pe­lo­ta, ur­gen­cia en la cla­si­fi­ca­ción

La Voz de Galicia (Ourense) - - Deportes - Pau­lo Alon­so Lois

Ame­di­da que se fue sol­tan­do, Gaiz­ka Ga­ri­tano di­bu­jó en la en­tre­vis­ta del miér­co­les en La Voz un equi­po con de­ma­sia­dos agu­je­ros. Un De­por­ti­vo sin ofi­cio pa­ra ce­rrar par­ti­dos con el otro fút­bol, te­me­ro­so con la pe­lo­ta, ca­ren­te de con­fian­za, sin un ju­ga­dor con je­rar­quía pa­ra con­di­cio­nar a un ár­bi­tro, con va­rios fut­bo­lis­tas sin fí­si­co... Al fi­nal, al mis­mo tiem­po que reivin­di­có su vo­ca­ción ofen­si­va y unos mé­ri­tos que no se co­rres­pon­dían con sus pun­tos, ad­mi­tió gran par­te de sus ver­da­de­ros las­tres. Y, al mis­mo tiem­po que des­li­zó que to­do pa­re­ce con­ju­rar con­tra el equi­po, re­co­no­ció que «la bue­na suer­te se cons­tru­ye con las co­sas que ha­ces». En Má­la­ga sí que me­re­ció más for­tu­na y se la ne­ga­ron va­rios de­ta­lles. Aun­que des­pués de 13 jor­na­das la in­fluen­cia de la suer­te en la cla­si­fi­ca­ción va di­lu­yén­do­se en el océano de los mé­ri­tos.

El De­por­ti­vo con­tro­ló el jue­go de ini­cio an­te un ri­val vo­lun­ta­ria­men­te en­ce­rra­do en su cam­po. Y arran­có con tan­to to­que y con­trol co­mo po­ca pro­fun­di­dad. Pe­ro aun­que se vio de nue­vo por de­lan­te en el mar­ca­dor —¿no era eso lo que se­re­na a un equi­po en el alam­bre?—, fue in­ca­paz de adue­ñar­se del par­ti­do cuan­do el Má­la­ga qui­so res­pon­der.

Ma­cha­ca­do en el mar­ca­dor, en la cla­si­fi­ca­ción y en el áni­mo, el De­por­ti­vo de la úl­ti­ma me­dia ho­ra, co­mo quien sa­be que ya lu­cha por su su­per­vi­ven­cia, en­vió las me­jo­res se­ña­les de la tem­po­ra­da. Dio un buen me­neo al Má­la­ga. Y per­dió. Es­ta vez le con­de­na­ron la cla­se del ri­val —con dos goles de vi­deo­te­ca—, sus pro­pios erro­res pa­ra con­ce­der un penalti y una fal­ta pe­li­gro­sa al bor­de del área y la suer­te. Por­que en La Ro­sa­le­da sí me­re­ció más.

Ha­bi­tua­do a des­co­nec­tar­se en am­plias fa­ses de los en­cuen­tros, en Má­la­ga el De­por­ti­vo se re­con­ci­lió con la pe­lo­ta du­ran­te gran par­te del par­ti­do. Pa­re­ció más cer­ca de la ima­gen que de­be ale­jar­le, pe­ro aho­ra sí que cuan­to an­tes, de la cal­de­ra de los pues­tos de des­cen­so.

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