El mie­do a los ro­bos lle­na el ar­chi­vo dio­ce­sano

El mie­do a ro­bos en los tem­plos del ru­ral mo­ti­va los tras­la­dos

La Voz de Galicia (Ourense) - - Portada - FI­NA ULLOA

«En oca­sio­nes, los fie­les se opo­nen a que los sa­cer­do­tes guar­den los ob­je­tos de va­lor: cru­ces pro­ce­sio­na­les, cá­li­ces, pa­te­nas, co­po­nes, cus­to­dias, imá­ge­nes de pe­que­ño ta­ma­ño... en el Ar­chi­vo His­tó­ri­co Dio­ce­sano». La fra­se es del obis­po de Ou­ren­se, Leo­nar­do Le­mos Mon­ta­net, y for­ma par­te de una car­ta, pu­bli­ca­da en la re­vis­ta Co­mu­ni­da­de el pa­sa­do mes de agos­to. En ella se plas­ma la preo­cu­pa­ción de la Dió­ce­sis ou­ren­sa­na por la in­se­gu­ri­dad que exis­te en las pe­que­ñas pa­rro­quias —es­pe­cial­men­te en las zo­nas más ru­ra­les y des­po­bla­das— pa­ra la con­ser­va­ción de esos ele­men­tos que for­man par­te del pa­tri­mo­nio his­tó­ri­co-ar­tís­ti­co. Ca­da vez más a me­nu­do es­tos ob­je­tos se con­vier­ten en fo­co de atrac­ción pa­ra los ca­cos que no so­lo sus­traen lo que con­si­de­ran que tie­ne al­gún va­lor, sino que pro­vo­can da­ños en puer­tas, ven­ta­nas y mo­bi­lia­rio.

En ese ar­chi­vo dio­ce­sano al que alu­de el obis­po, se guar­dan en es­tos mo­men­tos al­go más de 800 pie­zas pro­ce­den­tes de dis­tin­tas pa­rro­quias pe­ro, se­gún ex­pli­ca su di­rec­tor, Mi­guel Ángel Gon­zá­lez, «hay mu­chas más que to­da­vía es­tán guar­da­das o arrin­co­na­das en al­gu­nas sa­cris­tías por­que no se usan más que en fe­chas se­ña­la­das y mu­chas ve­ces tam­po­co es que ten­gan gran va­lor, pe­ro que al es­tar sin los cui­da­dos ne­ce­sa­rios, se es­tán de­te­rio­ran­do irre­me­dia­ble­men­te».

La re­ti­cen­cia de los fie­les, a la que alu­de el ti­tu­lar de la dió­ce­sis en su mi­si­va, es una reali­dad que en oca­sio­nes ha da­do pie a en­fren­ta­mien­tos abier­tos de los pa­rro­quia­nos con los sa­cer­do­tes. Los cu­ras han te­ni­do que es­cu­char, más de una vez, ve­la­das acu­sa­cio­nes de ha­ber ven­di­do ob­je­tos que los ve­ci­nos con­si­de­ran de­ben per­ma­ne­cer en su igle­sia. So­bre to­do cuan­do el ob­je­to en cues­tión era el fo­co so­bre el que vol­ca­ban su de­vo­ción. Ese em­pe­ño de que la ima­gen —o una cruz, un co­pón o cual­quier otro ob­je­to— no sal­ga de la pa­rro­quia ha lle­ga­do al pun­to de que esas pie­zas aca­ben en la ca­sa de ve­ci­nos que se ofre­cen a guar­dar­los.

Una so­lu­ción que tan­to el obis­po co­mo el ar­chi­ve­ro des­acon­se­jan. «La ma­yo­ría de los que se pres­tan a ello son per­so­nas an­cia­nas que asu­men un gra­ve com­pro­mi­so por­que con­vier­ten sus ho­ga­res en po­los de aten­ción pa- ra los ami­gos de lo ajeno», di­ce Le­mos Mon­ta­net.

No obs­tan­te el ar­chi­ve­ro apun­ta que las co­sas es­tán cam­bian­do. «Afor­tu­na­da­men­te ese re­cha­zo a que los ob­je­tos sean cus­to­dia­dos aquí va a me­nos, por­que la con­cien­cia de la gen­te en ese sen­ti­do ha cam­bia­do mu­cho; tan­to en lo que es con­ser­var y no de­jar que se de­te­rio­ren las pie­zas, co­mo tam­bién por­que ven có­mo los la­dro­nes ca­da vez se mue­ven más por los pue­blos y se dan cuen­ta de que son vul­ne­ra­bles», se­ña­la Gon­zá­lez Gar­cía.

MI­GUEL VI­LLAR

En la ins­ta­la­ción se cus­to­dian 800 pie­zas pro­ce­den­tes de dis­tin­tas pa­rro­quias.

MI­GUEL VI­LLAR

Al­gu­nas de las pie­zas lle­gan muy de­te­rio­ra­das.

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