«Ex­tra­ño los días gri­ses de Ga­li­cia»

Re­co­no­ce que ve to­das las ma­ña­nas el tiem­po que ha­ce en San­tia­go, aun­que no es­té pre­sen­cial­men­te

La Voz de Galicia (Pontevedra) - - Galicia - SU­SA­NA ACOSTA

RE­DAC­CIÓN / LA VOZ

Mu­chos ya lo ha­brán no­ta­do. Lino Na­ran­jo Díaz (San­ta Cla­ra, Cu­ba, 1949) ya no da los par­tes me­teo­ro­ló­gi­cos en las ra­dios, ni sale en los pe­rió­di­cos ha­blan­do del tiem­po. Tras quin­ce años al ser­vi­cio de Me­teoGa­li­cia se aca­ba de ju­bi­lar, pe­ro es­te cu­bano de ori­gen y ga­lle­go de co­ra­zón no quiere ni oír ha­blar de que­dar­se en ca­sa tran­qui­lo. Aho­ra es­tá en Boul­der (Co­lo­ra­do, EE. UU.) rea­li­zan­do un pro­yec­to de in­ves­ti­ga­ción sobre el im­pac­to de El Ni­ño a ni­vel glo­bal, in­vi­ta­do por uno de sus co­le­gas que com­par­te su pa­sión por la me­teo­ro­lo­gía.

—Le da­ba un to­que exó­ti­co a la pre­vi­sión del tiem­po. ¿Le cos­tó mu­cho apren­der el ga­lle­go? —[Se ríe] Sí, un to­que ca­ri­be­ño. Me cos­tó bas­tan­te. Me era más fá­cil ha­blar in­glés que ga­lle­go. Y me su­ce­día una co­sa que era ab­sur­da, em­pe­za­ba a ha­blar en ga- lle­go y a los dos mi­nu­tos ya es­ta­ba ha­blan­do cas­te­llano. Ade­más, hay al­gu­na fo­né­ti­ca del ga­lle­go que sí me cos­ta­ba, co­mo de­cir Xun­ta. —¿Tu­vo al­gún pro­ble­ma al prin­ci­pio con es­to? —Cuan­do yo em­pe­cé a tra­ba­jar, el im­pac­to so­cial que te­nía Me­teoGa­li­cia no era tan­to co­mo el que tu­vo a par­tir de me­dia­dos del 2006 y ya en el 2007. Ahí fue cuan­do la gen­te se em­pe­zó a dar cuen­ta de que ha­bía al­guien ha­blan­do ga­lle­go que no so­na­ba muy bien. La ma­yo­ría lo acep­tó y lo veían co­mo un es­fuer­zo, aun­que siem­pre ha­bía el que cri­ti­ca­ba. Yo siem­pre in­ten­ta­ba ha­cer­lo lo me­jor po­si­ble. A ve­ces, lo lo­gra­ba y otras ve­ces, no. —¿Co­mo fue el tra­to con los me­dios de co­mu­ni­ca­ción? —Pues ten­go que de­cir que con La Voz siem­pre he te­ni­do un sen­ti­mien­to es­pe­cial. Fue el pri­mer me­dio con el que hi­ce los pro­nós­ti­cos cuan­do em­pe­cé a tra­ba­jar y es­ta­ble­cí una em­pa­tía es­pe­cial. —¿No le di­ce la gen­te que lo echa de me­nos? —Pues sí, man­ten­go mu­cho con­tac­to con la gen­te de Me­teoGa­li­cia. Me echan de me­nos, igual que yo a ellos. Y con la gen­te de la calle, sé por re­fe­ren­cias que tam­bién mu­chos pre­gun­tan dón­de es­toy me­ti­do. —¿Có­mo aca­bó en Ga­li­cia? —Cues­tio­nes fa­mi­lia­res. Tra­ba­ja­ba en Cu­ba. Mi es­po­sa era hi­ja de un ga­lle­go, na­tu­ral de Or­des, que emi­gró a Cu­ba y se ca­só allí. Ella ob­tu­vo la na­cio­na­li­dad es­pa­ño­la y, por aquel en­ton­ces, un hi­jo mío con­si­guió una be­ca de doc­to­ra­do aquí en Ga­li­cia y de­ci­di­mos to­dos pro­bar suer­te. —Ima­gino que no se arre­pien­te. —Pa­ra na­da. Y es­toy aho­ra en un país ex­tran­je­ro y al­gu­na mo­rri­ña ten­go, no va­yas a pen­sar. —¿De la llu­via tam­bién? —Pues sí, por­que aquí el cli­ma es frío y muy se­co. Ex­tra­ño un po­co los días gri­ses de Ga­li­cia. Aquí es­toy ex­tra­ñan­do más Ga­li­cia que mi país de ori­gen. —Y ade­más del tiem­po, ¿qué otras co­sas año­ra de Ga­li­cia? —La gen­te. Me sen­tí muy arro­pa­do por to­do el mun­do en mi tra­ba­jo. Son ge­nia­les. En to­da mi vi­da la­bo­ral no he te­ni­do am­bien­te de tra­ba­jo tan bueno co­mo el de Me­teoGa­li­cia. In­clu­so tu­ve se­rias du­das a la ho­ra de ju­bi­lar­me. Me cos­tó mu­cho. —Pe­ro, ¿si­gue uni­do a Ga­li­cia? —Sí, sí. Yo ya soy un ga­lle­go de co­ra­zón y sen­ti­mien­to. In­clu­so man­ten­go con­tac­to dia­rio con los chi­cos de Me­teoGa­li­cia. —¿Y ve el tiem­po que ha­ce aquí? —Cla­ro, vi los vien­tos fuer­tes que tu­vie­ron ha­ce unos días. Me hu­bie­se gus­ta­do es­tar ahí. In­clu­so cuan­do me le­van­to por la ma­ña­na, lo pri­me­ro que ha­go es ver la tem­pe­ra­tu­ra que ha­ce en San­tia­go. —¿La gen­te lo co­no­ce por la calle? —Sí, sobre to­do, cuan­do voy al su­per­mer­ca­do. —Y sobre el cli­ma ga­lle­go, ¿tie­ne pen­sa­do in­ves­ti­gar? —No lo des­car­to, ten­go al­gu­nas co­sas pen­sa­das y a lo me­jor las apli­co pa­ra Ga­li­cia. De­pen­de­rá del tiem­po que ten­ga y de có­mo me va­ya acom­pa­ñan­do la sa­lud, que tam­bién es im­por­tan­te.

Lino Na­ran­jo ase­gu­ra que le cos­tó bas­tan­te apren­der ga­lle­go.

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