NA­DIE DA­BA UN DU­RO...

POR ES­TAS PA­RE­JAS, PE­RO ELLAS AHÍ SI­GUEN FE­LI­CES

La Voz de Galicia (A Coruña) - Yes - - PORTADA - TEXTO: ANA ABELENDA

Son los no­vios eter­nos de A Coruña y es­te es un amor que se ha cur­ti­do en la fies­ta y la en­fer­me­dad, «y ca­da día va a más». ¿Y eso có­mo se co­me tras ca­si 30 años de ma­tri­mo­nio? Se ríen, pe­ro de en­tran­te no me dan la mano de sal ni el pun­to de coc­ción de su idi­lio. «A mí él ca­da día me gus­ta más. Los vier­nes, cuan­do sal­go de tra­ba­jar y le veo de le­jos... ¡voy co­rrien­do!», di­ce Águe­da, a la que unen tres dé­ca­das con Javier. Ma­ri­do y mu­jer, ami­gos y aman­tes, tal pa­ra cual, tan­to mon­ta mon­ta tan­to, se sien­ten jun­tos co­mo la pri­me­ra vez. La le­yen­da les pre­ce­de don­de van, y en trein­ta lar­gos años que­dan po­cos si­tios don­de no la ha­yan mon­ta’o. La fies­ta les per­si­gue, di­cen de ellos. Y ellos di­cen que la fies­ta la lle­van pues­ta. Po­drían ha­cer bue­na cró­ni­ca de años de am­bien­te en Ga­li­cia.

Ella, con raí­ces li­te­ra­rias, hi­ja de Águe­da de Vian­ney (con su ai­re a Co­rín Te­lla­do) y so­bri­na de la pre­mio Pla­ne­ta Jo­se­fi­na Ló­pez Se­ran­tes, es­cri­be des­de ni­ña un dia­rio, qui­zá al­gún día se ani­me a pu­bli­car. A ver. «No sé... En lo que es­cri­bo es­tá me­dia Coruña», son­ríe con su me­dia na­ran­ja al la­do. «Javier y yo so­mos los dos muy re­la­cio­nes pú­bli­cas, muy pa­re­ci­dos, y ca­da día nos pa­re­ce­mos más. No so­mos de atar­nos a una so­la pan­di­lla, nos gus­ta va­riar, no so­mos de es­ta­ble­cer ru­ti­nas con las amis­ta­des. Pe­ro yo con quien me­jor me lo pa­so es con él. Lo prio­ri­zo so­bre to­do lo de­más», ase­gu­ra Águe­da. «Y yo a ella tam­bién...», su­ma Javier. Por más que pa­se el tiem­po, no les pe­sa, al re­vés, siem­pre pa­re­ce que es­tén a pun­to de li­gar. «Es que no­so­tros so­mos muy de mon­tar­nos la pe­lí­cu­la», di­cen. Son enemi­gos ín­ti­mos de la mo­no­to­nía y ami­gos de im­pro­vi­sar, de ir so­bre la mar­cha a cien. «A lo me­jor es­ta­mos en un bar, me voy un mo­men­to al ba­ño y vuel­vo co­mo si no le co­no­cie­se. Nos gus­ta ha­cer­nos los des­co­no­ci­dos, de­jar­nos lle­var, sin sa­ber bien có­mo va a aca­bar la co­sa, ja ja ja», cuen­ta Águe­da. Uno de sus fuer­tes, apun­tan, es no pa­sar por el aro de cum­plir con lo que es­tá man­da­do. No tie­nen hi­jos, y eso se no­ta («Pri­me­ro pen­sa­mos que si ve­nían, bien... pe­ro nos fui­mos ha­cien­do al­go ma­yo­res y lle­gó un mo­men­to en que to­ma­mos la de­ci­sión de no te­ner­los», com­par­te Javier), ni son vul­ne­ra­bles a la pre­sión fa­mi­liar. Tie­nen

fee­ling con her­ma­nos, ni­ños y de­más, «pe­ro en ca­sa no hay ca­ma apar­te pa­ra que­dar­se a dor­mir». Por si a los so­bri­nos se les da por so­ñar...

Les pi­lla­mos en el epi­cen­tro de su zo­na so­cial en A Coruña, por po­co, por­que, fes­ti­vos de la Cons­ti­tu­ción apar­te, vo­la­rán a Ma­dei­ra a ce­le­brar No­che­bue­na y Na­vi­dad. Jun­tos en­tre la gen­te. «El am­bien­te da igual, el am­bien­te lo po­ne­mos no­so­tros. El año pa­sa­do ce­le­bra­mos No­che­bue­na en Ca­na­rias, ¡y qué bien lo pa­sa­mos! A Javier ya que­rían con­tra­tar­le en el ho­tel pa­ra la si­guien­te Na­vi­dad».

TAM­BIÉN EN LA EN­FER­ME­DAD

Check point im­por­tan­te de pa­re­ja es su gus­to por via­jar. Si vie­ne a bus­car­les la ru­ti­na, ¡no es­tán!, se ha­brán mar­cha­do con su son­ri­sa en tán­dem y su ai­re de Va­ca­cio­nes en el mar. «Nos co­no­ci­mos una no­che de fies­ta en Santiago. Yo te­nía 22 años», re­cuer­da Águe­da. «Él era muy fes­tei­ro. Le ve­nía de ca­sa. La po­pu­la­ri­dad de la fa­mi­lia Coi­ra tie­ne otra his­to­ria», di­ce quien no se que­da atrás. La no­che del fle­cha­zo na­die se ha­bría ju­ga­do un cu­ba­ta por ellos, pe­ro con los años se fue­ron al­zan­do co­pas y co­pas en su ho­nor. «Cuan­do le co­no­cí yo te­nía no­vio, pe­ro no me aca­ba­ba de ver... Hay gen­te que se ca­sa por­que to­ca, no por­que es­tén enamo­ra­dos, gen­te que es­tá por es­tar. No­so­tros nos ca­sa­mos des­pués de ocho años, y nos da­ba mie­do que se pu­die­se es­tro­pear... Pe­ro fue aún me­jor». No hay lu­na con más miel, ni mu­chos no­vios tan ca­sa­dos que pa­sen la prue­ba de fue­go de la en­fer­me­dad. Ellos su­pe­raron jun­tos el cán­cer de Javier. «En la sa­lud y en la en­fer­me­dad... Ella siem­pre es­tu­vo ahí». Y aquí es­tán, gua­pos co­mo la felicidad. La fies­ta de­be con­ti­nuar.

JAVIER Y ÁGUE­DA DOS QUE SON UNO So­mos muy fes­tei­ros y muy pa­re­ci­dos, ¡ca­da día más! No buscamos si­tios con am­bien­te, la fies­ta la po­ne­mos no­so­tros”

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