The Wa­ter­boys re­tor­nan con su cha­que­ta ga­lle­ga

Es­ta­rán en Cam­ba­dos y ves­ti­rán la mis­ma pren­da com­pra­da en A Co­ru­ña en el 2001

La Voz de Galicia (Ourense) - - Al Sol - PAU­LA SAN­TIA­GO, J. B.

El vien­to era de­li­cio­so, dul­ce y sal­va­je en aquel agos­to del 2001 en A Co­ru­ña. Co­mo el sue­ño de una no­che de tor­men­ta. The Wa­ter­boys ac­tua­ban en Ria­zor co­mo es­tre­llas del No­roes­te Pop Rock. El re­cuer­do de es­tar «to­can­do con el gran flau­tis­ta Car­los Nú­ñez», que se unió a los bri­tá­ni­cos en tres can­cio­nes, se que­dó gra­ba­do. Hu­bo una estrella en la no­che, más allá de lo mu­si­cal: la «ma­ra­vi­llo­sa» cha­que­ta que el vio­li­nis­ta del gru­po, Ste­ve Wick­ham, com­pró en la ciu­dad aquel mis­mo día. Una pren­da que ha usa­do des­de en­ton­ces, en un cen­te­nar de es­ce­na­rios al­re­de­dor del mun­do. Lo des­ta­ca Mi­ke Scott, lí­der de la ban­da.

Die­ci­séis años des­pués la cha­que­ta re­gre­sa a Ga­li­cia, con­cre­ta­men­te a Cam­ba­dos, en la 65ª edi­ción de la Fes­ta do Al­ba­ri­ño (ma­ña­na, pla­za de Fe­fi­ñáns, 23.00 ho­ras, en­tra­da li­bre). Una pren­da fetiche pa­ra una fies­ta ca­si tan le­gen­da­ria co­mo es­tos chi­cos del agua, que lan­za­ban ha­ce tres dé­ca­das su ál­bum Fis­her­man’s Blues, el más ven­di­do por The Wa­ter­boys, y en el que su can­tan­te Mi­ke im­pri­me es­pe­cial­men­te sus raí­ces. «Cre­cien­do en Es­co­cia apren­dí a ser du­ro pe­ro sen­si­ble, a to­car mi gui­ta­rra no so­lo con la ca­be­za y con las ma­nos, sino con to­da mi fuerza vi­tal».

El lí­der ase­gu­ra que tan­to las le­tras co­mo las me­lo­días han ido me­jo­ran­do a lo lar­go de los años, y se­ña­la que te­mas co­mo Lo­ve Walks In, Mor­ning Ca­me Too Soon y Didn’t We Walk on Wa­ter, que in- clu­ye el nue­vo ál­bum Out of All This Blue es­tán en­tre sus fa­vo­ri­tas. No le qui­ta mé­ri­to a Fis­her­man’s Blues o Too Clo­se to Heaven, pe­ro en su lo­gra­do es­ta­tus de clá­si­co el gru­po y su mú­si­ca es­tán siem­pre cam­bian­do. Co­men­ta Mi­ke que el fu­tu­ro abra­za al funk y al country, «o tal vez un gi­ro ha­cia el jazz». Las fuen­tes de ins­pi­ra­ción, sin em­bar­go, se man­tie­nen: «Lo que veo y sien­to, co­sas que oi­go, co­sas que la gen­te me di­ce, lu­ga­res a los que voy, at­mós­fe­ras, mú­si­ca que escucho, pa­la­bras que leo».

Mi­ke tam­bién se guía por las ins­truc­cio­nes de sus can­cio­nes. «El pri­mer sin­gle del nue­vo ál­bum, If the ans­wer is yeah, me pi­dió funky, que hi­cie­ra de ca­da ver­so de la le­tra una pre­gun­ta, pa­ra ser con­tes­ta­da por el co­ro». Ca­da te­ma le re­cla­ma una co­sa di­fe­ren­te. A ve­ces sen­ci­llez, otras, que se alar­gue. «Me en­can­ta se­guir esas ins­truc­cio­nes». La pri­me­ra vez que re­ci­bió ór­de­nes fue en el año 1984, cuan­do es­ta­ba tra­ba­jan­do en This is the Sea: «Fue co­mo si hu­bie­ra una pe­que­ña voz en mis tri­pas di­cién­do­me qué ha­cer». Ha apren­di­do a con­fiar en esa voz y aho­ra le acom­pa­ña to­do el tiem­po. Igual que la cha­que­ta de la fo­to, la de su com­pa­ñe­ro, Ste­ve Wick­ham, la de A Co­ru­ña en 2001.

La cha­que­ta que enamo­ró a Ste­ve.

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