Blan­ca Suá­rez, la mu­sa de Ba­len­cia­ga

EN “LO QUE ES­CON­DÍAN SUS OJOS” la ac­triz da vi­da a Son­so­les de Ica­za, la mu­jer más ele­gan­te de Es­pa­ña en los años cua­ren­ta pa­ra quien el mo­dis­to vas­co con­fec­cio­nó más de 400 mo­de­los. Ha­bla­mos con Na­ta­cha Fer­nán­dez, res­pon­sa­ble de un ves­tua­rio digno de la

La Voz de Galicia (A Coruña) - Yes - - DESERIE - TEX­TO: SAN­DRA FA­GI­NAS

Ni una so­la lá­gri­ma sin per­der el gla­mur, na­da de su­frir con los ojos hinchados, la bo­ca se­ca y la na­riz roja o el pe­lo su­cio, cual­quier co­sa an­tes que re­fle­jar en la pan­ta­lla una ima­gen así. Hay que vol­ver a Holly­wood, al cine clá­si­co don­de las mu­je­res heridas, des­he­chas, ro­tas por el do­lor se man­tie­nen er­gui­das en cuer­po y for­ma: con las on­das en el pe­lo y los la­bios rojos y la ele­gan­cia de los me­jo­res sas­tres. Es­ta re­fle­xión de Na­ta­cha Fer­nán­dez, res­pon­sa­ble del ves­tua­rio de la se­rie Lo que es­con­dían sus ojos, es la esen­cia de un tra­ba­jo ri­gu­ro­so en el que la ac­triz Blan­ca Suá­rez da vi­da a Son­so­les de Ica­za, la mar­que­sa de Llan­zol, mu­sa de Ba­len­cia­ga. La fic­ción que aca­ba de es­tre­nar­se, ba­sa­da en la novela ho­mó­ni­ma de Nie­ves He­rre­ro, re­la­ta la fur­ti­va pa­sión en­tre la mar­que­sa y Se­rrano Su­ñer, el Cu­ña­dí­si­mo de Fran­co, in­ter­pre­ta­do por Ru­bén Cor­ta­da. Una de las gran­des his­to­rias se­cre­tas de amor, en pa­la­bras de Na­ta­cha, que ha con­se­gui­do que Blan­ca Suá­rez haga 42 cam­bios de ves­tua­rio en cua­tro epi­so­dios. Pa­ra ello ha re­in­ter­pre­ta­do una épo­ca, los años cua­ren­ta, con la li­ber­tad de dar­le un ai­re ac­tual y mo­derno. «Yo creo que es­te es nues­tro ver­da­de­ro acier­to —in­di­ca Na­ta­cha—, no he­mos he­cho un es­ti­lis­mo pu­ris­ta, sino que he­mos po­di­do ju­gar y dar­le nues­tro to­que. He­mos te­ni­do también la suer­te de que mu­chas de las ten­den­cias de aho­ra evo­can esa épo­ca, por ejem­plo las pla­ta­for­mas, el ta­cón an­cho, pe­ro to­da esa at­mós­fe­ra es­tá re­to­ca­da, la pro­duc­to­ra que­ría que al fi­nal se vie­se mo­derno, no en­cor­se­ta­do, así que he qui­ta­do hom­bre­ras, he acor­ta­do las fal­das y he mo­de­la­do a mi gus­to has­ta dar con el pun­to». ¿Y cuál es ese pun­to? «Ac­tua­li­zar la mo­da, que se vea mo­derno».

UNA TÍA ABUE­LA DEL REY

Con esa lí­nea de tra­ba­jo, Na­ta­cha y su equi­po re­cu­rrie­ron a al­gún traje al­qui­la­do, a mu­cha con­fec­ción pro­pia y a un úni­co mo­de­lo au­tén­ti­co, un ves­ti­do de Ba­len­cia­ga, que les pres­ta­ron. «Es uno he­cho de man­ti­lla es­pa­ño­la, per­te­ne­ció

