«Al vo­lan­te no soy cons­cien­te de na­da»

Des­gra­na el al­ma de un de­por­te en el que el equi­li­brio en­tre ta­len­to y di­ne­ro es vi­tal

La Voz de Galicia (Ourense) - - Deportes - PA­BLO GÓ­MEZ

Uno de los man­tras ca­ta­li­za­do­res de su agenda es «no me da la vi­da pa­ra más». Pe­ro lo cier­to es que sí le da. Va­ya, si le da. De he­cho, se rea­li­za ro­ban­do tiem­po al tiem­po. El lí­der del Cam­peo­na­to de Es­pa­ña de ra­lis de as­fal­to es, có­mo no, ga­lle­go. Con to­do, Iván Ares (Cam­bre, 1985) sa­be pi­sar el freno pa­ra so­me­ter­se a una se­sión de in­tros­pec­ción.

—Ya es­tá en lo más al­to del Na­cio­nal. Y sos­pe­cho que no era el ob­je­ti­vo fi­nal.

—De nin­gu­na ma­ne­ra. El ob­je­ti­vo es ga­nar el Cam­peo­na­to y la pri­me­ra vic­to­ria de Hyun­dai en el Na­cio­nal de ra­lis de as­fal­to en Es­pa­ña, al­go muy es­pe­cial...

—Las mar­cas, om­ni­pre­sen­tes.

—Es que es­te de­por­te es muy complicado de sa­car ade­lan­te y la fi­nan­cia­ción es cla­ve. Di­ga­mos que el ob­je­ti­vo es do­ble: ir de lí­der per­mi­te ha­cer más rui­do y eso atrae más di­ne­ro. Yo ha­go de pi­lo­to, má­na­ger, bus­co fi­nan­cia­ción, pie­zas... co­mo to­dos, por­que es­to es un gru­po de ami­gos.

—¿Ami­gos que tra­ba­jan gra­tis?

—Pues sí. Has­ta se pa­gan su ga­so­li­na y el ho­tel, a ve­ces. Es­tán har­tos de mí, pe­ro lo pa­sa­mos bien. Éra­mos com­pa­ñe­ros de co­le­gio y lle­ga­mos jun­tos has­ta aquí. Es una opor­tu­ni­dad pa­ra to­dos. La me­ta prin­ci­pal es que es­to pue­da ge­ne­rar re­cur­sos su­fi­cien­tes pa­ra el equi­po en­te­ro.

—Pe­ro el pi­lo­to es el que con­du­ce.

—Es igual. Si me ofre­cen ir­me no me voy, sal­vo que fue­se al­go muy exa­ge­ra­do y ellos me arro­pa­sen en la de­ci­sión.

—Mu­cho ha­bla­mos de di­ne­ro, pe­ro ¿y el ta­len­to?

—Un equi­li­brio complicado. Hay que te­ner la má­qui­na ade­cua­da, sin du­da. Al fi­nal, no sé si es me­jor no te­ner ni idea, pe­ro te­ner di­ne­ro, por­que a ba­se de di­ne­ro apren­des. O mu­cho ta­len­to y atre­ver­se a ro­bar un ban­co.

—Mu­chos pi­lo­tos se arrui­na­ron.

—In­clu­so arras­tra­ron a sus em­pre­sas per­so­na­les. Vi­vi­mos en el fi­lo de la na­va­ja. Pe­dro Bur­go siem­pre me acon­se­ja ir con cui­da­do. Creo que lo ten­go con­tro­la­do, pe­ro ma­ña­na pa­sa al­go... y yo qué sé.

—¿Y us­ted qué con­se­jos da, por ejem­plo a su pri­mo Jor­ge Roel?

—O es­tu­dias, o no co­rres. Aprue­ba to­do y yo me pre­gun­to si es por­que el mo­tor le mo­ti­va. Yo de­jé los es­tu­dios y me arre­pien­to siem­pre, to­da la vi­da. Em­pe­zan­do por­que pa­ra re­la­cio­nes y negocios en los ra­lis hay que sa­ber in­glés. Pe­ro de cha­val no lo pen­sé.

—¿Por qué au­to­mo­vi­lis­mo?

—Por­que era el de­por­te que es­ta­ba en mi ca­sa. La vi­da de mi pa­dre era tra­ba­jar en­tre se­ma­na y, los fi­nes de se­ma­na, a las ca­rre­ras. Pe­ro so­bre to­do por a dón­de ha per­mi­ti­do lle­gar a es­te gru­po de co­le­gas. Eso me gus­ta más que to­do lo de­más.

—¿Más que la ve­lo­ci­dad?

—Cla­ro que du­ran­te el tra­mo vi­ves ex­pe­rien­cias y subido­nes de adre­na­li­na, co­mo cuan­do das una cur­va a cie­gas a to­do gas, pe­ro lue­go no te que­das con las cur­vas, sino con el gru­po. La gen­te te echa una mano a cam­bio de na­da, co­mo el pa­dre de un pa­tro­ci­na­dor, que nos re­ga­ló un ca­mión. Y va­le la pe­na me­ter­se en es­tos fre­ga­dos.

—¿Los ac­ci­den­tes due­len más en el cuer­po o en el bol­si­llo?

—Se­gún te ac­ci­den­tas ya pien­sas lo que cues­ta arre­glar­lo, los pun­tos que de­jas, los ra­lis que te per­de­rás... to­do un aná­li­sis.

—Us­ted ha evi­ta­do al­guno so­na­do, co­mo cuan­do es­qui­vó una va­ca a 160 ki­ló­me­tros por ho­ra.

