«Nues­tro ob­je­ti­vo es pro­te­ger el di­ne­ro, no atra­par­lo, co­mo un ban­co tra­di­cio­nal»

La Voz de Galicia (Ourense) - - Economía - ANA BALSEIRO

Un nue­vo con­cep­to de ban­ca di­gi­tal aca­ba de des­em­bar­car en Es­pa­ña des­de el Reino Uni­do. Bau­ti­za­da co­mo Ipagoo, tras la ini­cia­ti­va es­tá, co­mo con­se­je­ro de­le­ga­do, el vi­gués Car­los Sánchez (1971), que apues­ta por ofre­cer al­ter­na­ti­vas sim­ples y fle­xi­bles a la ban­ca tra­di­cio­nal.

—¿Qué es Ipagoo? ¿En qué se di­fe­ren­cia de los ser­vi­cios ban­ca­rios tra­di­cio­na­les?

—Ipagoo es un ser­vi­cio de ban­ca di­gi­tal de to­dos los días, es de­cir, nos con­cen­tra­mos en cuen­tas co­rrien­tes, pa­gos, abo­nos y tar­je­tas. No uti­li­za­mos cuen­tas de aho­rro ni da­mos cré­di­to o ha­ce­mos in­ver­sio­nes. Den­tro de los ser­vi­cios de ban­ca, es­ta­mos es­pe­cia­li­za­dos so­lo en una par­te.

—¿Por qué?

—Prin­ci­pal­men­te por­que nos per­mi­te pro­te­ger me­jor el di­ne­ro de los clien­tes, esa se­gu­ri­dad es cla­ve en nues­tro ser­vi­cio. Al no pres­tar ni in­ver­tir el di­ne­ro, no re­uti­li­za­mos los fon­dos de nues­tros clien­tes y es­tán pro­te­gi­dos al 100 %, y sin nin­gún lí­mi­te de can­ti­dad, al con­tra­rio que los ban­cos tra­di­cio­na­les, que lo po­nen en ries­go por­que lo pres­tan e in­vier­ten. La se­gu­ri­dad es una de las cla­ves que nos di­fe­ren­cia.

—¿Qué más fac­to­res di­fe­ren­cia­les tie­nen us­te­des?

—Otro es el ti­po de ser­vi­cios que pres­ta­mos, ya que ope­ra­mos en mu­chos paí­ses al mis­mo tiempo. Un clien­te pue­de te­ner cuen­tas en Es­pa­ña pe­ro tam­bién en Fran­cia, en Gran Bre­ta­ña o en Ita­lia, y muy pron­to tam­bién en Ale­ma­nia y EE.UU., y to­das ope­ra­das des­de el mis­mo ac­ce­so. Es­to quie­re de­cir que somos idea­les pa­ra clien­tes que tie­nen una vi­da in­ter­na­cio­nal por al­gu­na ra­zón. Tam­bién ofre­ce­mos unos ser­vi­cios muy avan­za­dos de pro­tec­ción con­tra el frau­de.

—Ha­bla de per­so­nas con vi­da in­ter­na­cio­nal, ¿eso no les re­du­ce mu­cho los po­ten­cia­les clien­tes?

—No. Un ejem­plo es una fa­mi­lia con un hi­jo que se va­ya a es­tu­diar al ex­tran­je­ro un año. No­so­tros re­sol­ve­mos el que­bra­de- ro de cabeza de có­mo en­viar­le di­ne­ro sin que se ban­ca­ri­ce en el país de des­tino. Con la apli­ca­ción de Ipagoo po­drá ha­cer­lo en tiempo real y de for­ma gra­tui­ta.

—¿Có­mo ha­cer­se clien­te?

—Es fá­cil: cual­quie­ra pue­de ha­cer­se clien­te des­de ca­sa, en cinco mi­nu­tos y unos cuan­tos clics, des­de el or­de­na­dor o el móvil. La apli­ca­ción es sen­ci­lla.

—Da­do que no in­vier­ten ni pres­tan, ¿có­mo ga­nan di­ne­ro us­te­des?

—Con la cuo­ta fi­ja men­sual que nos pa­gan los clien­tes. Una cuen­ta y una tar­je­ta en Ipagoo son 6 eu­ros al mes. Eso es to­do.

—Pe­ro en Es­pa­ña no gus­ta pa­gar al ban­co. ¿No ven di­fí­cil cam­biar esa men­ta­li­dad?

—Nues­tra cuo­ta es in­fi­ni­ta­men­te más ba­ra­ta que los 20 eu­ros men­sua­les de me­dia que cues­ta una cuen­ta co­rrien­te en Es­pa­ña, ex­cep­to las pu­bli­ci­ta­das co­mo «gra­tui­tas», pe­ro que pa­ra ser­lo te exi­gen que ven­das tu al­ma al ban­co: nó­mi­na, hi­po­te­ca, re­ci­bos, tar­je­tas, gas­to pe­rió­di­co... Ha­brá gen­te que no lo ve­rá nun­ca y otros que se da­rán cuen­ta.

—¿Por qué de­be­ría ser clien­te?

—Por­que los ban­cos tra­di­cio­na­les tie­nen un con­flic­to de in­te­rés per­ma­nen­te con sus clien­tes: quie­ren tu di­ne­ro pa­ra pres­tar­lo e in­ver­tir­lo (así es co­mo ga­nan) y tú quie­nes se­gu­ri­dad y fle­xi­bi­li­dad. Lo que tú quie­res es lo con­tra­rio de lo que ellos ne­ce­si­tan. El ries­go que los clien­tes asu­men por po­ner el di­ne­ro en el ban­co no se re­mu­ne­ra, y lo acep­ta­mos co­mo nor­mal. Ipagoo se ha es­pe­cia­li­za­do en un seg­men­to del negocio y nues­tro ob­je­ti­vo, a di­fe­ren­cia de un ban­co tra­di­cio­nal, es pro­te­ger tu di­ne­ro, no atra­par­lo.

BE­NI­TO OR­DÓ­ÑEZ

El vi­gués Car­los Sánchez di­ri­ge es­ta nue­va pla­ta­for­ma.

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