In­ma va de ca­ra

In­ma se con­fie­sa in­ten­sa, tan­to que una ami­ga la de­fi­ne co­mo «ro­man­ce­ra». Un ad­je­ti­vo muy lor­quiano que le va co­mo ani­llo al de­do a es­ta ac­triz de ojos enor­mes que «ja­más mien­ten». «Yo no pa­so de pun­ti­llas por las co­sas», di­ce, y eso que pa­ra In­ma el día

La Voz de Galicia (A Coruña) - Yes - - PORTADA - TEXTO: SAN­DRA FA­GI­NAS

AIn­ma Cues­ta (25 de ju­nio de 1980) es di­fí­cil se­guir­le el rit­mo, ha­bla a ve­lo­ci­dad y pa­ra cuan­do te das cuen­ta es­tá me­ti­da en «otro fre­gao» de los mu­chos que tie­ne en­tre ma­nos. No pa­ra y se le no­ta que su mun­do es di­ver­so, lo mis­mo te ha­bla de su me­jor ami­ga que del ro­da­je in­ten­so en el que es­tá in­mer­sa con Pe­né­lo­pe Cruz y Javier Bar­dem. Sin de­jar de la­do esa fres­cu­ra de ella que la si­túa en­se­gui­da en un la­do ju­gue­tón, y eso que no se ríe mu­cho. Con esos enor­mes ojos en­fo­ca, di­ce, pa­ra sa­car­le pro­ve­cho y ju­go a to­do, pe­ro se re­co­no­ce en la for­tu­na de quien bus­ca la suer­te: «Ten­go y he te­ni­do mu­cha».

—Arran­cas con «El ac­ci­den­te», un «th­ri­ller» que te de­vuel­ve a la te­le­vi­sión.

—Sí, es­toy muy en­tu­sias­ma­da. Pa­ra mí ha si­do fun­da­men­tal por­que he te­ni­do mu­cha li­ber­tad y he po­di­do apor­tar mu­chí­si­mo al per­so­na­je, Lu­cía, y eso es muy gra­ti­fi­can­te. Y lue­go cuan­do su­pe quién era mi pa­re­ja no pu­de de­cir que no. Por­que cuan­do se tra­ba­ja a un rit­mo tran fre­né­ti­co es muy im­por­tan­te te­ner com­pli­ci­dad con el otro. Y en­tre Quim [Gu­tié­rrez] y yo ya la ha­bía.

—¡Qué tie­ne Quim que ha­béis coin-

ci­di­do tan­tas ve­ces! —Ja, ja. Bueno, no han si­do tan­tas. Pe­ro han si­do im­por­tan­tes y a la gen­te se le que­da en el co­ra­zón y la re­ti­na. La re­la­ción ya es­tá he­cha, sa­be­mos có­mo nos mi­ra­mos, có­mo tra­ba­ja­mos, y eso ayu­da. —¿Qué es lo que más te gus­ta de él? —Bueno, es mi cóm­pli­ce, mi ami­go, mi com­pa­ñe­ro, nos reí­mos mu­cho jun­tos, so­mos muy di­fe­ren­tes, pe­ro nos com­pe­ne­tra­mos y nos equi­li­bra­mos. Han si­do seis me­ses muy in­ten­sos y nos he­mos acom­pa­ña­do muy bien. Ha si­do un re­ga­lo.

