«En al­gu­nos paí­ses, co­mo ‘en­gra­ses’ la pri­me­ra vez, ya es­tás con­de­na­do»

La Voz de Galicia (Pontevedra) - - Economía -

No to­do fue un ca­mino de ro­sas, co­mo el aban­dono de Ve­ne­zue­la. «Si tú eres em­pre­sa­rio y no eres po­lí­ti­co y, por en­ci­ma, eres ex­tran­je­ro, allí te pue­de pa­sar de to­do. Si no en­gra­sas la ma­qui­na­ria no pue­des fun­cio­nar. Y eso es muy pe­li­gro­so. Pues co­mo en­gra­ses la pri­me­ra vez, ya es­tás con­de­na­do. Aque­llo no nos gus­tó y por eso nos fui­mos. Siem­pre te bus­ca­ban las cos­qui­llas», re­cuer­da. —Y lle­gó El Sal­va­dor. —Me di­je­ran que ha­bía un si­tio muy bueno y, efec­ti­va­men­te lo era, y nos que­da­mos, fue cuan­do sur­gió la fá­bri­ca. Hoy en día fun­cio­na muy bien. Ade­más de ha­cer lo­mos, ha­ce con­ser­va pa­ra Amé­ri­ca central, Mé­xi­co y Es­ta­dos Uni­dos. Con el tiem­po apa­re­ció la opor­tu­ni­dad de Bra­sil (Go­mes da Cos­ta), que era la se­gun­da con­ser­ve­ra del país. Ven­día un fon­do ame­ri­cano, que te­nía el 50 %, y el 30 % de los socios lo­ca­les, con lo cual lo­gra­mos la ma­yo­ría. Hoy en día es la pri­me­ra de Bra­sil con una cuo­ta de mer­ca­do del 55 % en sar­di­na y 75 % en atún. Cuan­do la co­gi­mos era un 20 y un 15 % de atún. En diez años la lle­va­mos a don­de es­tá hoy. —¿Se pue­de con­si­de­rar que uno de sus éxi­tos ha si­do man­te­ner la fa­mi­lia uni­da? —Eso es mu­cho la edu­ca­ción que he­mos apren­di­do en ca­sa. Es mé­ri­to de mi pa­dre. Cuan­do es­ta­ba mu­rién­do­se nos di­jo que si­guié­se­mos uni­dos. «Uni­dos va­léis mu­cho, se­pa­ra­dos no va­léis na­da», fue una de sus frases. Yo le su­ce­dí y to­do mi em­pe­ño fue te­ner a mis her­ma­nos uni­dos. Eso, en la vi­da, son ce­sio­nes de uno, ce­sio­nes de otro, pe­ro lo im­por­tan­te es te­ner a la gen­te uni­da. Con­mi­go co­la­bo­ra­ban Ma­no­lo, y lue­go Chi­cha. Te­ne­mos la suer­te de te­ner unas her­ma­nas que nos ani­ma­ban y unos cu­ña­dos que es­ta­ban por la cau­sa. Y ahí lle­gó la ter­ce­ra ge­ne­ra­ción, que ya es­tá in­cor­po­ra­da. Y ahí es­tán to­das las ra­mas. Es­tán al fren­te del con­se­jo de ad­mi­nis­tra­ción. Lo que me que­da es el don del con­se­jo y la ex­pe­rien­cia y to­do lo que me ne­ce­si­ten. —¿Qué pe­li­gros ace­chan ac­tual­men­te a la con­ser­va? —Pe­li­gros los te­ne­mos to­dos los días. En ca­so con­tra­rio, no se­ría en­tre­te­ni­do es­to. Es­pa­ña es el se­gun­do país del mun­do en con­ser­va de atún. La sar­di­na se nos ha des­apa­re­ci­do, por des­gra­cia. Te­ne­mos em­pre­sas pre­pa­ra­das pa­ra ex­por­tar y ex­por­ta­mos mu­cho. Lo que hay es que es­tar en pun­ta de téc­ni­ca siem­pre y re­no­ván­do­te con­ti­nua­men­te. An­tes, el con­se­jo del vie­jo ser­vía pa­ra siem­pre. Hoy en día, no. Tie­nes que co­ger y aco­ger to­do lo que te ofre­ce la cien­cia y la in­for­má­ti­ca y lu­char. Hoy lu­chas por me­dio cén­ti­mo.

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