RO­BER­TO LEAL, DE «O.T.»

«SOÑÉ CON PRESENTARLO AN­TES DE QUE ME LO PROPUSIERAN»

La Voz de Galicia (A Coruña) - Yes - - PORTADA - TEX­TO: MA­RÍA VIDAL

So­ñó con pre­sen­tar al­go así an­tes de que se lo propusieran, por eso no du­dó en acep­tar. Es cons­cien­te de que ha si­do una gran in­ver­sión, aun­que en los tres úl­ti­mos me­ses ape­nas ha­ya pi­sa­do su ca­sa. Me­re­ció la pe­na, igual que de­jar de ser re­por­te­ro de las co­ci­nas. Por­que en­tre los ki­los, las ga­fas y los brac­kets se ha he­cho la «ci­ru­gía es­té­ti­ca del que no tie­ne di­ne­ro».

Es­te se­vi­llano de 38 años ha si­do el otro ga­na­dor de Ope­ra­ción Triun­fo. Su es­pon­ta­nei­dad y na­tu­ra­li­dad han con­quis­ta­do a la au­dien­cia. Ha he­cho pi­ña con los con­cur­san­tes, a los que in­clu­so les ha agra­de­ci­do el jue­go que le han da­do pa­ra le­van­tar al­gu­nas ga­las. Re­co­no­ce que han si­do tres me­ses in­ten­sos de tra­ba­jo, por­que ade­más de pre­sen­tar las ga­las de los lu­nes, el res­to de la se­ma­na no ha fa­lla­do a su ci­ta de las tar­des con Es­pa­ña Directo. Di­ce que ha te­ni­do la «suer­te» de que su mu­jer se en­cuen­tre en es­tos mo­men­tos de ba­ja ma­ter­nal y ten­ga cier­ta fle­xi­bi­li­dad pa­ra se­guir­le en­tre Ma­drid y Bar­ce­lo­na. Ha­ce seis me­ses que son cua­tro, por­que an­tes de lle­gar Lo­la, la ni­ña de sus ojos, ya vi­vían con Pe­pa, una ins­ta­gra­mer pe­rru­na con un fu­tu­ro pro­me­te­dor.

—«O. T.», ade­más de una nue­va es­tre­lla mu­si­cal, nos ha des­cu­bier­to un pre­sen­ta­dor: Ro­ber­to de Es­pa­ña.

—Es­toy su­per­con­ten­to con la reac­ción, por­que pa­ra mí tam­bién ha si­do una apues­ta. Cuan­do me die­ron el pro­gra­ma nin­guno sa­bía­mos có­mo iba a ir es­to, era un ar­ma de do­ble fi­lo, po­día ha­ber sa­li­do mal. Lo bueno es que he­mos ido de me­nos a más. Yo he ido no­tan­do el ca­ri­ño de la gen­te y es­toy su­per­fe­liz. No ten­go más que crí­ti­cas bue­nas, tam­bién de com­pa­ñe­ros de la pro­fe­sión. Al fin y al ca­bo son con los que es­tás día a día, y di­ces: «Uf». Ha si­do, co­mo tú di­ces, una ope­ra­ción triun­fo tam­bién pa­ra mí.

—¿Arries­gas­te mu­cho al acep­tar un pro­gra­ma que ya ha­bía fra­ca­sa­do an­te­rior­men­te?

—No, la ver­dad es que yo dije que sí rá­pi­da­men­te. Yo ya sa­bía que que­ría ha­cer es­te pro­gra­ma an­tes de que so­na­ra mi nom­bre. Y cuan­do des­pués de El reencuentro em­pie­za el ru­mor de que po­dría vol­ver, ja­más lo ver­ba­li­cé, pe­ro soñé con pre­sen­tar al­go así. Pe­ro, cla­ro, yo nun­ca ha­bía he­cho un con­cur­so de es­ta mis­ma mag­ni­tud. Yo mis­mo me des­car­ta­ba por­que no pen­sa­ba que iba a lle­gar esa opor­tu­ni­dad. Es ver­dad que yo ya ha­bía he­cho al­gún cás­ting den­tro de TVE de en­tre­te­ni­mien­to, pe­ro no ha­bía lle­ga­do el for­ma­to. Se fue acer­can­do la fe­cha, y un día me lla­ma­ron y me di­je­ron que que­rían que fue­ra yo. No me lo pen­sé ni un se­gun­do. Cla­ro, lue­go em­pie­zan las ex­pec­ta­ti­vas muy al­tas de la vuelta, y el run­rún de a ver qué pa­sa con Ope­ra­ción Triun­fo,y es cuan­do pien­so: «Oja­lá que es­to sal­ga bien, por­que si no pa­ra ti tam­bién pue­de ser un tor­ta­zo». Gra­cias a Dios, sa­lió to­do bien.

—Na­die di­ría que «O. T.» fue­ra a ter­mi­nar co­mo em­pe­zó.

—No. ¿Sa­bes qué pa­sa?, hay co­sas que pue­des con­tro­lar, que es ha­cer un buen cás­ting co­mo se ha he­cho; un gran­dí­si­mo tra­ba­jo en las re­des, por­que es la épo­ca que nos ha tocado vi­vir... pe­ro des­pués hay al­go que se nos es­ca­pa, que so­la­men­te pa­sa a ve­ces en te­le­vi­sión, que es la ma­gia, al­go que te atra­pa por lo que sea. Pa­só en Ope­ra­ción Triun­fo 1 y es­tá pa­san­do tam­bién en es­te. Se sien­tan va­rias ge­ne­ra­cio­nes a ver un mis­mo pro­gra­ma, y eso es muy com­pli­ca­do.