—¿Quién ti­ra más de quién? —Mu­tua­men­te. Es ma­ra­vi­llo­so cuan­do la otra per­so­na te ha­ce cre­cer a ti y te mue­ve tan­tas co­sas, eso nos pa­sa jun­tos. —Te lan­zas­te a la pis­ci­na muy pron­to. Lo te­nías cla­ro. —Sí, yo des­de pe­que­ña que­ría ser ac­triz, bai­la­ri­na, can­tan­te, pin­to­ra... que­ría ha­cer­lo to­do. Me vi­ne a Ma­drid, hi­ce un mu­si­cal y he te­ni­do mu­cha for­tu­na. He es­ta­do en el mo­men­to ade­cua­do en el lu­gar ade­cua­do. Pe­ro creo tam­bién que yo pro­yec­to co­sas muy bo­ni­tas. Co­mo siem­pre tie­nes al­gún no, al­go que a al­guien le pue­de ha­cer aga­char la ca­be­za, pe­ro a mí no. Yo soy de las que pien­so en po­si­ti­vo y lo que tie­ne que ser pa­ra mí se­rá. He dis­fru­ta­do mu­cho siem­pre de mi tra­ba­jo y de las opor­tu­ni­da­des que he te­ni­do. —¿Qué te no­tas di­fe­ren­te si echas la vis­ta atrás? —Bueno, no sa­bría de­cir­te. Yo si­go tra­ba­jan­do con la mis­ma pa­sión que cuan­do em­pe­cé. Ten­go una ob­se­sión por se­guir apren­dien­do siem­pre; siem­pre sien­to que me que­da al­go por ha­cer... Soy un po­co in­sa­cia­ble y quie­ro ha­cer co­sas que me mue­van y que me ha­gan cre­cer. Pa­ra mí el día tie­ne 48 ho­ras, no sé có­mo ha­go to­do lo que ha­go. De re­pen­te es­toy en una pe­li, pe­ro me lle­vo li­bros pa­ra di­bu­jar, la cá­ma­ra pa­ra ha­cer fo­to­gra­fías, no pa­ro de in­ven­tar. Siem­pre es­toy in­ven­tan­do al­go.

—¿Dón­de que­dan tus ami­gos? —Tam­bién, tam­bién for­man par­te de eso. Aho­ra ten­go una com­pa­ñe­ra que me di­ce: «Quie­ro ser co­mo tú, que siem­pre tie­nes un plan, o sa­les con al­guien o tie­nes a al­guien pa­ra ir­te a al­gún si­tio».

—Es­tar­te quie­ta no va con­ti­go. —No sé, de ver­dad, no sé es­tar pa­ra­da y de­be­ría apren­der a es­tar­me quie­ta. —En «El ac­ci­den­te» hay mu­chos se­cre­tos. ¿Te guar­das mu­chos? —Sí, ha­bla de las do­bles ca­ras, de las más­ca­ras, de re­pen­te des­cu­bres que tu com­pa­ñe­ro de vi­da no es quien creías que era. Yo, ade­más, ten­go mu­cho con­flic­to con la men­ti­ra. Yo no mien­to en mi tra­ba­jo por­que lo ha­go tan de ver­dad que no mien­to, in­ter­pre­to, pe­ro no mien­to. —Eso nos de­cía Javier Gu­tié­rrez el otro día. Que no sa­be men­tir. Tú tam­po­co. —Te lo ju­ro, yo tam­po­co. Mis ojos son el es­pe­jo de mi al­ma y se me ve en los ojos. No sé men­tir.

—Pe­ro tie­nes se­cre­tos en­ton­ces... —Bueno, sí, no es lo mis­mo men­tir que no con­tar. Soy bas­tan­te trans­pa­ren­te, pe­ro su­pon­go que ten­go co­sas que so­lo me guar­do pa­ra mí. —En es­te ca­so se tra­ta de un chi­co que des­apa­re­ce en un ac­ci­den­te de avión. ¿Le tie­nes mie­do? —An­tes te­nía mie­do a su­bir, por el ago­bio, pe­ro no a que se ca­ye­ra. Ten­go una ami­ga que una vez me di­jo que le ayu­da­ra por­que se ago­bia­ba mu­chí­si­mo. Y yo le de­cía: «¿De qué tie­nes mie­do?» Y ella: «De que se cai­ga y nos ma­te­mos». Y yo la ani­ma­ba: «Mi­ra, no ten­gas mie­do de que se cai­ga, por­que si se cae nos ma­ta­mos». [Ri­sas] Pe­ro mi fra­se fi­nal pa­ra re­ma­tar­la fue: «Yo no le ten­go mie­do a la muer­te, le ten­go mie­do a la vi­da». Y en­ton­ces ya me sol­tó: «Va­le, no me es­tás ayu­dan­do ab­so­lu­ta­men­te na­da» [ri­sas]. Soy muy ex­tre­ma. —«Yo le ten­go mie­do a la vi­da» es una bue­na fra­se. —Sí, bueno, soy un po­co dramática. Soy muy de exa­ge­rar, vi­vo muy in­ten­sa­men­te, así que de pun­ti­llas no pa­so por las co­sas. Pa­ra bien o pa­ra mal soy bas­tan­te ex­tre­ma. «Ro­man­ce­ra», me di­ce una ami­ga mía. —¡Ro­man­ce­ra! Es muy lor­quiano, te pe­ga. —Sí, a mí me gus­ta pa­sar por la vi­da pi­san­do fuer­te y sien­do cons­cien­te. Por­que a ve­ces es­ta­mos: «¿Y qué quie­res ha­cer?», ha­blan­do del fu­tu­ro o del pa­sa­do y yo tra­ba­jo muy du­ro pa­ra cen­trar­me en el aho­ra. De­be­ría ser el pri­mer man­da­mien­to.

