«Cuan­do se aca­ba la ta­ri­fa pla­na, aún es­tás em­pe­zan­do»

La Voz de Galicia (Pontevedra) - - Economía - M. S. D.

Óscar tie­ne 35 años, y ha­ce aho­ra tres la em­pre­sa en la que tra­ba­ja­ba ce­rró y se que­dó en el pa­ro. Tras me­ses bus­can­do al­ter­na­ti­vas, un buen día, mien­tras es­ta­ba en la pla­ya prac­ti­can­do ki­te­surf, se le ocu­rrió con­ver­tir su afi­ción en su me­dio de vi­da. Co­men­zó dan­do cla­ses par­ti­cu­la­res y aho­ra tie­ne su pro­pia es­cue­la, con se­de en Vi­la­gar­cía de Arou­sa.

«Siem­pre es­tu­ve tra­ba­jan­do por cuen­ta aje­na. En la úl­ti­ma, la co­sa fue mal y ce­rró. Yo prac­ti­ca­ba ki­te­surf y me sur­gió la idea es­tan­do en la pla­ya. La gen­te ve­nía a pre­gun­tar­me dón­de po­día apren­der y me di cuen­ta de que, real­men­te, no ha­bía na­da. Así que mon­té la es­cue­la yo so­lo con los po­cos aho­rros que me que­da­ban», cuen­ta.

«Em­pe­cé ha­ce tres años, con la pro­mo­ción de la ta­ri­fa pla­na de 50 eu­ros, que usé has­ta que se ago­tó, al sex­to mes de ac­ti­vi­dad», re­la­ta. En­ton­ces se pro­du­jo un sal­to

brus­co en la cuo­ta, que no pu­so las co­sas na­da fá­ci­les. «A los 6 me­ses es­ta­ba arran­can­do, ha­bía com­pra­do los equi­pos, la fur­go­ne­ta, y aun no te­nía un mer­ca­do he­cho, y se no­tó mu­cho. Son de re­pen­te 300 eu­ros», ase­gu­ra.

Aho­ra el ne­go­cio es­tá asen­ta­do y a la es­pe­ra de los me­ses más fuer­tes de ac­ti­vi­dad, que ya se apro­xi­man. «Al fi­nal te qui­tas un suel­do co­mo si fue­ras un em­plea­do, por­que los me­ses que ga­nas po­co tie­nes que pa­gar igual. La cuo­ta de­be­ría de es­tar en con­so­nan­cia con los in­gre­sos. Es bas­tan­te di­fí­cil, por­que no tie­nes nó­mi­na ni res­pal­do de na­da, y con­sis­te en pe­lear­te con el día a día» cuen­ta Óscar.

Ra­quel Ba­rre­ro, psi­có­lo­ga y ma­dre, de 40 años, no ha con­se­gui­do aguan­tar. Lle­va­ba tres años en el pa­ro cuan­do se lan­zó al em­pren­di­mien­to. «Me cer­ti­fi­qué en coaching y creé un des­pa­cho en­fo­ca­do a la em­pre­sa. Me ani­mó la bo­ni­fi­ca­ción de la ta­ri­fa pla­na de 50 eu­ros, pe­ro esa ta­ri­fa pa­sa vo­lan­do», afir­ma. Se vio obli­ga­da a ce­rrar su pe­que­ño ne­go­cio al po­co de de­jar de per­ci­bir la bo­ni­fi­ca­ción. «El arran­que de la ac­ti­vi­dad es com­pli­ca­da; tie­nes que ha­cer una in­ver­sión y ga­nar clien­tes lle­va tiem­po. De re­pen­te pa­sas a pa­gar ca­si 300 eu­ros y eso, pa­ra una em­pre­sa de ser­vi­cios, es muy com­pli­ca­do». «En­tre el lo­cal, los gas­tos co­rrien­tes, el po­si­cio­na­mien­to web y los im­pues­tos, el ne­go­cio no ge­ne­ra­ba su­fi­cien­te y de­ci­dí no se­guir ade­lan­te, por­que to­do lo que ga­na­ba lo gas­ta­ba en pa­gar», re­la­ta.

Ra­quel se vio obli­ga­da a ce­rrar.

Óscar ha mon­ta­do una fir­ma.

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