Una ame­na­za con­tro­la­da, pe­ro muy real

Mi­guel-An­xo Mu­ra­do

La Voz de Galicia (Ourense) - - A Fondo -

Cuan­do se ha­bla de la ame­na­za yiha­dis­ta en Es­pa­ña es fre­cuen­te re­fe­rir­se a las alu­sio­nes de Al Qai­da y el Es­ta­do Is­lá­mi­co a Al An­da­lus, y su vo­lun­tad de «re­con­quis­tar­la» pa­ra el is­lam. Es una re­tó­ri­ca po­co tran­qui­li­za­do­ra, pe­ro no es el in­di­ca­dor más im­por­tan­te. El te­rro­ris­mo no de­pen­de de dis­cur­sos, sino de es­truc­tu­ras y ca­pa­ci­da­des pa­ra aten­tar, y en ese sen­ti­do Es­pa­ña es uno de los paí­ses eu­ro­peos más di­fí­ci­les pa­ra los yiha­dis­tas. Sus fuer­zas de se­gu­ri­dad tie­nen gran ex­pe­rien­cia en an­ti­te­rro­ris­mo y la co­mu­ni­dad musulmana es­pa­ño­la es re­la­ti­va­men­te pe­que­ña com­pa­ra­da con otros paí­ses de su en­torno. Tam­bién es más re­cien­te, por lo que, sal­vo en Ceu­ta y Me­li­lla, no hay to­da­vía mu­chos adul­tos en la se­gun­da ge­ne­ra­ción, el per­fil de edad en el que pre­do­mi­na la ra­di­ca­li­za­ción (la cual, es im­por­tan­te re­cor­dar­lo, es un fe­nó­meno mar­gi­nal).

Di­cho es­to, na­die pue­de des­car­tar un aten­ta­do en cual­quier mo­men­to, so­bre to­do de un lo­bo so­li­ta­rio, más di­fí­cil de pre­ve­nir por las fuer­zas de se­gu­ri­dad. Pe­ro tam­po­co se pue­de des­car­tar un ata­que más so­fis­ti­ca­do por­que, aun­que has­ta aho­ra la ma­yor par­te de las cé­lu­las que se han des­ar­ti­cu­la­do en Es­pa­ña eran de apo­yo, las ha ha­bi­do tam­bién de ti­po ope­ra­ti­vo —es de­cir, dis­pues­tas a ac­tuar en sue­lo es­pa­ñol—. Las cé­lu­las de apo­yo, en to­do ca­so, son tam­bién pe­li­gro­sas a lar­go pla­zo, pues­to que al­gu­nos de los yiha­dis­tas que re­clu­tan —en Es­pa­ña ron­dan el cen­te­nar— vol­ve­rán al­gún día de Si­ria e Irak con for­ma­ción mi­li­tar.

Den­tro de Es­pa­ña, Ga­li­cia es una de las au­to­no­mías con me­nor ex­po­si­ción al yiha­dis­mo; muy le­jos, por ejem­plo, de Ca­ta­lu­ña, don­de se con­cen­tran un ter­cio de las ame­na­zas po­ten­cia­les de ra­di­ca­li­za­ción. La co­mu­ni­dad musulmana ga­lle­ga es pe­que­ña y es­tá bien in­te­gra­da. Pe­ro ha­bla­mos de re­des muy mó­vi­les. Los de­te­ni­dos ayer en Ar­tei­xo y Vi­mian­zo, por ejem­plo, es­ta­ban vin­cu­la­dos con una cé­lu­la en Al­me­ría, y es­ta a su vez con otra en Aus­tria y con la de los te­rro­ris­tas de Pa­rís. De­trás de ellas hay una red de in­mi­gra­ción irre­gu­lar que in­fil­tra miem­bros del Es­ta­do Is­lá­mi­co en­tre los re­fu­gia­dos, co­mo ya su­ce­dió en el ca­so de los aten­ta­dos en Fran­cia. El ries­go, pues, es real. Co­mo en tan­tos otros ór­de­nes de la vi­da, es­ta­mos a mer­ced de la suer­te y la es­ta­dís­ti­ca.

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