Vetusta en­cien­de la chis­pa del cam­bio

La ban­da de Tres Can­tos lanza hoy «Mis­mo si­tio, dis­tin­to lu­gar», su cuar­to ál­bum, un tra­ba­jo re­vo­lu­cio­na­rio con el que pre­ten­den en­con­trar un nue­vo ca­mino. Y por qué no, ce­le­brar sus vein­te años so­bre los es­ce­na­rios

La Voz de Galicia (A Coruña) - Fugas - - PORTADA - JUAN PE­DRO MAR­TÍN, «PU­CHO», VOZ (EN EL CEN­TRO CON CA­MI­SA GRANATE) TEX­TO: MA­RÍA VIDAL

Ha­ce diez años que los es­cu­cha­mos por pri­me­ra vez, pe­ro ya ha­bían de­bu­ta­do otros tan­tos an­tes. Su­bie­ron las es­ca­le­ras sin ha­cer rui­do has­ta que en lo al­to de una azo­tea de Bei­rut de­ci­die­ron des­ple­gar sus alas. Y ca­ram­ba si co­gie­ron vue­lo. Los cin­co es­pec­ta­do­res de Lu­go en el 2005 se han mul­ti­pli­ca­do por 6.000 en Ma­drid diez años des­pués. Las ci­fras, los pre­mios y el pú­bli­co han he­cho que no sea po­si­ble ha­blar de mú­si­ca sin ci­tar­los.

—Mis­mo si­tio, dis­tin­to lu­gar. En otras pa­la­bras, so­mos los mis­mos pe­ro so­na­mos di­fe­ren­te... —Po­dría ser y no. Es un título muy po­li­sé­mi­co,

nos ha gus­ta­do ju­gar con es­te ti­po de tí­tu­los que pue­den ape­lar a va­rias co­sas a la vez, al fi­nal los si­tios son pun­tos geo­grá­fi­cos y los lu­ga­res lo que para ca­da uno sig­ni­fi­can se­gún su pro­pia ex­pe­rien­cia. Es un disco que se ha gra­ba­do en mu­chos si­tios, ha si­do un via­je a la ho­ra de con­ce­bir­lo y cuen­ta la his­to­ria de ese pro­ce­so, de esas ga­nas de ofre­cer al­go nue­vo, de trans­for­ma­ción in­ter­na que nos ha lle­va­do a reac­cio­nar, a pa­rar. Vi­vi­mos a rit­mos muy ve­lo­ces don­de es di­fí­cil ge­ne­rar es­pa­cios para la re­fle­xión y el au­to­co­no­ci­mien­to y al fi­nal siem­pre es bueno fre­nar, to­mar con­cien­cia de dón­de vie­nes para pro­yec­tar­lo ha­cia el fu­tu­ro. —Ha­bláis de un pro­ce­so de trans­for­ma­ción. ¿Ha­bía una ne­ce­si­dad de cam­bio? —Ve­nía­mos de una gi­ra lar­guí­si­ma por un mon­tón de paí­ses, que tam­bién ago­ta

tan­ta in­ten­si­dad, de ha­ber gra­ba­do tres dis­cos con una mis­ma per­so­na... Sí ha­bía una ne­ce­si­dad, ha­bía ga­nas de ge­ne­rar al­go nue­vo que nos mo­ti­va­se de nue­vo y co­nec­tá­se­mos to­dos otra vez con el pro­yec­to. —¿Es­ta­mos ofi­cial­men­te an­te una nue­va eta­pa?

—No sé si eta­pa, pe­ro sí chis­pa... Que­ría­mos ge­ne­rar cam­bios en la ma­ne­ra de ha­cer las can­cio­nes, y pen­sa­mos que es­to era para en­con­trar nue­vos ca­mi­nos y al ter­mi­nar he­mos en­con­tra­do más to­da­vía. Es el prin­ci­pio de al­go, no sa­be­mos to­da­vía ha­cia qué, ha­cia dón­de... Es una chis­pa de trans­for­ma­ción. —En «La De­ri­va» es­tá­ba­mos an­te el gi­ro po­lí­ti­co, un Vetusta in­dig­na­do con lo que es­ta­ba pa­san­do al­re­de­dor. ¿En qué mo­men­to es­ta­mos aho­ra? —La De­ri­va na­ce de un im­pul­so por mi­rar to­do lo que es­ta­ba pa­san­do, par­te del ex­te­rior ha­cia el in­te­rior de la ban­da. En es­te ca­so es al re­vés, ha par­ti­do de esa re­fle­xión, de ese au­to­co­no­ci­mien­to, de sen­tar­se en el di­ván de un psi­coa­na­lis­ta. Cuan­do he­mos ter­mi­na­do nos he­mos da­do cuen­ta de que tam­bién es un re­fle­jo de la épo­ca en la que es­ta­mos. Asis­ti­mos a un pro­ce­so don­de se es­tán trans­for­man­do mu­chas co­sas, hay mu­cha lo­cu­ra, mu­cho ner­vio­sis­mo por que­rer lle­gar a un lu­gar pe­ro sin sa­ber có­mo o a qué lu­gar exac­to. Nos he­mos de­ja­do guiar mu­cho por lo que iba pa­san­do a lo lar­go de to­do el pro­ce­so de crea­ción del disco. —En es­te disco, hay so­ni­dos muy Vetusta, co­mo «De­séa­me Suer­te», y otros muy no­ve­do­sos, co­mo «Te lo di­go a ti». —Al fi­nal en es­ta au­to­rre­fle­xión que he­mos he­cho a la ho­ra de pa­rar y em­pe­zar de nue­vo para ver de dón­de vie­nes, tam­bién es­tá lo que traes en la mo­chi­la, así que siem­pre hay al­go de ti... Es­te disco es una su­per­po­si­ción de tiem­pos, y al fi­nal siem­pre sa­len so­ni­dos del pa­sa­do que for­man par­te de ti, de tu iden­ti­dad. —Y los nue­vos so­ni­dos elec­tró­ni­cos, ¿son una apues­ta arries­ga­da?

