MISCHA BUR­TON

Pe­li­gro al vo­lan­te.

La Voz de Galicia (A Coruña) - Hoy Corazón - - SUMARIO - POR CAR­LOS GONZÁLEZ

Afi­na­les de enero TMZ col­gó un ví­deo te­rri­ble de Mischa Bar­ton: la ac­triz, en el pa­tio de su ca­sa y me­dio desnuda, gri­ta­ba bar­ba­ri­da­des, co­mo que su ma­dre era una bru­ja o pre­de­cía el fin del mun­do. Has­ta que, de pron­to, se caía al sue­lo y des­apa­re­cía de la ima­gen. La po­li­cía se la lle­vó al hos­pi­tal. A los po­cos días, aban­do­nó el cen­tro y dio su ver­sión: ha­bía sa­li­do de fies­ta con unos ami­gos y al­guien pu­so dro­ga en su co­pa. «Es­ta es una lec­ción pa­ra to­das las mu­je­res jó­ve­nes, te­ned cui­da­do con vues­tras com­pa­ñías», di­jo. La se­ma­na pa­sa­da, la vol­vió a liar. Es­ta vez es­tam­pó el ca­mión, que ha­bía al­qui­la­do pa­ra ha­cer la mu­dan­za, con­tra la en­tra­da de su ca­sa. Se­gún se ve en el ví­deo, otra vez de TMZ, no cal­cu­ló bien la al­tu­ra del vehícu­lo. Pen­só que ca­bía. Pe­ro no. Cu­rio­sa­men­te, to­dos sus ma­les em­pe­za­ron por la con­duc­ción. O, al me­nos, así sal­ta­ron a la luz pú­bli­ca. El 27 de di­ciem­bre de 2007, la po­li­cía pa­ró su co­che de ma­dru­ga­da. La ac­triz no te­nía car­né, es­ta­ba bo­rra­cha y lle­va­ba en­ci­ma una pe­que­ña can­ti­dad de ma­rihua­na. «No sé qué de­cir, ex­cep­to que no soy per­fec­ta y que no pien­so vol­ver a ha­cer al­go tan es­tú­pi­do nun­ca más», co­men­tó en su mo­men­to.

AMIS­TA­DES PE­LI­GRO­SAS

De es­ta ma­ne­ra se con­fir­ma­ron to­dos los ru­mo­res y sos­pe­chas so­bre su es­ti­lo de vi­da. Con so­lo 17 años se con­vir­tió en la it girl del mo­men­to gra­cias a la se­rie O.C. «Tra­ba­ja du­ro, di­viér­te­te mu­cho», pa­só a ser su le­ma y se ro­deó de com­pa­ñe­ras de juer­ga tan po­co re­co­men­da­bles co­mo Lind­say Lohan. So­bre el fin de su tra­ba­jo en la se­rie O.C. exis­ten dis­tin­tas ver­sio­nes, pe­ro pa­re­ce que la de­ci­sión fue su­ya: que­ría de­di­car­se al ci­ne. Pe­ro Bur­ton no vol­vió a co­no­cer un éxi­to pa­re­ci­do. Has­ta su fí­si­co em­pe­zó a de­te­rio­rar­se de for­ma alar­man­te. «Siem­pre de­cían que es­ta­ba muy del­ga­da, y que de­bía es­tar en­fer­ma. Y en­ton­ces em­pe­za­ron a ver­me de­ma­sia­do gor­da. Nun­ca he te­ni­do el pe­so adecuado», co­men­tó años des­pués.

Un buen día, en 2009, Mischa se rom­pió. La pren­sa con­tó que lle­va­ba tres días me­tién­do­se co­caí­na sin pa­rar. Ella lo ne­gó. Di­jo que fue al den­tis­ta pa­ra que le sa­ca­ran la mue­la del jui­cio: «Te­nía una in­fec­ción y no pu­de co­mer na­da más que he­la­dos du­ran­te tres me­ses. Ade­más, me ho­rro­ri­zan la agu­jas y que­rían in­flar­me de dro­gas». Se peleó con las en­fer­me­ras y aca­bó in­gre­sa­da en un psi­quiá­tri­co con­tra su vo­lun­tad: «Fue una cri­sis ner­vio­sa to­tal. Ne­ce­si­ta­ba ale­jar­me un tiem­po de mi tra­ba­jo, mi fa­mi­lia y to­da la pre­sión. Es­ta­ba con­tra las cuer­das».

Ese in­gre­so no so­lu­cio­nó sus pro­ble­mas y ha se­gui­do ge­ne­ran­do po­lé­mi­cas. Co­mo cuan­do ella de­man­dó a su ma­dre, y má­na­ger, por­que ase­gu­ra­ba que le ha­bía ro­ba­do du­ran­te años. Se­gún di­ce aho­ra, sus padres «se que­da­ron sen­ta­dos es­pe­ran­do que su hi­ja tra­ba­ja­ra du­ro pa­ra man­te­ner su es­ti­lo de vi­da».

Úl­ti­ma­men­te le han em­bar­ga­do dos co­ches por no pa­gar­los. Lás­ti­ma que el ca­mión es­tre­lla­do fue­ra de al­qui­ler...

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