Li­de­ra a los Crys­tal Figh­ters. Ha­bla co­mo un hip­pie del 67, pe­ro su mú­si­ca es ra­bio­sa­men­te ac­tual. Ma­ña­na vi­si­ta Vi­go

La Voz de Galicia (Ourense) - - Al Sol - JA­VIER BE­CE­RRA

Tie­nen la (me­re­ci­da) fa­ma de ale­grar­le el día más amar­ga­do. Lo han de­mos­tra­do en sus múl­ti­ples con­cier­tos en fes­ti­va­les es­pa­ño­les y sus fre­cuen­tes in­cur­sio­nes en Ga­li­cia. Aho­ra les to­ca Vi­go (ma­ña­na, Cas­tre­los 23.00 ho­ras, 6 eu­ros). Se­gu­ro que lo­gran en­tu­sias­mar a la au­dien­cia.

—¿Qué le pa­re­ce si le di­go que los niños en­lo­que­cen sal­tan­do con te­mas co­mo «Good Girls»?

—Que eso nos ha­ce sen­tir vi­vos. Una de las prin­ci­pa­les ra­zo­nes por las que ha­ce­mos mú­si­ca pa­ra dar­le a la gen­te ale­gría, amor y ener­gía. Nos en­can­ta sa­ber que la edad de nues­tra au­dien­cia pue­de ba­jar tan­to.

— Hay una co­ne­xión muy fuer­te con Áfri­ca en su mú­si­ca. ¿Có­mo em­pe­zó?

—Áfri­ca es la fuen­te de la hu­ma­ni­dad, ex­ten­dien­do su his­to­ria a tra­vés de tan­tas cul­tu­ras. ¿Có­mo no po­dría­mos in­cor­po­rar su in­fluen­cia en to­dos no­so­tros en nues­tra mú­si­ca? La co­ne­xión co­men­zó por es­cu­char mu­cha mú­si­ca afri­ca­na, por ejem­plo Ben­gaBeat de Ke­nia y Da­niel Mi­sia­ni. Los rit­mos y me­lo­días de la mú­si­ca son tan vi­ta­les que siem­pre han si­do una fuer­te ins­pi­ra­ción pa­ra no­so­tros.

—Se­me­ja que cuan­do el pop pa­sa por una cri­sis, siem­pre acu­de a la mú­si­ca afri­ca­da. ¿Por qué?

—¡Oh, no nos di­mos cuen­ta de eso! Pe­ro es una teo­ría in­tere­san­te. Tal vez pa­se eso por­que el pop se ha ex­ten­di­do de­ma­sia­do y los mú­si­cos sien­ten la ne­ce­si­dad de vol­ver a co­nec­tar con las raí­ces y la cul­tu­ra. Se­gu­ra­men­te, ese ti­po de cri­sis que tú di­ces lle­ve a más mú­si­cos a vi­rar su sen­si­bi­li­dad ha­cia los

so­ni­dos afri­ca­nos.

—¿Cuál es el men­sa­je de Crys­tal Figh­ters?

—Amor, li­ber­tad y uni­dad. Y que no hay lí­mi­tes en el amor, la felicidad y el dis­fru­te. Que­re­mos que la gen­te se­pa que pue­de te­ner tan­ta di­ver­sión y ser li­bre pa­ra ha­cer lo que quie­ra, y dis­fru­tar de la vi­da en el ca­mino. Tam­bién que­re­mos re­cor­dar a la gen­te la im­por­tan­cia de ha­cer un im­pac­to po­si­ti­vo aquí en la tie­rra cuan­do se pue­de

—Trans­mi­ten mu­chí­si­ma ju­ven­tud y vi­ta­li­dad. ¿Sien­ten, pe­se a ello, que van a ser mú­si­cos pa­ra el res­to de tu vi­da?

—El nom­bre de Crys­tal Figh­ters lo de­ci­di­mos tras un pa­sa­je de una ópe­ra inaca­ba­da que des­cri­be a los gru­pos de jó­ve­nes que vi­vían en un tiem­po de gran li­ber­tad en el País Vas­co a me­dia­dos de los años 80. Siem­pre he­mos in­ten­ta­do lle­var ese es­pí­ri­tu con no­so­tros y es­pe­ra­mos es­tar ha­cien­do mú­si­ca pa­ra el res­to de nues­tras vi­das.

—Bri­tá­ni­cos, pe­ro co­nec­ta­dos con el Pais Vas­co. Cu­rio­so.

—Sí, Lau­re [una de las can­tan­tes] que nos me­tió en la cul­tu­ra vas­ca y mú­si­ca tra­di­cio­nal. Co­men­za­mos a ex­pe­ri­men­tar con la mez­cla de mú­si­ca folk tra­di­cio­nal de Es­pa­ña y el País Vas­co con rit­mos elec­tró­ni­cos.

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