—No sé si es arries­ga­da o no, es lo que nos ha sa­li­do... Al fi­nal el pú­bli­co, los me­dios y la pren­sa lo juz­ga­rá, ha­brá quien lo abra­ce y ha­brá quien no. —Apo­yo la teo­ría de que es un disco de di­ges­tión len­ta.

—No es un disco aco­mo­da­ti­cio, pro­vo­ca es­cu­char­lo va­rias ve­ces, pe­ro es­to para no­so­tros es muy po­si­ti­vo. A mí tam­bién me pa­sa, hay dis­cos que de pri­me­ras di­ces: «Es­to qué es», y a me­di­da que lo es­cu­chas más ve­ces te enamo­ras. Es­te tie­ne un mon­tón de ca­pas, me gus­ta mu­cho que pro­duz­ca eso. Aho­ra bien, ha­brá quien lo es­cu­che una vez y no lo es­cu­che más. —Co­men­táis que va a ser di­fí­cil lle­var­lo al di­rec­to.

—Por pri­me­ra vez nos mar­ca­mos una pau­ta que era no pen­sar có­mo lle­var­lo al di­rec­to, al­go que ya ha­bía­mos he­cho en tra­ba­jos an­te­rio­res, y nos ape­te­cía ha­cer un disco cen­tra­do en el es­tu­dio, pe­ro aho­ra te­ne­mos un gran tra­ba­jo de adap­ta­ción para que sue­ne con la mis­ma in­ten­si­dad, o bueno, con dis­tin­ta, no siem­pre tie­ne que ser igual. A mí me gus­tan las ban­das que de re­pen­te te sor­pren­den en di­rec­to, que han ge­ne­ra­do una co­sa en el disco y en el di­rec­to otra. —Di­cen que el ar­te siem­pre va por de­lan­te... En el «Dis­cur­so del Rey» de­cís: «Nos hablan de paz, unión y otras le­yen­das / To­do en­ca­ja me­nos tus ga­nas de es­ca­par». Cuán­to pa­re­ci­do con la reali­dad. —Sí, el disco es­tá gra­ba­do des­de ju­nio y aho­ra con to­do lo que es­tá pa­san­do aten­de­mos a las le­tras y a ve­ces nos pa­re­ce que he­mos he­cho spoi­lers de la reali­dad. Me de­cían lo mis­mo de una can­ción de Bun­bury.

No sé si es una apues­ta arries­ga­da, es lo que nos ha sa­li­do

Al fi­nal las can­cio­nes son po­li­sé­mi­cas y las ge­ne­ras por otro ti­po de mo­ti­vos, por­que el disco par­te de nues­tro día a día a la ho­ra de to­mar de­ci­sio­nes, de có­mo se ge­ne­ra el con­flic­to en­tre unos y otros en la crea­ti­vi­dad, en la com­po­si­ción de las can­cio­nes; pe­ro vi­ves en so­cie­dad y los co­lec­ti­vos so­mos el re­fle­jo de la reali­dad en la que vi­vi­mos, hay una per­mea­bi­li­dad en­tre den­tro y fue­ra bas­tan­te im­por­tan­te... Hay un ca­ta­li­za­dor un po­co eso­té­ri­co que te lle­va a que se pro­duz­ca lo que tú has es­cri­to. —¿Ca­da vez es más di­fí­cil ha­cer una se­lec­ción de te­mas para los con­cier­tos?