a una tía abue­la del rey Felipe, a Ma­ría de la Es­pe­ran­za de Bor­bón y Or­leans, y es el úni­co de ver­dad que Blan­ca lle­va pues­to en la se­rie, una jo­ya». No que­rían tam­po­co que Ba­len­cia­ga, ami­go ín­ti­mo de la mar­que­sa en la vi­da real, co­bra­se en la fic­ción un pa­pel ex­ce­si­vo y la se­rie se con­vir­tie­se en un mo­no­grá­fi­co so­bre él, aun­que es una apues­ta fuer­te de la se­rie. «Hu­bo que adap­tar­se mu­cho, por­que hay que te­ner en cuen­ta también que los cuer­pos de aho­ra no son los de an­tes, tam­po­co los za­pa­tos, si re­cu­rres a los de aque­lla épo­ca son mu­cho más cha­tos y los de hoy en día, por mu­cho que ten­gan la pun­ta re­don­da, son más es­ti­li­za­dos, ha­cen la pier­na más lar­ga y eso nos gus­ta más. Por eso no to­do ha si­do cal­ca­do», apun­ta la es­ti­lis­ta. Ella tie­ne pre­di­lec­ción por el ves­ti­do in­fan­ta de Ba­len­cia­ga, un ho­me­na­je a Las Me­ni­nas de Ve­láz­quez, que Blan­ca lle­va pues­to co­mo Son­so­les en la No­che­vie­ja de 1940. «Es un ves­ti­do que ha da­do la vuel­ta al mundo y que yo ali­ge­ré mu­chí­si­mo, le qui­té las man­gas, le di es­co­te pa­ra que no pa­re­cie­ra un dis­fraz en la pan­ta­lla, sin aban­do­nar la at­mós­fe­ra Ba­len­cia­ga. Él ja­más per­dió sus re­mi­nis­cen­cias es­pa­ño­las: si ha­cía hom­bre­ras en­ri­que­ci­das eran co­mo las de los to­re­ros, las man­ti­llas... Lu­ché y lu­ché has­ta que con­se­guí que lo sa­ca­se ella en la se­rie».

La cla­ve es también que Blan­ca luz­ca siem­pre im­pe­ca­ble en cual­quie­ra de las es­ce­nas, por eso han con­tro­la­do ca­da de­ta­lle has­ta la exa­ge­ra­ción. Si ella va de blan­co na­die más vis­te de ese co­lor (y si pa­sa un camarero de ese co­lor se re­pi­te pa­ra que no sal­ga), de ro­jo, con esos to­ca­dos ma­ra­vi­llo­sos... ¿Qué co­lor le fa­vo­re­ce más a Blan­ca? «Es­tá gua­pí­si­ma con los ne­gros, de to­das ma­ne­ras en la se­rie el tono que ella lle­va es una me­tá­fo­ra de su es­ta­do de áni­mo. La pri­me­ra vez que él la ve, ella es­tá ves­ti­da de blan­co, con ese to­que vir­gi­nal gra­cias también a un traje que es una reproducción de Ba­len­cia­ga, con una asi­me­tría, de­li­ca­dí­si­mo. Blan­ca es una ma­ra­vi­lla y lo de­fien­de to­do —ex­pli­ca Na­ta­cha—, a ve­ces hay ac­tri­ces que te ba­jan el ves­tua­rio, pe­ro ella cual­quier co­sa que se pon­ga lo sube, to­do lo con­vier­te en un editorial de mo­da, ya no es so­lo que le que­de bien, es que le da ese plus». También lo te­nía Son­so­les en la vi­da real, pa­ra ella hi­zo Ba­len­cia­ga más de 400 ves­ti­dos, por al­go era su mu­sa y la mu­jer más ele­gan­te de Es­pa­ña.

1

De ro­jo El ves­tua­rio re­for­mu­la la mo­da de los años cua­ren­ta, ac­tua­li­zán­do­la y adap­tán­do­la a los cuer­pos de hoy en día. En la ima­gen de la iz­quier­da, Blan­ca re­pro­du­ce un mo­de­lo de la épo­ca, al que se le ha acor­ta­do el lar­go y ba­ja­do las hom­bre­ras. El cal­za­do tam­po­co se ha cal­ca­do pa­ra mo­der­ni­zar­lo más.

2

La pri­me­ra vez La pa­sión amo­ro­sa en­tre Son­so­les de Ica­za y Se­rrano Su­ñer to­ma cuer­po en es­te ves­ti­do que re­pro­du­ce uno de Ba­len­cia­ga. La pri­me­ra vez que él la ve ella lle­va pues­to es­te traje, asi­mé­tri­co, va­po­ro­so, de ai­re vir­gi­nal y él que­da ab­so­lu­ta­men­te pren­da­do de ella. En la se­rie nin­gún ac­tor re­pi­te el co­lor que lu­ce la pro­ta­go­nis­ta.

3

Ves­ti­do in­fan­ta Na­ta­cha Fer­nán­dez lu­chó pa­ra que Blan­ca lu­cie­se una in­ter­pre­ta­ción de es­te clá­si­co de Ba­len­cia­ga, que él con­fec­cio­nó co­mo ho­me­na­je a Las Me­ni­nas de Ve­láz­quez. Un ves­ti­do que ha da­do la vuel­ta al mundo. En la se­rie es­tá mo­der­ni­za­do, sin man­gas, con más es­co­te y mu­cho más li­ge­ro. Blan­ca lo lu­ce en la No­che­vie­ja de 1940.

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