«Ter­mi­na­tor» no es una ame­na­za

Los ro­bots hu­ma­noi­des que se mues­tran en el Mo­bi­le World Con­gress de Bar­ce­lo­na dis­tan mu­cho de la ima­gen que acos­tum­bran a dar las pe­lí­cu­las de cien­cia fic­ción

La Voz de Galicia (Pontevedra) - - Alta Definición - JA­VIER ARMESTO

Ca­mi­nar has­ta el pa­be­llón 8.0 del Mo­bi­le World Con­gress es una he­roi­ci­dad que exi­ge atra­ve­sar to­da la fe­ria, aba­rro­ta­da por los más de 100.000 asis­ten­tes a es­te even­to mun­dial de las co­mu­ni­ca­cio­nes mó­vi­les que se ce­le­bra ca­da año en Bar­ce­lo­na. Allí en­con­tra­mos uno de los espacios más so­fis­ti­ca­dos del con­gre­so, los stands de las com­pa­ñías de dro­nes —li­de­ra­dos por dji— y los de em­pre­sas es­pe­cia­li­za­das en ro­bó­ti­ca. La ja­po­ne­sa Sof­tBank se ha hecho un hueco en es­te ne­go­cio con sus an­droi­des de re­pre­sen­ta­ción, en­tre los que des­ta­ca Pep­per, un ro­bot que ya da los bue­nos días en al­gu­nas ofi­ci­nas es­pa­ño­las, co­mo Aban­ca, Ca­rre­four, El Cor­te In­glés y Re­nault.

Pep­per es el pro­duc­to es­tre­lla de Sof­tBank, pe­ro es­ta his­to­ria de au­tó­ma­tas co­men­zó mu­cho an­tes, exac­ta­men­te ha­ce 11 años, cuan­do fue desa­rro­lla­do NAO, su her­mano ma­yor. Mu­cho más pe­que­ño, ape­nas le­van­ta 54 cen­tí­me­tros del sue­lo y pe­sa unos 7 ki­los. Se uti­li­za en en­tor­nos edu­ca­ti­vos co­mo uni­ver­si­da­des y co­le­gios, y también para ayu­dar a ni­ños au­tis­tas. Su cons­ti­tu­ción ar­ti­cu­la­da le per­mi­te eje­cu­tar nú­me­ros de bai­le co­mo el que rea­li­za para los asis­ten­tes al Mo­bi­le al rit­mo del Th­ri­ller de Mi­chael Jack­son; la mú­si­ca sa­le por los al­ta­vo­ces del ro­bot, si­tua­dos en donde de­be­rían es­tar sus ore­jas. NAO mi­de 54 cen­tí­me­tros y fue desa­rro­lla­do ha­ce on­ce años por Al­de­ba­ran, fir­ma ab­sor­bi­da por Sof­tBank.

NAO es en­tra­ña­ble pe­ro es­tá muy verde. Fue desa­rro­lla­do por Al­de­ba­ran, una fir­ma fran­ce­sa que lue­go fue ab­sor­bi­da por Sof­tBank Ro­bo­tics. Le di­cen «sha­ke hands» (da­me la mano) y en­tien­de «chee­se ca­ke» (tar­ta de que­so».

Pep­per es­tá más evo­lu­cio­na­do, te si­gue y de­tec­ta obs­tácu­los gra­cias a sus so­fis­ti­ca­dos sen­so­res y su sis­te­ma de guia­do por lá­ser. Su for­ma aniña­da no es un ca­pri­cho. Lo ex­pli­ca Da­niel Cam­po, hi­jo de emi­gran­tes ga­lle­gos (de A Co­ru­ña) que tra­ba­ja en la se­de eu­ro­pea de Sof­tBank en Pa­rís: «El di­se­ño es muy im­por­tan­te para

que sea acep­ta­do por el pú­bli­co. No es­ta­mos in­ten­tan­do re­pro­du­cir exac­ta­men­te un hu­mano, con su as­pec­to y la piel, por­que es­to no fun­cio­na­ría. Lo que que­re­mos di­se­ñar es un ro­bot que sea atrac­ti­vo, in­tere­san­te, y que ten­ga una ca­ra que no dé mie­do, por­que al fi­nal su ob­je­ti­vo es la in­ter­ac­ción: si la gen­te no le ha­bla, ya no tie­ne pro­pó­si­to».

En Sof­tBank creen que «la me­jor ma­ne­ra de co­mu­ni­car­se es ha­blan­do, no con un te­cla­do o un ra­tón —in­di­ca Cam­po—. Ca­da vez se ven más asis­ten­tes per­so­na­les co­mo Si­ri o Ale­xa y aquí te­ne­mos un ro­bot que tie­ne un

cuer­po co­mo el de un hu­mano y nos per­mi­te in­ter­ac­tuar de ma­ne­ra na­tu­ral». Pep­per es­tá en el Mo­bi­le con la vis­ta pues­ta en el clien­te em­pre­sa­rial, pe­ro en Ja­pón lo ven­den también a par­ti­cu­la­res para sus ca­sas. Se le pue­den po­ner apli­ca­cio­nes co­mo las que te­ne­mos en el smartp­ho­ne, apps para com­prar co­mi­da, You­tu­be, Fa­ce­book o re­des sociales, pe­ro también para dar cla­ses de in­glés. Pe­ro no es Ter­mi­na­tor ni un re­pli­can­te de Bla­de Run­ner. «Al fi­nal, los hu­ma­nos son los hu­ma­nos y es­to es so­lo una má­qui­na», con­clu­ye el re­pre­sen­tan­te de So­fBank.

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