Los ve­ci­nos de un edi­fi­cio de Vi­la­gar­cía se que­jan del hu­mo del club de can­na­bis ins­ta­la­do en su ba­jo

La Voz de Galicia (Ourense) - - Galicia - S. GON­ZÁ­LEZ

«No pro­vo­can líos ni des­ór­de­nes, pe­ro el olor lle­ga has­ta el quin­to», la­men­ta una de­nun­cian­te

La crea­ción de clu­bes so­cia­les de can­na­bis ha ex­pe­ri­men­ta­do un cre­ci­mien­to ex­po­nen­cial en Es­pa­ña a lo lar­go de los úl­ti­mos diez años. No es fá­cil de­ter­mi­nar­lo, pe­ro su nú­me­ro, se­gún al­gu­nas fuentes, pue­de es­tar ro­zan­do en es­tos mo­men­tos el mi­llar de aso­cia­cio­nes. Aun­que el epi­cen­tro de es­te mo­vi­mien­to se en­cuen­tra en Ca­ta­lu­ña, cu­yo par­la­men­to aca­ba de apro­bar una re­gu­la­ción pro­pia, que ha pa­sa­do sin pe­na ni glo­ria por los no­ti­cia­rios en­tre des­co­ne­xio­nes y desafíos, Ga­li­cia no cons­ti­tu­ye nin­gu­na ex­cep­ción a es­te fenómeno. A los so­cios de es­te ti­po de es­ta­ble­ci­mien­tos les gus­ta, por lo ge­ne­ral, ir a lo su­yo y pa­sar des­aper­ci­bi­dos. Pe­ro no siem­pre es po­si­ble. En Arou­sa, sin ir más le­jos, una comunidad de ve­ci­nos ha denunciado an­te el Con­ce­llo de Vi­la­gar­cía los olo­res y hu­mos que, ase­gu­ran, ema­nan del club que fun­cio­na en su plan­ta baja.

El lo­cal en cues­tión es un an­ti­guo pub, en­cla­va­do en pleno cen­tro de la ciu­dad, que ce­rró sus puer­tas ha­ce años. El club de can­na­bis lo al­qui­ló ha­ce unos me­ses y, se­gún fuentes po­li­cia­les, tie­ne sus pa­pe­les en re­gla. Lo que sig­ni­fi­ca que la en­ti­dad es­tá da­da de al­ta en el re­gis­tro de aso­cia­cio­nes de la Xun­ta y que el cen­te­nar de miem­bros que lo conforman se atie­nen a una can­ti­dad de ma­rihua­na por per­so­na que no ex­ce­de lo que pue­de con­si­de­rar­se co­mo con­su­mo pro­pio: en­tre dos y tres gramos dia­rios.

«La ver­dad es que lo que nos preo­cu­pa no es que com­pren o cul­ti­ven ma­rihua­na, por­que no cau­san líos ni des­ór­de­nes, el pro­ble­ma son los olo­res y el hu­mo, que suben por el por­tal y lle­gan in­clu­so has­ta el sex­to pi­so», ase­gu­ra una de las de­nun­cian­tes.

De mo­men­to, la comunidad ha pre­sen­ta­do dos es­cri­tos en el re­gis­tro mu­ni­ci­pal. El pri­me­ro de ellos se re­mon­ta al 1 de di­ciem­bre. En él, el ad­mi­nis­tra­dor del blo­que co­mu­ni­ca al Con­ce­llo que en el ba­jo de su edi­fi­cio se ha ini­cia­do una ac­ti­vi­dad, y que di­cha ac­ti­vi­dad con­sis­te «en un club de fu­ma­do­res, incluyendo ma­rihua­na». Aña­de el re­pre­sen­tan­te de los ve­ci­nos que «se pro­du­ce fil­tra­ción de hu­mos y olo­res de las sus­tan­cias con­su­mi­das desde es­te lo­cal, afec­tan­do a pa­si­llos y as­cen­sor». Por to­do ello, so­li­ci­ta una co­pia de la li­cen­cia de aper­tu­ra del ne­go­cio, los per­mi­sos de obra que se ha­yan po­di­do ex­pe­dir y, de no exis­tir las con­di­cio­nes le­gal­men­te exi­gi­bles pa­ra su fun­cio­na­mien­to, que el Ayun­ta­mien­to ejer­za sus com­pe­ten­cias.

Trans­cu­rri­das tres semanas desde aque­lla pri­me­ra pe­ti­ción, la comunidad in­sis­tió. En esa oca­sión, a tra­vés de un es­cri­to que fir­ma­ban quin­ce ve­ci­nos: «Los olo­res afec­tan a nues­tras vi­vien­das, al­te­ran­do nues­tra sa­lud y con­vi­ven­cia». La po­li­cía ha con­tro­la­do el mo­vi­mien­to del club, sin ha­llar mo­ti­vos pa­ra in­ter­ve­nir desde un pun­to de vista de­lic­ti­vo. Pe­ro lo que a los ha­bi­tan­tes del por­tal les preo­cu­pa es la ver­tien­te sa­ni­ta­ria del pro­ble­ma. Así que pre­pa­ran una ter­ce­ra no­ti­fi­ca­ción cu­ya des­ti­na­ta­ria se­rá la Con­se­lle­ría de Sa­ni­da­de.

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