Do­ce pe­rros guía pa­ra to­da la pro­vin­cia

«Ona­ra» es la úni­ca la­za­ri­lla de la ciu­dad de Pon­te­ve­dra. Lle­va un año con Ma­ría

La Voz de Galicia (Pontevedra) - - Pontevedra - CAR­MEN GAR­CÍA DE BUR­GOS

Ona­ra es ne­gra y muy jo­ven­ci­ta. Aun­que na­ci­da en Ma­drid, lle­va un año vi­vien­do con Ma­ría en Pon­te­ve­dra. Ma­ría Ca­sal­de­rrey tie­ne, así, la suer­te de te­ner el úni­co pe­rro guía de la ciu­dad y uno de los do­ce que hay en to­da la pro­vin­cia. En Ga­li­cia hay un to­tal de 35 la­za­ri­llos en ac­ti­vo, que as­cien­den a más de 1.100 en Es­pa­ña. No es una cues­tión de ci­fras, se­ña­lan des­de la Fun­da­ción ON­CE de Pe­rros Guía. No so­lo de­pen­de de la po­bla­ción to­tal, o de la cie­ga, que hay en una zo­na. Su ni­vel de desa­rro­llo, por ejem­plo, es uno de los fac­to­res a te­ner en cuen­ta. En gran­des ciu­da­des la mo­vi­li­dad es más com­ple­ja pa­ra las per­so­nas con po­ca vi­sión, ya que tie­nen que ha­cer uso del trans­por­te pú­bli­co, los des­pla­za­mien­tos son más lar­gos, hay más aglo­me­ra­ción de gen­te y más obs­tácu­los que sor­tear. En nú­cleos pe­que­ños, por el con­tra­rio, los des­pla­za­mien­tos son más cor­tos. De ahí que la de­man­da sea tam­bién más es­ca­sa.

La fun­da­ción, que aca­ba de es­tre­nar una pá­gi­na web (www.pe­rros­guia.on­ce.es) con to­da la in­for­ma­ción re­la­cio­na­da con el te­ma, no exi­ge nin­gún re­qui­si­to pa­ra so­li­ci­tar un pe­rro guía. Quien lo pi­da so­lo tie­ne que ser cons­cien­te de una co­sa: es un pe­rro. «Tie­ne que gus­tar­te los ani­ma­les», ex­pli­ca Ma­ría. Ella no tu- Ma­ría Ca­sal­de­rrey y la pe­que­ña «Ona­ra» lle­van jun­tas un año pe­ro ya son in­se­pa­ra­bles.

vo que es­pe­rar ni si­quie­ra la mi­tad de tiem­po que la me­dia pa­ra que le asig­na­ran uno. Un año des­pués de so­li­ci­tar­lo, Ona­ra en­tra­ba en su ca­sa pa­ra ha­cer­se una par­te im­pres­cin­di­ble de su vi­da. La prin­ci­pal cau­sa de la lis­ta de es­pe­ra pa­ra con­se­guir uno de es­tos com­pa­ñe­ros in­can­sa­bles e in­con­di­cio­na­les es el lar­go pro­ce­so de adies­tra­mien­to que re­quie­ren. A los dos me­ses de na­cer, los ca­cho­rros —por sus con­di­cio­nes fí­si­cas y de tem­pe­ra­men­to, las ra­zas más co­mu­nes son la­bra­dor re­trie­ver, gol­den re­trie­ver, pas­tor ale­mán y flat coated re­trie­ver— son en­via­dos a una fa­mi­lia edu­ca­do­ra de Ma­drid, don­de

«apren­den a con­vi­vir con per­so­nas pró­xi­mas y ex­tra­ñas y se acos­tum­bran a dis­tin­tas si­tua­cio­nes, ob­je­tos y so­ni­dos co­mo el trans­por­te pú­bli­co, las tien­das o el bu­lli­cio. Tam­bién es la eta­pa ideal pa­ra ad­qui­rir un ni­vel de obe­dien­cia bá­si­ca», se­ña­la la or­ga­ni­za­ción. Al año, re­gre­san a la es­cue­la y em­pie­zan el adies­tra­mien­to, que du­ra 6 u 8 me­ses.

Aun­que no se de­ci­dió a ini­ciar el pro­ce­di­mien­to has­ta ha­ce un par de años, Ma­ría lle­va nue­ve sin ver más que som­bras. Fue des­de que un día, con 33 años, se le­van­tó un día no­tan­do que al­go ra­ro le ocu­rría en los ojos. No le dio im­por­tan­cia, pen­só que era una

caí­da de ten­sión o de azú­car, pe­ro «des­pués de co­mer­me no sé cuán­tas fa­ro­las y ár­bo­les, fui al mé­di­co». Le hi­cie­ron prue­bas de mé­du­la de neu­ro­lo­gía y fi­nal­men­te ave­ri­gua­ron que era ge­né­ti­ca. En­ton­ces des­cu­brió que te­nía una en­fer­me­dad ra­ra, la neu­ro­pa­tía óp­ti­ca bi­la­te­ral de Le­vel, que trans­mi­ten pe­ro no pa­de­cen las mu­je­res y que se pue­de sal­tar va­rias ge­ne­ra­cio­nes. Sue­le apa­re­cer en­tre los 30 y los 33 años. En el ca­so de la pon­te­ve­dre­sa, que tie­ne aho­ra 41 años, se sal­tó cin­co y de­ci­dió que­dar­se en ella, en lu­gar de en los pa­rien­tes va­ro­nes. Aho­ra las dos for­man un tán­dem irrom­pi­ble.

CA­PO­TI­LLO

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