De có­mo la emi­gra­ción no lo­gró rom­per los la­zos de los Do­pa­zo

Se­pa­ra­dos por mi­les de ki­ló­me­tros, re­to­ma­ron el con­tac­to pe­se a se­guir unos en Argentina y otros en Mo­gor

La Voz de Galicia (Pontevedra) - Pontevedra local - - PONTEVEDRA - CAR­MEN GAR­CÍA DE BURGOS

En 1986, Jo­sé Do­pa­zo lle­ga­ba a la es­ta­ción de tren de Pontevedra. Te­nía 22 años y era la pri­me­ra vez que pi­sa­ba Es­pa­ña. «No ha­bía ce­lu­la­res ni compu­tado­ras», y lle­va­ba las in­di­ca­cio­nes que le ha­bía da­do su pa­dres apun­ta­das en una ho­ja de pa­pel. No co­no­cía la zo­na, así que se li­mi­tó a se­guir­las. To­da­vía hoy no re­cuer­da ha­ber he­cho nin­gún es­fuer­zo, pe­ro lle­gó ca­mi­nan­do has­ta Mo­gor. Allí lo es­pe­ra­ba la fa­mi­lia de la her­ma­na de su abue­lo, se­pa­ra­da de su her­mano cuan­do es­te emi­gró a Argentina jun­to a tan­tos otros cien­tos de mi­les de ga­lle­gos. So­lo que el pa­dre de Jo­sé tu­vo que re­to­mar el con­tac­to con sus pa­rien­tes es­pa­ño­les por un te­ma de he­ren­cias.

Aque­llo fue dos dé­ca­das an­tes, en 1968. Al con­tra­rio que Jo­sé, su pa­dre lle­gó a Ga­li­cia asus­ta­do. No sa­bía lo que se iba a en­con­trar. Y, des­de lue­go, lo que no es­pe­ra­ba es que su fa­mi­lia de Mo­gor, los de Do­lo­res Do­pa­zo Jun­cal, re­gen­te del úni­co bar de Mo­gor, que tam­bién ejer­cía de ofi­ci­na de Co­rreos, fue­se tan ama­ble, le ayu­da­se tan­to a po­ner to­do en or­den y se mos­tra­ra más ge­ne­ro­sa de lo que ja­más ha- bría po­di­do ima­gi­nar el hom­bre.

Fue ese en­cuen­tro el que años des­pués re­vi­vió Do­pa­zo. Aho­ra aca­ba de re­gre­sar a su ciu­dad, San Luis, don­de ejer­ce de abo­ga­do, tras dos se­ma­nas por Es­pa­ña. Ha­ce ape­nas unos días pa­sea­ba por la pla­za de A Pe­re­gri­na jun­to a su mu­jer pa­ra en­con­trar­se con su pri­ma Be­ti y Cla­ra y Ma­no­lo, la hi­ja y el ma­ri­do de es­ta. En­tre aquel via­je y es­te han trans­cu­rri­do otros tres más. Por eso co­no­ce la ciu­dad del Lé­rez tan bien: «Pontevedra ha cam­bia­do su fi­so­no­mía y, so­bre to­do, la ofer­ta gas­tro­nó­mi­ca. An­tes te­nías que pre­gun­tar por un lu­gar u otro, y te de­cían tres o cua­tro y te­nías que ir a Ca­sa Ro­mán pa­ra co­mer bien. Y hoy pue­des ir a cual­quier si­tio, es muy dis­tin­to de ha­ce 25 años. An­tes co­mías co­mi­da tí­pi­ca de acá y so­la­men­te eso era la ofer­ta, y hoy tie­nes una va­rie­dad am­plia y creo que es por la de­man­da de un tu­ris­mo nue­vo de un tiem­po a es­ta par­te», ex­pli­ca.

Mo­der­na con tra­di­ción

Y no es una cues­tión so­lo de ser­vi­cios: «Yo vi­ne la pri­me­ra vez en el año 1986, era otra Pontevedra, y otro Marín y otro Mo­gor. Ha cam­bia­do mu­chí­si­mo en es­tos úl­ti­mos 25 años. La Pontevedra que yo co­no­cí era una cui­dad muy pro­vin­cia­na, y ha­bía una gran di­fe­ren­cia en­tre lo que era Vi­go y Pontevedra, y hoy se la ve una ciu­dad mu­cho más con­so­li­da­da y mo­der­na. Ayer fui a Santiago y vi turistas co­mo no vi en mi vi­da. Me pa­re­ce que hoy Ga­li­cia se es­tá con­vir­tien­do en un atrac­ti­vo pa­ra el tu­ris­mo in­ter­na­cio­nal, y me pa­re­ce que trein­ta años atrás no es­ta­ban acos­tum­bra­dos a eso», ma­ti­za.

El acen­to le de­la­ta. In­clu­so aun­que des­cien­da de la fa­mi­lia que re­gen­tó «una ta­ber­na bien es­pa­ño­la» que, a pe­sar de que ya no es de los Do­pa­zo, sigue sién­do­lo. «El otro día me acom­pa­ñó mi se­ño­ra y la mi­ra­ban, por­que no en­tran mu­je­res en esa ca­sa, y se sir­ve el oru­jo que lo ha­cen por ahí, y es­tre­lla Ga­li­cia y un po­co de vino y unos fiam­bres y na­da más», ex­pli­ca, con la voz en­cen­di­da. Igual que cuan­do ha­bla de la pa­rro­quia de sus an­te­pa­sa­dos. Y tam­bién un po­co la su­ya: « La im­pre­sión que me cau­sa es que to­da­vía se con­ser­van des­de la ar­te­ria prin­ci­pal, so­bre to­do ha­cia arri­ba y un po­co ha­cia aba­jo, cos­tum­bres muy tra­di­cio­na­les del ga­lle­go: el cul­ti­vo de la tie­rra, las mu­je­res gran­des (ma­yo­res) con sus bol­sas cul­ti­van­do las ver­du- ras. Y nos lla­mó mu­cho la aten­ción que hay mu­cha lon­ge­vi­dad, mu­cha gen­te gran­de que pa­sa de los 80 años en ple­na ac­ti­vi­dad y es­tán ha­cien­do lo que hi­cie­ron du­ran­te to­da su vi­da: cui­dar el to­ma­te, cul­ti­var sus le­chu­gas... Hay mu­cha tra­di­ción es­pa­ño­la guar­da­da en esos pue­blos, que qui­zás us­te­des, por la cer­ca­nía o por la vo­rá­gi­ne del día a día, no lo pue­dan lle­gar a apre­ciar». Y ha­bla de los hó­rreos, de los pe­que­ños que se ven­den co­mo re­cuer­do y de los gran­des, que se usan pa­ra al­ma­ce­nar el grano.

Y tam­bién de los dos años que pa­só pla­nean­do el via­je a Ga­li­cia y de có­mo su hi­ja, Ma­ría Agus­ti­na, es­tá a pun­to de via­jar a Mo­gor. «Aho­ra le va a to­car a Cla­ri­ta, la hi­ja de mi pri­ma y a mis hi­jos se­guir con­so­li­dan­do los la­zos», sentencia, con­fia­do de que sí o sí va a ser así.

RA­MÓN LEIRO

Jo­sé Do­pa­zo con su mu­jer, Ma­ría Flo­ren­cia, es­ta se­ma­na en Mo­gor, de don­de su abue­lo, que emi­gró, era na­tu­ral.

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain

© PressReader. All rights reserved.