Con­des­cen­den­cia

La Voz de Galicia (Ourense) - - Alta Definición - Ta­ma­ra Mon­te­ro

Tra­ba­jó to­da su vi­da de sol a sol. Vi­vió una gue­rra. Pa­só ham­bre y pe­nu­rias. Sa­lió ade­lan­te en los peo­res mo­men­tos. Se ca­só, crio a sus hi­jos de la me­jor ma­ne­ra que su­po. Les dio es­tu­dios, lu­chó por for­mar un ho­gar. Les en­se­ñó va­lo­res. Siempre ayu­dó a sus ve­ci­nos. En­te­rró a su ma­ri­do. Y si­guió vi­vien­do una vi­da que nun­ca ha­bía si­do sen­ci­lla. Des­de bien pe­que­ña, apren­dió a gol­pes. Esa vi­da le dio cien pa­ta­das. Le arre­ba­tó a se­res que­ri­dos. La arrin­co­nó, la as­fi­xió, la apre­tó has­ta de­cir bas­ta. Y sin em­bar­go, si­guió ade­lan­te. Siempre si­guió ade­lan­te. Se ga­nó a pul­so el res­pe­to de to­dos. Con el su­dor de su fren­te. Con el es­fuer­zo dia­rio. Con la va­len­tía de los que ca­mi­nan a pe­sar de to­do. Y des­pués, lle­gó el ol­vi­do. Y con él, la con­des­cen­den­cia. Y do­lía. Do­lía ver co­mo a esa mu­jer que ha­bía pe­lea­do con la úni­ca ar­ma que te­nía, sus ma­nos, ape­nas sus ma­nos des­nu­das, le ha­bían per­di­do el res­pe­to. Ya no se me­re­cía ser se­ño­ra. La lla­ma­ron por mu­chos nom­bres. Le ha­bla­ron co­mo si fue­se sor­da. Se to­ma­ban de­ma­sia­das con­fian­zas. La ig­no­ra­ban, no la sa­ca­ban de sus erro­res. Ni si­quie­ra le ex­pli­ca­ban lo que pa­sa­ba. La tra­ta­ban co­mo a una ni­ña, co­mo si no se en­te­ra­ra. Pe­ro de­trás de esos ojos hú­me­dos se­guía es­tan­do ella. La que ha­bía pe­lea­do la vi­da y ha­bía ga­na­do. La dig­ni­dad, la ex­pe­rien­cia, la no­ble­za. Allí se­guía mi abue­la. Que no se lla­ma­ba Car­mi­na, aun­que po­dría. Se lla­ma­ba Ce­lia.

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