A ve­ces veo el va­so me­dio lleno y otras me­dio va­cío. Yo soy de al­ti­ba­jos”

Tie­ne cla­ro lo que quie­re y su le­ma vi­tal es ver el va­lor de lo pe­que­ñi­to. Blan­ca­nie­ves le re­ga­ló el Go­ya a la me­jor ac­triz y des­de en­ton­ces no ha pa­ra­do de tra­ba­jar y co­se­char pre­mios. Aho­ra re­gre­sa por par­ti­da do­ble con «El Mi­nis­te­rio del Tiem­po» y el f

La Voz de Galicia (A Coruña) - Yes - - RESPONDE - TEX­TO: VIR­GI­NIA MA­DRID

Con­pa­so fir­me y se­lec­cio­nan­do con pre­ci­sión ca­da per­so­na­je que ha caí­do en sus ma­nos. Así ha ido la­bran­do su ca­rre­ra es­ta ma­dri­le­ña de mi­ra­da in­ten­sa y son­ri­sa con­ta­gio­sa que dio sus pri­me­ros pa­sos en el mu­si­cal High School. «Quie­ro ha­cer his­to­rias que me emo­cio­nen, con las que apren­da, quie­ro in­ter­pre­tar per­so­na­jes lle­nos de ma­ti­ces y dar lo me­jor de mí en to­do. Y el se­cre­to es sa­ber ele­gir bien los pro­yec­tos». Ma­ca­re­na Gar­cía (Ma­drid, 1988) lu­ce hoy ra­dian­te y se­re­na. «Fí­ja­te, yo pien­so que to­do pa­sa por al­go. No me fus­ti­go ni me mar­ti­ri­zo. Pre­fie­ro que­dar­me con lo bueno de ca­da co­sa que vi­vo». Re­co­no­ce que el Go­ya co­mo ac­triz re­ve­la­ción le abrió mu­chas puer­tas: «Fue un em­pu­jón enor­me a mi ca­rre­ra, me dio vi­si­bi­li­dad y eso pro­vo­có que em­pe­za­ran a sur­gir­me más pro­yec­tos. To­do ha ido bas­tan­te rá­pi­do». Al fi­nal de la char­la, des­cu­bri­mos a Ma­ca, en la dis­tan­cia cor­ta, esa chi­ca ca­se­ra que dis­fru­ta ha­cien­do ce­rá­mi­ca, a la que le fas­ci­nan las flo­res y cu­yo tru­co pa­ra de­jar hue­lla es ser una mis­ma. «Soy un po­co in­se­gu­ra. Eso sí, me atre­vo a de­cir lo que pien­so y no ten­go mie­do a de­cir no», con­fie­sa.

—¿Có­mo es­tás?

—Fe­liz, por­que aca­ba­mos de es­tre­nar La lla­ma­da y es una pe­lí­cu­la tan bo­ni­ta, tan fa­mi­liar y to­do lo que ha su­ce­di­do al­re­de­dor de es­ta his­to­ria es tan emo­cio­nan­te que sien­to que no se pue­de pe­dir más. Me sien­to muy afor­tu­na­da y muy or­gu­llo­sa por for­mar par­te de es­ta cin­ta.

—Al fren­te de es­te pro­yec­to es­tán Ja­vier Am­bros­si, tu her­mano, y Ja­vier Calvo. ¿Có­mo ha si­do tra­ba­jar con tu her­mano?

—Muy emo­cio­nan­te y una suer­te enor­me. Me co­no­ce me­jor que na­die y a la ho­ra de di­ri­gir­me sa­bía per­fec­ta­men­te las te­clas que de­bía to­car cuan­do me veía más in­se­gu­ra o vul­ne­ra­ble. Con so­lo mi­rar­me a los ojos, sa­be có­mo es­toy y por dón­de de­be lle­var­me. Ha si­do un tra­ba­jo pre­cio­so, di­ver­ti­do y muy en­ri­que­ce­dor. La lla­ma­da la he­mos he­cho en­tre to­dos des­de la amis­tad y el com­pa­ñe­ris­mo.

—¿Cuál es el men­sa­je de es­te mu­si­cal en el que, por no fal­tar, no fal­ta ni Dios?

—El men­sa­je de es­ta his­to­ria es «Sé tú mis­mo, eli­ge tu pro­pio ca­mino, atré­ve­te a ha­cer lo que te ha­ga fe­liz, lo que te ayu­da a cre­cer, ha­cer­te ma­yor». La re­li­gión es­tá de fon­do, co­mo en Sis­ter Act, pe­ro se ha­bla

de mu­chos más te­mas.

—Es­tás en­tu­sias­ma­da con la his­to­ria. ¿Es la pe­lí­cu­la de tu vi­da?

—Sí. Es el pro­yec­to de mi vi­da. Por to­do lo que su­po­ne, por la im­pli­ca­ción per­so­nal, por mi her­mano, por­que ya son mi fa­mi­lia… Por ha­ber em­pe­za­do un pro­yec­to de la na­da y ver to­do lo que ha cre­ci­do y en lo que se ha con­ver­ti­do. Cuan­do lo pien­so, ¡me pa­re­ce in­creí­ble!

—Una aven­tu­ra «di­vi­na» y en­ci­ma (sin «spoi­lers») con fi­nal fe­liz.

—Pues sí. Nun­ca pen­sé que La lla­ma­da iba a te­ner tan­to éxi­to. Al­go que em­pe­zó en el hall de un tea­tro pe­que­ñi­to y hoy po­de­mos dis­fru­tar en pan­ta­lla gran­de. Los Ja­vis [Ja­vier Am­bros­si y Ja­vier Calvo] me han en­se­ña­do que con pa­sión y tra­ba­jo los sue­ños se pue­den cum­plir por mu­chos obs­tácu­los que te va­yas en­con­tran­do en el ca­mino.

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