En es­ta casa so­mos to­dos chi­cos

CUA­TRO HER­MA­NOS PA­RA CUA­TRO HER­MA­NAS En­tra­mos en dos ca­sas don­de los pe­ques ga­nan por go­lea­da. Una es so­lo de ni­ños y otra so­lo de ni­ñas. ¿Di­fe­ren­cias... hay­las o no?

La Voz de Galicia (A Coruña) - Yes - - DE GENTE - TEX­TO: ANA ABE­LEN­DA

El­pri­mer hi­jo de Ca­ro­la fue un ni­ño. «A mí me hi­zo ilu­sión, por­que yo ten­go una her­ma­na pe­que­ña y siem­pre me gus­tó la idea de te­ner un her­mano ma­yor. Al­guien que me abrie­se un po­co el ca­mino, a quien con­tar­le tus co­sas cuan­do eres pe­que­ño», di­ce la ma­dre de Jor­ge, el ma­yor de los cua­tro chi­cos Mar­tí­nez de Oren­se. A la se­gun­da ba­rri­ga, la com­bi­na­ción XY se re­pi­tió. Y nació Álex. «Nos pa­re­ció bien que fue­se ni­ño otra vez —di­ce Ca­ro­la—, por­que no sé si es así, pe­ro tie­nes la im­pre­sión de que por ser del mis­mo se­xo los her­ma­nos tie­nen más en co­mún». Fue­ron a por el ter­ce­ro, ¡y apos­tan­do al 3 lle­ga­ron dos a la vez! Dos ni­ños. Los me­lli­zos Yago y Car­los. ¿Ibais a por la ni­ña? «Íba­mos por el ter­cer hi­jo —ma­ti­za su ma­dre— y si ve­nía ni­ña, ¡ge­nial! La pri­me­ra sor­pre­sa fue cuan­do en la pri­me­ra eco­gra­fía nos di­je­ron que eran dos, y al me­nos uno era una ni­ña ‘cien por cien’. La se­gun­da sor­pre­sa lle­gó des­pués». El se­xo de los me­lli­zos se hi­zo pron­to va­rón.

¿Re­cuer­das aún cuan­do na­cie­ron Car­los y Yago?, pre­gun­to a Jor­ge. «Sí. Ese día lle­gué del co­le y ma­má me di­jo que te­nía una sor­pre­sa. ¡Era Car­los!». Yago se hi­zo es­pe­rar, lle­gó un po­co más tar­de del hospital. «Car­los se pa­re­ce más a ma­má y Yago a pa­pá», ase­gu­ra Jor­ge, el ca­pi­tán de es­te ho­gar de San­tia­go don­de vi­bra la afi­ción. Les gus­ta dar­le al fut­bo­lín. «Y to­dos va­mos al fút­bol. Pe­ro a Álex y a mí también nos gus­ta mu­cho el balonmano; a Car­los y Yago aún no, pe­ro yo sé que también les va a gus­tar», ase­gu­ra.

EN­TRE BA­LO­NES Y BE­BÉS

Po­ne­mos a Jor­ge en un bre­te. Pre­gun­ta va: ¿ayu­da­bas a pa­pá y ma­má con los me­lli­zos o no? «Sí, a ve­ces les da­ba el bi­be­rón», di­ce Jor­ge. ¡10 pun­tos pa­ra el her­ma­na­zo ma­yor!

No sa­be­mos si la co­sa cam­bia­ría si en el equi­po de los Mar­tí­nez de Oren­se «ju­ga­sen» también chi­cas. ¿Se­ría igual? «Yo creo que criar ni­ños y ni­ñas es más o me­nos igual, por lo me­nos cuan­do son pe­que­ños. De ado­les­cen­tes qui­zá ya no, por­que des­pier­tan a la ado­les­cen­cia de for­ma dis­tin­ta y no ne­ce­si­tan lo mis­mo», di­ce Ca­ro­la. «Las chi­cas y los chi­cos so­mos igua­les —apor­ta su hi­jo ma­yor—. Pe­ro a ve­ces nos gus­tan co­sas dis­tin­tas». «Yo lo que oi­go y veo con mis ami­gas que tie­nen ni­ñas —con­ti­núa Ca­ro­la— es que ellas sue­len ser más tran­qui­las, aguan­tan más tiem­po pin­tan­do o ju­gan­do a las mu­ñe­cas o a un jue­go de cons­truc­ción. Los ni­ños, o por lo me­nos los míos, a los cin­co mi­nu­tos ya es­tán pi­dien­do un ba­lón o una bi­ci­cle­ta». Pe­ro los Mar­tí­nez de Oren­se también son de ju­gar con be­bés, co­ci­ni­tas o la es­co­ba y la fre­go­na de ju­gue­te. «¡Ellos jue­gan a to­do!», ase­gu­ra su ma­dre. ¿Y qué pa­sa si lle­ga el quin­to? «¡No, no! Co­mo di­ce mi her­ma­na —cuen­ta Ca­ro­la en­tre ri­sas—, yo cum­plí por ella y por mí, por las dos. ¡Además po­drían ve­nir quin­to y sex­to...!». Las ni­ñas, en otra casa. «Yo con mis cua­tro chi­cos, sa­tis­fe­cha y muy fe­liz».

Los her­ma­nos Mar­tí­nez de Oren­se

SAN­TIA­GO Jor­ge (8 años) y Álex (6 años), los her­ma­nos ma­yo­res, es­tán uni­dos por los ge­nes y el fút­bol. A sus pa­dres les gus­ta­ba el nú­me­ro 3 pa­ra los hi­jos, así que pro­ba­ron una vez más ¡y lle­ga­ron dos! Los me­lli­zos Car­los y Yago

FOTO: ÁL­VA­RO BA­LLES­TE­ROS

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