Di­vi­sión en la UE so­bre si Cas­tro era o no un «dic­ta­dor»

La Voz de Galicia (Ourense) - - Internacional - CRIS­TI­NA PORTEIRO

«La pre­gun­ta es sen­ci­lla, ¿fue o no fue Fi­del Cas­tro un dic­ta­dor?» Bru­se­las no se acla­ra. Tres días des­pués de la de­fun­ción del lí­der cu­bano, la Co­mi­sión Eu­ro­pea elu­de res­pon­der a la pre­gun­ta. Pa­ra la je­fa de la di­plo­ma­cia eu­ro­pea, Fe­de­ri­ca Mog­he­ri­ni, Cas­tro fue un «hom­bre con de­ci­sión». Pa­ra la co­mi­sa­ria de Co­mer­cio, Ce­ci­lia Malms­tröm, «un dic­ta­dor que opri­mió a su pue­blo du­ran­te 50 años».

Pe­ro, ¿cuál de las dos vi­sio­nes com­par­te el pre­si­den­te de la ins­ti­tu­ción, Jean Clau­de Junc­ker? Na­die lo sa­be. Que­dan tre­ce días pa­ra que la UE se­lle con Cu­ba el his­tó­ri­co Acuer­do de Diá­lo­go Po­lí­ti­co y Coo­pe­ra­ción y el lu­xem­bur­gués no quie­re avi­var fue­gos.

A la es­pe­ra de que se cal­men las aguas, el con­ser­va­dor se ha en­fun­da­do en el tra­di­cio­nal len­gua­je opa­co de las ins­ti­tu­cio­nes pa­ra es­qui­var la po­lé­mi­ca has­ta el 12 de di­ciem­bre, día en el que La Ha­ba­na es­pe­ra que la UE pon­ga fin a vein­te años de la Po­si­ción Co­mún, una po­lí­ti­ca que su­pe­di­ta el diá­lo­go y la coo­pe­ra­ción a los avan­ces en la de­mo­cra­ti­za­ción de la is­la. Ni Bru­se­las ni el Go­bierno cu­bano quie­ren echar a per­der el tra­ba­jo y los es­fuer­zos in­ver­ti­dos en el pro­ce­so ni que se pon­ga en cues­tión la irre­ver­si­bi­li­dad del acuer­do, co­mo sí ha de­ja­do caer el pre­si­den­te elec­to Do­nald Trump.

Al­gu­nos paí­ses del cen­tro y es­te de Eu­ro­pa (ba­jo la ór­bi­ta de la an­ti­gua Unión So­vié­ti­ca) no es­tán de acuer­do con las for­mas y han cri­ti­ca­do con du­re­za el cán­di­do men­sa­je de con­do­len­cias que en­vió el pa­sa­do sá­ba­do Junc­ker. Pa­ra paí­ses que han su­fri­do du­ran­te dé­ca­das a re­gí­me­nes apo­ya­dos por Cas­tro, la car­ta no es pla­to de buen gus­to. «El mun­do pier­de a un hom­bre que fue un hé­roe pa­ra mu­chos», di­ce el po­lé­mi­co tex­to que ayer Bru­se­las tra­tó de ma­ti­zar. Lo hi­zo su por­ta­voz, Mar­ga­ri­tis Schi­nas: «No fue un hé­roe, fue un hé­roe pa­ra mu­chos (...) La his­to­ria lo juz­ga­rá. Junc­ker no va a sa­lir a la ca­lle a bai­lar de ale­gría por la muer­te de al­guien, es un de­mó­cra­ta cris­tiano», in­sis­tió el grie­go tras ne­gar­se a uti­li­zar el tér­mino dic­ta­dor por­que se co­rres­pon­de­ría con una «vi­sión muy es­tre­cha de la his­to­ria».

En cuan­to a las du­ras pa­la­bras lan­za­das por la co­mi­sa­ria sue­ca, quien se de­mar­có del dis­cur­so ofi­cial, Bru­se­las se po­ne a cu­bier­to: «Pue­de que en Cu­ba no ha­ya li­ber­tad de ex­pre­sión, pe­ro en la Co­mi­sión Eu­ro­pea la hay».

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