El mar y la mon­ta­ña se jun­tan en unos me­ji­llo­nes de al­dea

Ma­rian Ro­me­ro de­ta­lla una sen­ci­lla y ape­ti­to­sa receta con ba­se con­ser­ve­ra

La Voz de Galicia (A Coruña) - La Voz de Galicia (OneOff ALL) - - TERRA - FRAN BALADO

Las con­ser­vas han de­ja­do de ser el úl­ti­mo re­cur­so de la co­ci­na. An­tes so­lo se re­cu­rría a ellas por la fal­ta de tiem­po, por fal­ta de pre­vi­sión a la ho­ra de ha­cer la com­pra o pa­ra sa­lir de via­je. En mu­chos ca­sos, por las tres ra­zo­nes a la vez. Pe­ro des­de ha­ce años su con­su­mo ha evo­lu­cio­na­do has­ta el pun­to de que son uti­li­za­das has­ta por afa­ma­dos cocineros con es­tre­lla Mi­che­lín. Fue­ra ta­búes, son una de las me­jo­res téc­ni­cas de con­ser­var el sa­bor y los pro­pie­da­des de los ali­men­tos.

Es­to lo sa­ben a la per­fec­ción mu­chos ga­lle­gos en el ex­tran­je­ro. La úni­ca ma­ne­ra de dis­fru­tar de unos bue­nos ber­be­re­chos es abrien­do una de las la­tas de las que se ha­bían pro­vis­to en su úl­ti­ma vi­si­ta a ca­sa.

Ma­rian Ro­me­ro, co­ci­ne­ra de Ca­sa Bo­to, en Noia, tam­bién apun­ta otra ven­ta­ja pa­ra los ali­men­tos en con­ser­va. En es­te ca­so es­tá re­la­cio­na­da con la hos­te­le­ría: «Se pue­de pres­cin­dir de co­ci­na y ha­cer pla­tos de­li­cio­sos», di­ce, pen­san­do en los es­ta­ble­ci­mien­tos que no dis­pon­gan de la ca­pa­ci­dad de ins­ta­lar unos fo­go­nes o tam­bién co­mo un re­cur­so cuan­do lle­ga un clien­te ham­brien­to a des­ho­ra.

Una receta rá­pi­da y sen­ci­lla

Ma­rian com­par­te con los lec­to­res de La Voz de Ga­li­cia uno de los pla­tos de su re­ce­ta­rio. Me­jis de al­dea, «por­que en sus ingredientes se en­cuen­tran el mar y la mon­ta­ña», ex­pli­ca. Ga­ran­ti­za que se tra­ta de al­go muy sen­ci­llo al al­can­ce de to­do el mun­do.

En primer lu­gar hay que po­char en una sar­tén un po­co de ja­món, una ce­bo­lla pi­ca­da y se­tas de tem­po­ra­da. Se flam­bea to­do con al­go de aguar­dien­te tos­ta­do y lue­go se de­ja re­du­cir con un po­co de na­ta. Una vez bien li­ga­do, se tritura pa­ra dar tex­tu­ra a la sal­sa. Por otra par­te, se flam­bea una pe­que­ña bo­la de que­so de O Ce­brei­ro «pa­ra tem­plar­lo y que que­de más bri­llan­te», de­ta­lla Ma­rian. Por úl­ti­mo, abrir una la­ta de me­ji­llo­nes en es­ca­be­che y es­cu­rrir­los bien. Ella re­co­mien­da los de la con­ser­ve­ra barbanzana Luís Es­cu­rís Ba­ta­lla.

Pa­ra el em­pla­ta­do se de­po­si­ta en la ba­se del re­ci­pien­te un po­co de la sal­sa e in­me­dia­ta­men­te des­pués los me­ji­llo­nes bien es­cu­rri­dos y la bo­la de que­so. Se es­pol­vo­rea por en­ci­ma con unos pe­que­ños crujientes ob­te­ni­dos de des­tro­zar con las ma­nos un par de pa­ta­tas fri­tas de bol­sa. «Se aca­ba de de­co­rar con una ju­lia­na muy fi­ni­ta de pi­mien­to de pi­qui­llo y unos bro­tes ver­des de tem­po­ra­da», fi­na­li­za.

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