El mo­to­ris­ta fe­liz TIE­RRA DE NA­DIE

La Voz de Galicia (Ourense) - - Opinión - EDUAR­DO RIES­TRA

Yo creo que Her­mes, el dios grie­go de la ve­lo­ci­dad, que­ría lle­var­se a Án­gel Nie­to al Olim­po por la puer­ta gran­de. Pe­ro no en­con­tra­ba el mo­men­to. Hu­bie­ra que­ri­do sa­car­lo en una cur­va de al­gu­na de aque­llas ca­rre­ras épi­cas, pe­ro el mo­to­ris­ta no per­día el equi­li­brio y lle­ga­ba siem­pre el pri­me­ro. Lue­go ya to­do se fue ha­cien­do más di­fí­cil pa­ra el dios grie­go. Nie­to era un hom­bre fe­liz y pru­den­te. Por eso Her­mes se vio obli­ga­do a for­zar un po­co las tuer­cas y lo que le pa­re­ció más cer­cano a sus pla­nes fue pro­vo­car un ac­ci­den­te de quad. Al­go un po­co cha­pu­ce­ro, to­do hay que de­cir­lo. Ni si­quie­ra el ac­ci­den­te era mor­tal. Y los dio­ses del Olim­po an­dan más que per­ple­jos con lo que aho­ra es­tá pa­san­do. Án­gel Nie­to es el pri­mer es­pa­ñol que ha triun­fa­do en la vi­da del que, tras su muer­te, ha­bla bien to­do el mun­do. Y eso sí que es un mi­la­gro.

Pa­re­ce que las vi­das im­por­tan­tes re­cla­man muer­tes apo­teó­si­cas, por eso nos des­con­cier­ta que a Isa­do­ra Duncan la es­tran­gu­le su bu­fan­da al en­gan­char­se con los ra­dios de la rue­da de un co­che, que a Gau­dí lo atro­pe­lle un tran­vía, o que a Bue­na­ven­tu­ra Du­rru­ti lo arro­lle su pro­pio vehícu­lo, en lu­gar de mo­rir en el fren­te. Pe­ro lo me­jor que nos de­ja Án­gel Nie­to nos son sus tro­feos, es la de­mos­tra­ción de que uno pue­de ser una per­so­na de­cen­te y triun­far en la vi­da. Y, lo más im­por­tan­te, que sus ve­ci­nos se ale­gran de ese triun­fo rom­pien­do es­can­da­lo­sa­men­te el tó­pi­co. Sin en­vi­dia, por fin. La muer­te de Án­gel Nie­to ha ve­ni­do a traer es­pe­ran­za a es­te país tan ra­ro y úl­ti­ma­men­te tan ba­que­tea­do.

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