—No te co­mes el ta­rro... —Sí, tra­ba­jo en ello, es mi asig­na­tu­ra pen­dien­te, pe­ro lo ha­go pa­ra es­tar en el aho­ra. Mi tra­ba­jo ocu­pa una par­te im­por­tan­te de mi vi­da, pe­ro hay mu­chas co­sas más. Le doy el va­lor y el lu­gar que tie­ne. No vi­vo pa­ra tra­ba­jar. Evi­den­te­men­te soy muy afor­tu­na­da y mi ofi­cio es muy vo­ca­cio­nal, me en­can­ta y es pu­ra pa­sión lo que sien­to. Pe­ro no sé lo que quie­ro ser de ma­yor.

—¿Po­drías ser otra mu­jer? —No sé lo que voy a que­rer de aquí a unos cuan­tos años. No lo pien­so, la ver­dad. Me de­jo lle­var por la vi­da. —Tú te has mo­vi­do en dra­ma, («La no­via», «La voz dor­mi­da»...) y co­me­dia («Tres bo­das de más»). Tie­nes las dos ca­ras. —A mí me cos­tó que me vie­ran en co­me­dia, por­que ve­nía de ha­cer Pe­ro ten­go que de­cir en fa­vor de mis com­pa­ñe­ros que creo que tu­ve suer­te. Por­que al fi­nal no de­pen­de de ti.

La voz dor­mi­da. —Quim Gu­tié­rrez con­fe­só que en un fu­tu­ro se ve en las is­las Ba­lea­res ro­dea­do de ni­ños. ¿Tú? —Yo no me ima­gino na­da: sí me gus­ta­ría te­ner una ca­si­ta cer­ca del mar, vi­vir ro­dea­da de na­tu­ra­le­za, con ani­ma­les, y dis­fru­tar de la cal­ma. Yo soy muy de la na­tu­ra­le­za y de co­nec­tar con lo sal­va­je, va mu­cho con­mi­go. Pe­ro no ten­go na­da pla­nea­do. —Tan­tas bo­das, tan­ta no­via... Y has di­cho que pa­sas del ma­tri­mo­nio. —Sí, yo no creo en el ma­tri­mo­nio, sí en el amor, ¿eh? ¡Pe­ro tam­po­co me han ca­sa­do tan­tas ve­ces! Lo que pa­sa es que me aso­cian a eso... ¡Pe­ro no me he ca­sa­do yo mu­cho! —Va­rias ve­ces no­mi­na­da al Go­ya... ¡A ver si cae! —Sí creo que es muy di­fí­cil ga­nar, pe­ro me han no­mi­na­do tres ve­ces co­mo ac­triz pro­ta­go­nis­ta y eso pa­ra mí es ma­ra­vi­llo­so. Lue­go que lle­gue o no de­pen­de de tan­tas co­sas... No lo pien­so tam­po­co, pe­ro me sien­to muy, muy afor­tu­na­da. Siem­pre qui­se in­ter­pre­tar a Lor­ca, y lo con­se­guí, ten­go ga­nas de ha­ce un mu­si­cal, una pe­li de te­rror, es­tar en Su­da­mé­ri­ca... Aho­ra es­toy tra­ba­jan­do con Pe­né­lo­pe Cruz y con Javier Bar­dem. ¡No pue­do pe­dir más! He­mos crea­do una fa­mi­lia pre­cio­sa. —¿Has he­cho amis­tad con al­guien en es­pe­cial por tu pro­fe­sión? —Con Ma­ría León. Es mi fa­mi­lia y mi her­ma­na. Hay más gen­te, pe­ro Ma­ría es pun­to y apar­te. —¿Qué di­rías si tu­vie­ras que de­fi­nir­te en un ad­je­ti­vo?

—Que soy «muy po­si­ti­va».

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