Me ven muy an­ge­li­cal, pe­ro ten­go mi pron­to Ka­ri­na”

«Mis pa­dres me en­se­ña­ron que la vi­da no es fá­cil», cuen­ta Ele­na, que em­pe­zó con so­lo 12 años a ser Ka­ri­na. La mi­tad de Car­li­tos di­ce adiós a los Al­cán­ta­ra, se va «ca­sa­da» y con nue­vos re­tos ba­jo el bra­zo. Su quí­mi­ca con Jon Kor­ta­ja­re­na es fuer­te, pe­ro ell

La Voz de Galicia (A Coruña) - Yes - - RESPONDE -

me pa­re­ce el me­jor fi­nal pa­ra Ka­ri­na».

—Sois un fiel re­tra­to de los es­pa­ño­les de va­rias ge­ne­ra­cio­nes, pe­ro con gi­ros sor­pre­sa. La mon­táis has­ta en una bo­da. —¡To­tal­men­te! Es que la re­la­ción de Carlos y Ka­ri­na siem­pre es un ni con­ti­go ni sin ti, siem­pre ha te­ni­do ese pun­to de sor­pre­sa y de lo­cu­ra. Su bo­da no po­día ser con­ven­cio­nal. Se quie­ren mu­chí­si­mo, pe­ro siem­pre es­tán a la gres­ca. Es el en­gan­che de es­ta pa­re­ja...

—Y es ve­ro­sí­mil. Las pa­re­jas reales son un po­co así, ¿o no? —Sí. La vi­da, la ver­dad, es un po­co así. No es to­do de una vez y pa­ra siem­pre, ni de co­lor de ro­sa to­do el tiem­po. En­con­tra­mos obs­tácu­los y hay que ir su­perán­do­los. Esa es la vi­da real.

—¿Has vi­vi­do tú una pe­di­da co­mo la que le ha he­cho Carlos a Ka­ri­na? —¡No, no! Ja, ja, ja. De mo­men­to... no. Pe­ro ha si­do muy ori­gi­nal. Me lla­mó la aten­ción, por­que no sa­bía có­mo lo iban a plan­tear, po­dían echar­se a lo fá­cil y tí­pi­co, y no. Me en­can­ta cuan­do Ka­ri­na le di­ce: «Te veo can­sa­do», y él le di­ce: «¿Pe­ro quie­res ca(n)sar­te con­mi­go?».

—Se pue­de es­tar fe­liz­men­te ca(n)sa­do. #Kar­li­na, el hash­tag que lle­váis en re­des, le qui­ta eti­que­tas al amor. Ha­ce años le di­jis­te a Car­li­tos: «No quie­ro ser tu no­via... ¡Yo te quie­ro más!». —¡Sí, cla­ro! Por­que hay co­sas que no tie­nen por qué en­ce­rrar­se en un nom­bre, li­mi­tar­se. Es­to de «es mi no­via» o «mi no­vio» es co­mo mar­car una pro­pie­dad. Siem­pre me ha gus­ta­do ese ca­rác­ter que tie­ne Ka­ri­na des­de pe­que­ña. Ellos dos tie­nen que es­tar jun­tos, quie­ran o no, es que se ne­ce­si­tan. El azar o el des­tino, co­mo lo quie­ras lla­mar, de­ci­de por ellos. La su­ya es una quí­mi­ca es­pe­cial, no ha­ce fal­ta ni que se ha­blen. So­lo con mi­rar­se se en­tien­den. Ri­car­do y yo fui­mos de la mano, muy a la vez. Siem­pre nos sa­lió ro­da­do, des­de que nos pre­sen­ta­mos al cás­ting e hi­ci­mos la prue­ba jun­tos lo nues­tro fun­cio­nó. ¡Hay co­sas que nos sa­len en una to­ma úni­ca! Él sa­be qué me pa­sa, o si me que­do en blan­co... nos en­ten­de­mos bien, la quí­mi­ca es fuer­te.

—¿Te re­co­no­ces mu­cho en Ka­ri­na? —Ese pron­to que tie­ne ella pa­ra sal­tar cuan­do ve que las co­sas no son jus­tas lo ten­go yo. To­das las ver­da­des las di­go a la ca­ra, yo no me an­do con ro­deos. Cuan­do me en­fa­do sa­co mi pun­to Ka­ri­na.

—Mó­ja­te sin que­dar bien con los sue­gros. ¿Al­cán­ta­ra fa­vo­ri­to? —Pues mi­ra... ¡Her­mi­nia! La abue­la es la esen­cia de Cuén­ta­me. La gen­te por la ca­lle te ha­bla so­bre to­do de Her­mi­nia, to­do el mun­do la iden­ti­fi­ca con su ma­dre o con su abue­la. Y Ma­ría (Ga­lia­na) lo ha­ce tan bien. Yo co­noz­co per­so­nal­men­te a Ma­ría...

—... que nos di­jo en una en­tre­vis­ta que ella, en reali­dad, no era na­da abue­li­ta. —¡Na­da, na­da! Pe­ro lue­go por allí en pla­tó te la co­mes. Nos cui­da mu­cho. Es

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