El surf co­mo puer­ta a la fe­li­ci­dad

Pa­trick Vi­lán apos­tó en su mo­men­to por deses­ta­cio­na­li­zar su dis­ci­pli­na; hoy en Nigrán im­par­ten cla­ses to­do el año

La Voz de Galicia (Pontevedra) - Pontevedra local - - LA PIZARRA DEL DEPORTE - AN­TÍA DA­VI­LA PÉ­REZ

El surf no fue el «pri­mer amor» de­por­ti­vo de Pa­trick Vi­lán, sin em­bar­go, pa­re­ce ser el de­fi­ni­ti­vo. El di­rec­tor téc­ni­co del Club Surf Pa­tos co­men­zó su ca­rre­ra en el mun­do de las olas con tan so­lo 15 años y lo hi­zo so­bre una ta­bla de bodyboard. Cua­tro años des­pués en­tró co­mo mo­ni­tor de es­ta dis­ci­pli­na en el club que aho­ra di­ri­ge y fue allí don­de na­ció su in­te­rés por el surf. «Dan­do cla­ses de bodyboard, em­pe­cé a co­que­tear con el surf y me es­pe­cia­li­cé en dar cla­ses de ini­cia­ción». Aun así, con­ti­nuó com­pi­tien­do a ni­vel in­ter­na­cio­nal en bodyboard, lle­gan­do a ser campeón ga­lai­co-lu­so.

No obs­tan­te, una le­sión en el 2010 le obli­gó a aban­do­nar de­fi­ni­ti­va­men­te la ta­bla de body. Fue en­ton­ces cuan­do Vi­lán se en­tre­gó al surf por com­ple­to. Es­tu­dió INEF y bus­có la for­ma de in­no­var en es­ta dis­ci­pli­na. Y pa­re­ce que la en­con­tró. «Ha­ce unos años el surf se con­si­de­ra­ba una ac­ti­vi­dad es­ta­cio­nal más que un de­por­te. La for­ma de ver el surf ha cam­bia­do mu­cho en los úl­ti­mos tiem­pos. An­tes era im­pen­sa­ble po­der vi­vir de es­to, ge­ne­rar pues­tos de tra­ba­jo».

Pa­trick y su so­cio, Die­go Gar­cía, se pro­pu­sie­ron un pro­yec­to pio­ne­ro en la zo­na, ex­ten­der las cla­ses a la tem­po­ra­da in­ver­nal. «Vi­mos que la gen­te asis­tía a cur­sos de una se­ma­na en ve­rano, lue­go vol­vía al año si­guien­te... pe­ro no ha­bía con­ti­nui­dad. No­so­tros que­ría­mos eli­mi­nar el es­tig­ma de que el surf es so­lo una ac­ti­vi­dad de re­creo ve­ra­nie­ga, y for­mar sur­fis­tas de ver­dad, de los que dis­fru­tan de un día de in­vierno en las olas co­mo el que más».

Pe­ro Vi­lán no so­lo bus­ca en­se­ñar téc­ni­ca, sino tam­bién su vi­sión del surf, que con­si­de­ra una te­ra­pia. «Cuan­do estás en el agua no pien­sas en otra co­sa, dis­fru­tas de ese mo­men­to de con­tac­to con la na­tu­ra­le­za». El surf, sub­ra­ya el de­por­tis­ta, tie­ne un gran com­po­nen­te de res­pe­to al me­dio am­bien­te: «Quie­nes prac­ti­can es­te de­por­te va­lo­ran de ver­dad el he­cho de lle­gar a una pla­ya y ver­la en buen es­ta­do». Ade­más, aun­que a prio­ri pa­rez­ca una dis­ci­pli­na in­di­vi­dual, «hay mu­cho com­pa­ñe­ris­mo, nos ayu­da­mos a me­jo­rar en­tre to­dos».

En­tre 200 y 500 alum­nos

Es­tos va­lo­res son los que los 12 mo­ni­to­res de la es­cue­la tra­tan de in­cul­car a sus alum­nos, que ya son más de 200 ni­ños de en­tre 12 y 15 años du­ran­te la tem­po­ra­da de in­vierno, mien­tras que en ve­rano pue­den lle­gar a pa­sar más de 500 per­so­nas por la es­cue­la.

Pe­ro los co­mien­zos no fue­ron fá­ci­les, ni tam­po­co rá­pi­dos. Du­ran­te tres ve­ra­nos fue­ron los dos so­cios los que se en­car­ga­ron de to­dos los gru­pos. «Ha­bía días que no que­ría ver ni un neo­preno más», ase­gu­ra Pa­trick, aun­que no pue­de evi­tar una car­ca­ja­da. Y es que a pe­sar del du­ro tra­ba­jo, Vi­lán no pue­de sen­tir más pasión por su pro­fe­sión. «Me con­si­de­ro un pri­vi­le­gia­do. El surf me apor­ta la ma­yor fe­li­ci­dad, y po­der vi­vir de ello es un sue­ño he­cho reali­dad».

El surf es­tá de mo­da, pe­ro Pa­trik des­ta­ca que su de­por­te es más que eso. «Cual­quie­ra pue­de su­bir­se a una ta­bla por se­guir la mo­da, pe­ro ser sur­fis­ta sig­ni­fi­ca dis­fru­tar en días so­lea­dos y en días de llu­via con el agua a 14 gra­dos. Las me­jo­res con­di­cio­nes no se dan en los días más bo­ni­tos, sino en los hos­ti­les».

Los sur­fis­tas desafían en oca­sio­nes los lí­mi­tes de su cuer­po con tem­pe­ra­tu­ras ex­tre­mas o con­di­cio­nes des­fa­vo­ra­bles. «Hay días que con­lle­va un gran es­fuer­zo que­dar­se en el agua. So­lo si te gus­ta de ver­dad te man­tie­nes cons­tan­te». Pe­ro Vi­lán ase­gu­ra que vi­vir la sen­sa­ción de ca­bal­gar una ola di­fí­cil me­re­ce la pe­na.

El sur­fis­ta en­tre­na al equi­po de com­pe­ti­ción mas­cu­lino, con el que, de cam­peo­na­to en cam­peo­na­to, re­co­rre las cos­tas de Ga­li­cia, Es­pa­ña y Por­tu­gal. Esa, se­gún el pre­pa­ra­dor, es una de las ven­ta­jas que tie­ne el surf: «Una vez que ad­quie­res cier­to ni­vel, el afán de bus­car nue­vas olas, de com­pe­tir en en­tor­nos des­co­no­ci­dos, te lle­va a des­cu­brir pla­yas de to­do el mun­do».

Pre­ci­sa­men­te bus­can­do nue­vas aven­tu­ras, Vi­lán de­ci­dió en el 2010 abrir una es­cue­la na­da me­nos que al otro la­do del Atlán­ti­co, en la cos­ta bra­si­le­ña de Sal­va­dor de Bahía, a don­de via­ja oca­sio­nal­men­te «pa­ra al­ter­nar las con­di­cio­nes in­ver­na­les y es­ti­va­les».

Pa­trick Vi­lán, de azul, jun­to a los alum­nos del club Pa­tos Surf en Nigrán, en el que lle­va des­de 1999.

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