Ya se en­tre­na, pe­ro no sin su hi­ja

La atle­ta olím­pi­ca, Ales­san­dra Agui­lar, vuel­ve a po­ner­se en for­ma en com­pa­ñía de su hi­ja Ariad­na

La Voz de Galicia (Ourense) - - Portada - MAR­TA DE DIOS

Sus za­pa­ti­llas gol­pean la gra­vi­lla con sua­vi­dad. Ales­san­dra Agui­lar tro­ta des­pa­cio por el pa­seo que co­ro­na la Mu­ra­lla de Lu­go mien­tras em­pu­ja un ca­rri­to de be­bé. Den­tro, su hi­ja Ariad­na duer­me plá­ci­da­men­te me­ci­da por el tra­que­teo de un de­por­te que for­ma par­te de su ma­dre, ca­si tan­to, co­mo ella mis­ma.

«A ve­ces va­mos jun­tas a co­rrer por­que es la úni­ca ma­ne­ra y si no, no pue­do sa­lir. Al­gu­nos días coin­ci­de que mi ma­ri­do está lia­do ma­ña­na y tar­de con el tra­ba­jo, mi familia está aquí y mis sue­gros to­da­vía tra­ba­jan. Pre­fie­ro

ha­cer me­nos con ella, que que­dar­me en ca­sa y no ha­cer na­da», di­ce la atle­ta lu­cen­se con una son­ri­sa am­plia. Olím­pi­ca en Pe­kín, Londres y Río y con­si­de­ra­da una de las me­jo­res ma­ra­to­nia­nas del país, Ales­san­dra Agui­lar aca­ba de cum­plir los 40 años y es­tre­na ma­ter­ni­dad.

«Quie­ro vol­ver», re­co­no­ce cuan­do re­cuer­da su vi­da de de­por­tis­ta de éli­te, «pe­ro no me lo plan­teo por­que no sé có­mo me va a res­pon­der el cuer­po. 40 son mu­chos años y aho­ra es­ta­mos con la pe­que. Es cier­to que ya em­pie­za a des­can­sar, pe­ro real­men­te no sa­be­mos có­mo va a ir la co­sa. Me es­toy en­con­tran­do muy

bien, pe­ro tam­bién es cier­to que es­toy ro­dan­do con mu­cho gim­na­sio, cuan­do le em­pie­ce a me­ter al­go más de in­ten­si­dad sa­bré có­mo res­pon­do».

Afin­ca­da en To­rre­lo­do­nes des­de ha­ce cua­tro años, aca­ba de pa­sar unos días en Lu­go vi­si­tan­do a su familia. Des­de que Ariad­na tie­ne tres me­ses, ha vuel­to a sa­lir a co­rrer con re­gu­la­ri­dad. «Me voy amol­dan­do a sus ho­ra­rios. Si des­pués del bi­be de la ma­ña­na se que­da dor­mi­da y mi ma­ri­do li­bra, en­ton­ces yo apro­ve­cho y me voy en ese in­ter­va­lo». Si sa­le con el ca­rri­to, la ru­ti­na es di­fe­ren­te: «Co­rro me­nos tiem­po, una me­dia ho­ri­ta. Hay que ir más

des­pa­cio y tie­nes que ir con mu­cho más cui­da­do. En don­de yo vi­vo hay mu­chí­si­mas cues­tas, tam­bién hay que pres­tar aten­ción a los ba­ches. A ve­ces, tam­bién la pon­go en su ha­ma­ca y ha­go mis ejer­ci­cios, en fun­ción de có­mo va ella, pe­ro no me que­jo por­que es muy bue­na».

Su hi­ja la ob­ser­va tran­qui­la mien­tras ha­bla y cuan­do per­ci­be la mi­ra­da de su ma­dre, son­ríe con ter­nu­ra. «Nor­mal­men­te va dur­mien­do y ni se en­te­ra», ex­pli­ca Agui­lar en­tre ri­sas so­bre có­mo lle­va la ni­ña lo de sa­lir a co­rrer con su ma­dre, «no ex­tra­ña na­da y se ríe con to­do». Des­de que Ariad­na em­pe­zó a dor­mir y ella pu­do des­can­sar, se plan­teó en serio vol­ver a co­rrer. «Al prin­ci­pio so­lo ca­mi­na­ba, lue­go em­pe­cé a ir al gim­na­sio. Pa­ra eso sí que ne­ce­si­ta­ba que es­tu­vie­ra al­guien en ca­sa. Me la pue­do lle­var con­mi­go, pe­ro pre­fie­ro te­ner ese ra­to so­lo pa­ra mí. Si es­tás con ella, no es­tás a lo que tie­nes que es­tar».

«No me plan­teo vol­ver a lo más al­to por­que no sé có­mo me va a res­pon­der el cuer­po»

«Pre­fie­ro co­rrer con ella y ha­cer al­go me­nos an­tes que que­dar­me en ca­sa y no ha­cer na­da»

C. C.

La ma­ra­to­nia­na Ales­san­dra Agui­lar sa­le a co­rrer con su be­bé.

CAR­LOS CAS­TRO

Cuan­do su ma­ri­do no pue­de que­dar­se con la pe­que­ña Ariad­na, Ales­san­dra Agui­lar sa­le a co­rrer con el ca­rri­to de be­bé.

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