«Fue­ron unos mo­men­tos muy du­ros en los que pen­sa­mos que era el fi­nal»

La Voz de Galicia (Ourense) - - A Fondo - CÁNDIDA AN­DA­LUZ

Con el mie­do en el cuer­po y cons­cien­te de que ha vi­vi­do una ex­pe­rien­cia que re­cor­da­rá pa­ra siem­pre, Am­pa­ro Sán­chez, del gru­po mu­si­cal Amparanoia, se des­per­tó ayer en Ou­ren­se re­cor­dan­do que la vi­da te pue­de cam­biar en un se­gun­do. Lo di­ce por­que se con­vir­tió en una de las pro­ta­go­nis­tas del in­cen­dio de Ve­rín al que­dar el co­che en el que via­ja­ba con su gru­po cer­ca­do por las lla­mas en la A-52. —¿Pu­do dor­mir es­ta no­che? —Tar­da­mos bas­tan­te en dor­mir, por un la­do agra­de­ci­dos de que es­ta­mos vi­vos, pe­ro el sus­to se te que­da ins­ta­la­do en el cuer­po. Me he des­per­ta­do mu­chas ve­ces. —¿Có­mo lo vi­vió? —A unos 80 ki­ló­me­tros de Ou­ren­se vi­mos un atar­de­cer pre­cio­so, do­ra­do. Y em­pe­za­mos a gra­bar con los mó­vi­les. Es­tá­ba­mos im­pre­sio­na­dos por la be­lle­za, no sa­bía­mos que ha­bía un in­cen­dio. De pron­to vi­mos hu­mo y a la Guar­dia Ci­vil que nos de­cía que nos pa­sá­ra­mos al ca­rril de la iz­quier­da. Pe­ro no es­ta­ban dan­do el al­to. Ha­bía co­ches que es­ta­ban su­bien­do en la otra di­rec­ción. Avan­za­mos y en cues­tión de se­gun­dos apa­re­ció el hu­mo y las lla­mas den­tro de la ca­rre­te­ra. —El ví­deo que pu­bli­ca­ron en su cuen­ta de Twit­ter se ter­mi­na jus­to cuan­do las lla­mas es­tán so­bre el co­che, ¿qué pa­só des­pués? —El ví­deo es del téc­ni­co del gru­po, que era el co­pi­lo­to, y de­jó de gra­bar. Sen­ti­mos un gran ca­lor. El chó­fer pa­ró en se­co y di­mos mar­cha atrás, con el mie­do de que no sa­bía­mos si ve­nían más co­ches. Fue­ron se­gun­dos de mu­chí­si­ma ten­sión por­que las lla­mas nos se­guían y ro­dea­ban la fur­go­ne­ta. En ese mo­men­to la Guar­dia Ci­vil ya ha­bía vis­to las lla­mas y pa­ra­do el trá­fi­co. Si no hu­bie­se si­do así a lo me­jor hu­bié­ra­mos cho­ca­do con­tra al­guien. Pier­des la no­ción del tiem­po y de la ve­lo­ci­dad. Era una pre­sión muy fuer­te y an­gus­tio­sa. So­bre to­do el ca­lor que sen­ti­mos de re­pen­te. —¿Có­mo pu­die­ron se­guir el ca­mino has­ta Ou­ren­se? —Des­pués de to­do, pa­ra­mos un ra­to en un área de ser­vi­cio. Al­gu­nos nos pu­si­mos a llo­rar. —¿Que sin­tió en ese mo­men­to? —Aho­ra con­tán­do­lo se me po­ne la piel de ga­lli­na. Fue­ron unos mo­men­tos muy du­ros en los que to­dos pen­sa­mos que era nues­tro fi­nal. Que de ahí no íba­mos a sa­lir. Yo de­cía: ‘No pue­de ser ver­dad que va­ya­mos a que­dar aquí en el fue­go’. Quie­ro de­nun­ciar la fal­ta de pre­ven­ción y se­gu­ri­dad. Ne­ce­si­ta­mos con­de­nas más du­ras y que ha­ya una per­se­cu­ción ha­cia es­tos ac­tos que ocu­rren to­dos los ve­ra­nos. —Van aho­ra a par­ti­ci­par en un fes­ti­val de mú­si­ca. ¿Se acor­da­rá de es­te mo­men­to? —Nos va a ayu­dar a echar fue­ra es­ta sen­sa­ción que es­tá den­tro. Mu­chas ve­ces nos pi­den que con­te­mos una anéc­do­ta de nues­tra ca­rre­ra y creo que se­rá es­ta. Nun­ca me ha­bía vis­to en una si­tua­ción lí­mi­te que te lle­ve a pen­sar que te es­tás yen­do. La vi­da no me ha­bía pues­to es­to de­lan­te. —Es­tas si­tua­cio­nes sue­len mar­car mu­cho a los ar­tis­tas. En su ca­so, ¿po­dría sa­lir de es­to una can­ción? —Cu­rio­sa­men­te nues­tra des­pe­di­da en to­dos los con­cier­tos es una can­ción que di­ce «Fue­go, fue­go, can­de­la, can­de­la» y no sé si po­dré vol­ver a can­tar­la. Es­ta ma­ña­na, desa­yu­nan­do, aún pen­sá­ba­mos que «Atrás Juan, atrás» po­dría ser un buen tí­tu­lo [ríe].

EVA SARMIENTO

Am­pa­ro mi­ra, jun­to a un com­pa­ñe­ro, el ví­deo que gra­ba­ron.

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