—Ab­so­lu­ta­men­te. Ade­más son can­cio­nes muy dis­tin­tas y te­ne­mos que ver to­da­vía có­mo con­vi­ven con sus her­ma­nas ma­yo­res. A ver có­mo ha­ce­mos ese rom­pe­ca­be­zas. —2018, nos va­mos de gi­ra de pre­sen­ta­ción aun­que tam­bién po­dría ser la ce­le­bra­ción de vues­tros 20 años... ¿Qué cri­ba ha­ces? —Hay un mon­tón de mo­men­tos que has vi­vi­do, pe­ro tie­nes que fo­ca­li­zar mu­cho para ex­traer el mo­men­to cla­ve que te mo­vió, por­que al fi­nal la his­to­ria y el día a día arra­sa con to­do eso. Co­mo aho­ra, es­ta­mos a pun­to de lan­zar un disco y se te ol­vi­da que vas a lan­zar un disco. Por ejem­plo, ayer al lle­gar a ca­sa me que­dé pen­san­do, el viernes va a ser un hi­to... Es­tás tan me­ti­do en la vo­rá­gi­ne que se te ol­vi­da. —Sois cons­cien­tes de lo que es­táis vi­vien­do, por­que no va a vol­ver a pa­sar. Ha­blo de pre­mios, ven­tas, lle­nos, en­tra­das... —Sí, so­mos muy cons­cien­tes pe­ro en el día a día, por ejem­plo, es­ta se­ma­na nos lle­ga la no­ti­cia de que so­mos nú­me­ro 1 en Co­lom­bia y con­tes­tas al wa­sap en plan ¡guau!, pe­ro a ve­ces es lo que ha­blá­ba­mos de ge­ne­rar los es­pa­cios de re­fle­xión, has­ta que no aca­ba una gi­ra o un ciclo del disco, y pa­ras y te sien­tas... Co­mo eso que di­cen las ma­dres: «No me he sen­ta­do en to­da la ma­ña­na», pues igual, no me he sen­ta­do en dos años, y cuan­do lo ha­ces di­ces: «Ma­dre mía», y sa­le to­do lo

que me co­men­tas. —¿Te­néis la sen­sa­ción de que es­táis ha­cien­do al­go épi­co?

—No sé si épi­co, pe­ro es to­do im­por­tan­te y te sien­tes or­gu­llo­so de lo que vas ha­cien­do. Ade­más, te­ne­mos la suer­te de te­ner un tra­ba­jo de lo más sa­tis­fac­to­rio, y cuan­do te di­cen: “Es que es muy pe­sa­do que te ven­ga la gen­te a ha­cer fo­tos o pre­gun­tas”. A ve­ces pue­de ser, pe­ro si lo ves des­de otro pun­to di­ces: “Me es­tán agra­de­cien­do mi tra­ba­jo”, y la ma­yo­ría de la gen­te no tie­ne esa suer­te. —Re­bo­bi­na­mos. Os veis obli­ga­dos a mon­tar vues­tra pro­pia pro­duc­to­ra para sa­lir ade­lan­te por­que lla­máis a las puer­tas y no os abren. ¿Al­guien se tie­ne que es­tar ti­ran­do de los pe­los por no su­bir­se al tren? —No lo sé, he­mos pi­lla­do nues­tro pro­pio tren y a lar­go del tiem­po ha ha­bi­do gen­te que se ha subido, y otros que se han ba­ja­do, pe­ro eso no lo pue­do juz­gar yo des­de la má­qui­na del tren, si­guien­do con la me­tá­fo­ra. —¿Es­ta­mos ha­blan­do gra­cias al pac­to

de Bei­rut? [En una azo­tea con el so­ni­do de las mez­qui­tas de fon­do pro­me­tie­ron re­nun­ciar a to­do si el gru­po fun­cio­na­ba]. —A un pac­to y a una se­rie de his­to­rias de gen­te que nos he­mos jun­ta­do y he­mos de­ci­di­do ti­rar para de­lan­te. —Pe­ro hu­bo un com­pro­mi­so fir­me de de­jar­lo to­do...

—Hu­bo el com­pro­mi­so de de­cir: “Chi­cos, qué ha­ce­mos con es­to, es un hobby muy bo­ni­to, nos es­tá ge­ne­ran­do mu­cha sa­tis­fac­ción pe­ro...”. Era una ma­ne­ra de de­cir se­gui­mos para de­lan­te ge­ne­ran­do al­go ma­yor o no, y ese hi­to que di­ces de Bei­rut fue el ini­cio de un ca­mino. —¿Es di­fí­cil evo­lu­cio­nar sin per­der la esencia?

—Lo fá­cil se­ría que­dar­te ha­cien­do lo mis­mo siem­pre, pe­ro para una ban­da co­mo no­so­tros se­ría lo más abu­rri­do, no me gus­ta­ría que­dar­me es­tan­ca­do cons­tan­te­men­te, me gus­ta pro­bar co­sas nue­vas, ex­plo­rar, y no, no me gus­ta­ría que­dar­me en el mis­mo si­tio y en el mis­mo lu­gar.

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