Desa­yuno de do­min­go con…

el co­reó­gra­fo Víc­tor Ulla­te.

La Voz de Galicia (A Coruña) - XL Semanal - - Sumario -

Xlse­ma­nal. Ha­ce 5 años di­jo que nun­ca se re­ti­ra­ría... Víc­tor Ulla­te. [Ríe]. Pues he cam­bia­do de opi­nión. De­jo la com­pa­ñía en ma­nos de Lu­cía La­ca­rra, y tan­to Eduar­do Lao (el di­rec­tor ar­tís­ti­co) co­mo yo da­mos pa­so a sa­via nueva. XL. ¿Y dón­de pre­ten­de ju­bi­lar­se? V.U. En Vi­lla­nue­va de la Vera (Cá­ce­res): allí hay muy bue­na ener­gía. Ven­dré ca­da diez días a Madrid por­que se­gui­ré al fren­te de la Fun­da­ción pa­ra la Dan­za, una ca­sa de aco­gi­da pa­ra ni­ños que no tie­nen re­cur­sos, don­de se­gui­ré dan­do cla­ses. XL. ¿Man­te­ner una com­pa­ñía de ba­llet clásico ha si­do una lu­cha ti­tá­ni­ca? V.U. Sí; pe­ro no por el pú­bli­co, que lle­na to­dos nues­tros es­pec­tácu­los siem­pre. Fal­ta in­te­rés po­lí­ti­co por ayu­dar a que la dan­za clá­si­ca de­je de ser mi­no­ri­ta­ria. XL. En el ca­mino, mu­chas le­sio­nes, ci­ru­gías... V.U. A los 21 años, los mé­di­cos me die­ron por inú­til pa­ra bai­lar, pe­ro me pro­pu­se con­ti­nuar y sa­lí ade­lan­te. Fue muy du­ro; si no me po­nía an­ti­in­fla­ma­to­rios de cien mi­li­gra­mos no po­día dar un pa­so, pe­ro el des­tino no pu­do con­tra mí. XL. Y ha su­fri­do dos in­far­tos.

V.U. ¡Los dis­gus­tos y las preo­cu­pa­cio­nes! Es­toy aquí de mi­la­gro. Mu­chas ve­ces he que­ri­do ti­rar la toa­lla, pe­ro el amor a la dan­za pu­do más. XL. Ha­ce 60 años, ¿sus pa­dres en­ten­die­ron que qui­sie­ra ser bai­la­rín em­bu­ti­do en ma­llas o lo veían un po­co ‘ra­ri­to’? V.U. Mis pa­dres me apo­ya­ron siem­pre, aun­que otros ni­ños me ve­rían ‘ra­ri­to’, sí. Es ab­sur­do ese mie­do, la dan­za no ha­ce gais: el que lo es lo es; y el que no no se ha­ce por­que bai­le. Dos de mis hi­jos son bai­la­ri­nes y nin­guno es gay [ríe]. XL. A los 18 años fue pri­mer bai­la­rín en la com­pa­ñía de Mau­ri­ce Bé­jart. V.U. Él fue mi maes­tro y mi ami­go. Pa­sé 14 años a su la­do, re­gre­sé a Es­pa­ña pa­ra di­ri­gir la Com­pa­ñía Na­cio­nal. Aquí fue to­do muy di­fí­cil por la fal­ta de me­dios, pe­ro apren­dí a di­ri­gir y tras 4 años fun­dé mi pro­pia es­cue­la y com­pa­ñía. XL. En­tre sus alum­nos es­tán Tamara Ro­jo, Igor Ye­bra, Án­gel Co­re­lla, Lu­cía La­ca­rra… ¿hay que ir­se fue­ra pa­ra triun­far? V.U. Na­die es pro­fe­ta en su tie­rra. Pe­ro tam­bién es bueno co­no­cer otras es­cue­las. Y yo in­ten­to que los que se van vuel­van. XL. Tie­ne to­dos los pre­mios, ¿le com­pen­só? V.U. Sí; los pre­mios no te sacan del ho­yo, pe­ro sa­tis­fa­cen. Yo no me pue­do que­jar: la Co­mu­ni­dad de Madrid apo­ya mi com­pa­ñía des­de ha­ce 20 años. Pe­ro no me he he­cho ri­co por­que he vuel­to a in­ver­tir lo ga­na­do siem­pre. Al mo­rir, no te lle­vas na­da; en cam­bio, siem­pre voy a es­tar vi­vo por lo que de­jo. ¡Y que me qui­ten lo bai­la­do! No ne­ce­si­to más.

Ener­gía re­vi­ta­li­zan­te «To­mo fru­ta de tem­po­ra­da: me­lón, san­día, uvas… Un cuen­co de le­che de arroz con ce­rea­les y se­mi­llas de lino, con bas­tan­tes fru­tos se­cos. Y un ca­fé sin le­che».

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain

© PressReader. All rights reserved.