—Pues mi­ra, al lle­gar a me­ta, no me acor­da­ba pa­ra na­da del te­ma de la va­ca. Es que al vo­lan­te no pien­so en na­da, de ver­dad, no soy cons­cien­te de na­da. He te­ni­do do­lor de ca­be­za an­tes y des­pués de la ca­rre­ra y no du­ran­te. Me con­cen­tro de­ma­sia­do y so­lo es­cu­cho a mi co­pi­lo­to, Jo­sé An­to­nio Pin­tor. Tie­ne mu­cha pa­cien­cia con­mi­go y le es­toy muy agra­de­ci­do, por­que van a ser pa­dres Ve­ro y él y nun­ca pu­so en du­da su par­ti­ci­pa­ción en nin­gu­na ca­rre­ra. So­mos ami­gos fue­ra del co­che.

—¿Có­mo lle­va su pre­pa­ra­ción fí­si­ca? Al­guien di­rá que el que co­rre es el co­che y no us­ted.

—Cla­ro que no es tan in­ten­sa co­mo la de un atle­ta, pe­ro el pe­so es muy im­por­tan­te a es­tos ni­ve­les. Ten­go un pre­pa­ra­dor y la ver­dad es que me can­so me­nos. In­ten­to lle­var la die­ta, pe­ro... in­ten­to ha­cer ejer­ci­cio. La bi­ci me gus­ta. Sal­go con los de Quin­te­na por el mon­te, ten­go el Xa­lo al la­do de ca­sa.

—¿Y des­cien­de co­mo pi­lo­ta?

—Me gus­ta­ría, pe­ro no ten­go los co­no­ci­mien­tos co­mo pa­ra ti­rar­me a lo lo­co. La pri­me­ra vez que sa­lí con ellos me pre­gun­ta­ron si ha­bía te­ni­do mie­do, si yo pi­lo­to co­ches a to­da ve­lo­ci­dad. Pues sí, cla­ro que tu­ve mie­do. Pe­ro en cuan­to pue­da, pien­so apren­der.

—Ayer com­pi­tió en el Na­cio­nal de au­to­crós en Mo­rás, mo­da­li­dad de la que fue cam­peón tam­bién.

—Es que na­cí en ella. Iba de re­cién na­ci­do. Me gus­ta, me mo­ti­va. Lo ha­go pa­ra mí, pa­ra se­guir en for­ma y en­tre­nar, por­que pa­ra ga­nar hay que es­tar al 100 %.

—¿Se ve fue­ra del co­che?

—Ten­go una edad y los pi­lo­tos son ca­da vez más jó­ve­nes, pe­ro no se pue­den pa­gar un co­che de 250.000 eu­ros. Ten­dré un plan B, pe­ro siem­pre es­ta­ré vin­cu­la­do.

—¿Có­mo ve el Na­cio­nal de ra­lis?

—Cris­tian es sor­pren­den­te, va muy rá­pi­do. Con Per­nía, Bur­go, Va­lle­jo... no ha­bía­mos pre­vis­to na­da. Es un año complicado pe­ro es­tá yen­do me­jor im­po­si­ble. Pre­fie­ro la pre­sión de ir lí­der a la de no po­der fa­llar. Iván Ares aca­ba de de­jar su tra­ba­jo en las ar­tes grá­fi­cas pa­ra abrir un ta­ller en Ca­rral.

—¿Pe­ro tam­bién es me­cá­ni­co?

—A ver... no es que sea un ma­ni­tas, pe­ro soy un echao p’alan­te. En las ar­tes grá­fi­cas es­ta­ba có­mo­do, pe­ro an­tes pin­té por­ta­les, des­pués fui me­cá­ni­co en Mo­tos Botana, re­pa­ré pa­lie­res y di­rec­cio­nes asis­ti­das... siem­pre es­tu­ve bien en to­dos los tra­ba­jos, aun­que las ocho ho­ras es­tu­vie­se pen­san­do en las ca­rre­ras.

—¿El le­ga­do de las ar­tes grá­fi­cas son sus di­se­ños?

—Me pin­ta los cas­cos Bao De­sign y co­mo es ga­lle­go y lo ten­go a mano, los di­se­ña­mos jun­tos. Pe­ro tam­bién los dos­sie­res con Na­cho, que me lle­va la co­mu­ni­ca­ción, los co­ches con el ro­tu­lis­ta... la ver­dad es que le mo­les­to bas­tan­te a to­dos con ca­da de­ta­lle... pe­ro de­be ser por la sa­tis­fac­ción, que es ma­yor si lo ha­ce­mos no­so­tros mis­mos.

—¿Co­ci­na?

—Me gus­ta­ría, por­que me gus­ta mu­cho co­mer, y la co­mi­da bien tra­ba­ja­da, pe­ro no ten­go co­no­ci­mien­tos. Oja­lá pu­die­se ha­cer­lo.

—¿Cuál es su mú­si­ca?

—El rock, sin du­da. Soy in­ca­paz de tra­ba­jar sin mú­si­ca. Red Hot Chi­li Pep­pers, el pri­mer con­cier­to de mi vi­da, en San­tia­go. Me de­jó mar­ca­do. Es­cu­cho Mi­chael Jack­son an­tes de sa­lir a ca­da ra­li.

—¿Es su­pers­ti­cio­so?

—Apar­te del te­ma de los cal­zon­ci­llos, que es un clá­si­co en los de­por­tis­tas, no. Más bien, ten­go ru­ti­nas de con­cen­tra­ción con mi co­pi­lo­to, Jo­sé An­to­nio Pin­tor. No da­mos la mano a fal­ta de trein­ta se­gun­dos, me­to pri­me­ra a fal­ta de diez... co­sas así. Siem­pre en el mis­mo or­den y sin que fal­te nin­guno de esos pa­sos.

ABRALDES

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