—Tú apun­tas al cás­ting, pe­ro tam­bién la se­lec­ción de te­mas pa­re­ce que ha te­ni­do mu­cho que ver, ¿no?

—Sí. El am­plio gé­ne­ro de can­cio­nes que se han can­ta­do, des­de te­mas in­die a te­mas de to­da la vida, o el úl­ti­mo éxi­to de Jus­tin Bie­ber o Be­yon­cé, al fi­nal al que le gus­ta la mú­si­ca es­tá es­cu­chan­do un con­cier­ta­zo. Tam­bién se ha he­cho una co­sa muy bien, que mu­chas de las can­cio­nes que se han can­ta­do han si­do pe­ti­cio­nes de la gen­te a tra­vés de las re­des

so­cia­les. Cuan­do un pro­gra­ma es­cu­cha a sus es­pec­ta­do­res, ga­na mu­chí­si­mo.

—¿Ha­bía una cla­ra ga­na­do­ra des­de la se­gun­da ga­la?

—No lo sé. To­do el mun­do apun­ta­ba a Amaia. Es ver­dad que es un ta­len­to in­na­to, co­mo to­dos lo que es­tán ahí, pe­ro es cier­to que no la han vis­to fa­llar. Hay gen­te que di­rá: «Bueno, es que le po­nen te­mas que no han si­do muy co­reo­gra­fia­dos...». Pe­ro na­die pue­de ne­gar que Amaia no ha­ya tocado mu­chí­si­mos re­gis­tros. Can­tó Víc­tor Ja­ra, nos dio una lec­ción con la de Sha­ke it Out que fue bru­tal, no pa­re­cía ella, la que can­tó con Al­fred, City of Stars, que fue pre­cio­sa, to­can­do el piano... es que ha de­mos­tra­do que pue­de to­car tan­tos pa­los, que creo que es lo que se bus­ca en O. T.

—¿Qué tie­nes que de­cir a es­tas vo­ces co­mo una que, por ejem­plo, el otro día en un pe­rió­di­co apun­ta­ba que lo me­jor que pue­de ha­cer Amaia es sa­lir de «Ope­ra­ción Triun­fo»?

—Yo tan­to de las crí­ti­cas bue­nas co­mo de las ma­las tra­to de sa­car al­go cons­truc­ti­vo. Es nor­mal, hay que re­lle­nar mu­chas co­lum­nas, mu­chos ar­tícu­los, y eso al fi­nal, aun­que sea ma­lo, es por­que O. T. es­tá en bo­ca de to­do el mun­do. En es­te ca­so, evi­den­te­men­te, no es­toy de acuer­do. Amaia en­ter­ne­ce el pro­gra­ma, ella ya ha­bía pa­sa­do por otros sien­do muy jo­ven­ci­ta y ha­bía de­mos­tra­do que te­nía un ta­len­to den­tro, pe­ro don­de ha cre­ci­do mu­cho, y es­to es in­ne­ga­ble, es en la aca­de­mia. —Me sor­pren­dió mu­cho el día que le dis­te las gra­cias a Roi por to­do lo que te ha­bía ayu­da­do. No es ha­bi­tual de pre­sen­ta­dor a con­cur­san­te, sino más bien al re­vés, ¿no?

—Yo creo que hay al­go que es bo­ni­to lle­var por ban­de­ra, y que te re­tra­ta, que es ser lo más pa­re­ci­do a co­mo tú eres en la vida nor­mal. Yo sé que to­dos los que nos de­di­ca­mos a es­to, y ha­go una lla­ma­da por de­lan­te, de al­gu­na ma­ne­ra ten­de­mos a una cier­ta im­pos­tu­ra. Yo lo que ha­go es huir de esa im­pos­tu­ra, por­que si no, no se­ría yo mis­mo, me cos­ta­ría mu­chí­si­mo. No hay na­da más bo­ni­to que ser agra­de­ci­do. La gen­te me de­cía: «Es que tu con­cur­san­te fa­vo­ri­to era Roi». No se­ño­res. Cla­ro que ten­go mis fa­vo­ri­tos den­tro de la aca­de­mia, pe­ro yo a es­te cha­val le te­nía mu­cho que agra­de­cer, por­que cuan­do uno es­tá en un pro­gra­ma de dos ho­ras y me­dia de directo, en el que no ten­go prom­pter, yo me sé el guion, pe­ro ne­ce­si­to tam­bién cier­tos apo­yos y que ellos, cuan­do yo les pre­gun­to, me den cier­to jue­go. Cuan­do bus­co el apo­yo de uno de ellos pa­ra que le­van­te­mos la ga­la y nos ria­mos to­dos jun­tos, yo siem­pre tu­ve ahí a Roi, y se lo qui­se agra­de­cer por­que me pa­re­cía hon­ra­do ha­cer­lo. Y es ver­dad que tan­to él co­mo otros me han ayu­da­do a cre­cer, por­que si ellos no me lle­gan a ha­ber da­do esa con­fian­za en de­ter­mi­na­dos mo­men­tos yo no me ga­na­ría a la gen­te ni a ellos mis­mos. Sor­pren­de que sor­pren­da pe­ro es la ver­dad, y ocul­tar­lo se­ría una ton­te­ría.

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