El es­pí­ri­tu de Pi­teas re­vi­ve en Can­gas

Los alum­nos del Pon­dal in­ves­ti­gan más que es­tu­dian y desa­rro­llan su ta­len­to tam­bién en las ho­ras de cla­se

La Voz de Galicia (Pontevedra) - - Galicia - SA­RA CA­RREI­RA TEX­TO MER­CE­DES MORALEJO Y XOÁN CAR­LOS GIL FO­TOS CAN­GAS / LA VOZ

Pi­teas era un ti­po cu­rio­so. Na­ci­do en Mar­se­lla en el si­glo IV a.C., co­gió su bar­ca de re­mos de es­ca­so ca­la­do, di­se­ña­da para cos­tear el Me­di­te­rrá­neo, y se fue a co­no­cer mun­do. Fue el pri­me­ro que se­ña­ló a Ibe­ria co­mo una pe­nín­su­la y si­guió su­bien­do has­ta Di­na­mar­ca y el Ár­ti­co, don­de vio la au­ro­ra bo­real y el sol de me­dia­no­che. Pi­teas es un ejem­plo de mo­ti­va­ción, ta­len­to y tra­ba­jo. Por eso lo ha ele­gi­do la Fun­da­ción Ba­rrié para dar nom­bre a su pro­gra­ma para el fo­men­to del ta­len­to y el apren­di­za­je au­tó­no­mo en el alum­na­do.

El CPR Eduar­do Pon­dal es uno de los ocho cen­tros ga­lle­gos ele­gi­dos para el plan pi­lo­to de Pi­teas. Para es­ta coope­ra­ti­va de pro­fe­so­res, un cen­tro lai­co que in­clu­ye des­de guar­de­ría a ESO y aho­ra un au­la de edu­ca­ción es­pe­cial, la in­no­va­ción es al­go ha­bi­tual. De los co­le­gios que han sa­li­do en es­ta se­rie de Cen­tros In­no­va­do­res, el Pon­dal es­tá en la par­te más al­ta, con un de­sa­rro­llo es­pec­ta­cu­lar del apren­di­za­je ba­sa­do en pro­yec­tos y el tra­ba­jo co­la­bo­ra­ti­vo.

Allí la cu­rio­si­dad tie­ne ca­te­go­ría de asig­na­tu­ra, por­que sin esa ne­ce­si­dad de sa­ber más no se en­tien­de el tra­ba­jo de pro­fe­so­res. De nin­gún cur­so, por­que des­de el pri­mer mo­men­to se fo­men­ta la in­ves­ti­ga­ción. En pri­me­ro de pri­ma­ria, la cla­se de Do­ris es­tá es­tu­dian­do a Pi­cas­so. Di­vi­di­da en gru­pos —en los que ca­da alumno tie­ne un pa­pel, que va ro­tan­do— ca­da equi­po eli­ge un cua­dro y eta­pa. Es­tu­dian la téc­ni­ca uti­li­za­da por el maes­tro, los co­lo­res, sus in­no­va­cio­nes... y des­pués lo plas­man en al­go prác­ti­co, el pro­duc­to fi­nal que va uni­do a la fi­lo­so­fía de Pi­teas: ca­da gru­po va a pin­tar el cua­dro que es­tu­dia­ron, des­pués se ha­rá una es­pe­cie de ga­le­ría en el co­le­gio, con tien­da in­clui­da y el di­ne­ro re­cau­da­do irá a la oe­ne­gé que de­ci­dan los ni­ños. De es­ta ma­ne­ra los alum­nos de pri­me­ro apren­den el cu­rrícu­lo que les in­di­ca la Lomce en prác­ti­ca­men­te to­das las ma­te­rias, ade­más de fo­men­tar la ora­to­ria (tie­nen que ex­po­ner un tra­ba­jo), la psi­co­mo­tri­ci­dad (ha­rán una per­for­man­ce con mú­si­ca y con su cuer­po for­ma­rán

el nom­bre del pin­tor) y la edu­ca­ción en va­lo­res.

En el Pon­dal los pro­fe­so­res po­nen mu­cho én­fa­sis en que los ni­ños apren­dan a ra­zo­nar y a in­ves­ti­gar. Pe­ro no nos en­ga­ñe­mos, seis o sie­te años no dan para mu­cho. Por eso es­tán to­do el ra­to pre­gun­tan­do a Do­ris, que dul­ce­men­te les de­ri­va a la fuen­te: el li­bro que les pa­só, la in­for­ma­ción de la ta­ble­ta... Es di­fí­cil acos­tum­brar­se a ha­cer­lo uno mis­mo, má­xi­me cuan­do en ca­sa hay una fa­mi­lia an­sio­sa por cum­plir los de­seos an­tes de sa­ber que se tie­nen. Por si aca­so, en el pa­si­llo hay unos car­te­les que re­cuer­dan a los ni­ños el pro­ce­so: «Ve­xo, pen­so, pre­gun­to». Es «una ru­ti­na, una des­tre­za que se apren­de», di­ce Guio­mar Ló­pez Tron­co­so, la di­rec­to­ra pe­da­gó­gi­ca.

A por el ta­len­to

Con el mé­to­do SEM (en que se ba­sa Pi­teas) uno de los ob­je­ti­vos, tal vez el más emo­cio­nan­te de to­dos, es fo­men­tar el ta­len­to de ca­da uno. «Si eres bueno en una co­sa —re­su­me Do­ris—, no­so­tros lo fo­men­ta­mos, por­que nos da­mos cuen­ta que te sien­tes me­jor, más a gus­to y eres ca­paz de tra­ba­jar más y apren­der más. Al fi­nal, me­jo­ras en to­do». No va­le eso del que va mal en ma­tes ten­ga do­ble ra­ción de asig­na­tu­ra.

Per­mi­tir que el alumno desa­rro­lle sus ha­bi­li­da­des sir­ve ade­más de guía para el maes­tro so­bre qué es­ti­mu­lar en ca­da ca­so: «De­tec­tas las ca­pa­ci­da­des de ca­da uno, pe­ro mu­chas otras co­sas, por­que a ve­ces los ni­ños se ex­pre­san de las ma­ne­ras más sor­pren­den­tes», con­fir­ma Ma­ri Vi­las, pro­fe­so­ra de quin­to. Para el día de la paz, la cla­se ana­li­zó el poe­ma El co­ra­zón de la tie­rra de Glo­ria Fuer­tes, y Vi­las les pro­pu­so a los alum­nos que hi­cie­sen su pro­pio poe­ma uti­li­zan­do las mis­mas pa­la­bras, pe­ro en un or­den di­fe­ren­te. ¡Im­pre­sio­nan­tes al­gu­nos poe­mas! Por no ha­blar de los di­bu­jos. En al­gu­nos se de­tec­ta­ba cla­ra­men­te el su­fri­mien­to in­terno del alumno, una pis­ta que pue­de ex­pli­car com­por­ta­mien­tos y sir­ve para po­ner al tu­tor so­bre un pro­ble­ma que de otra for­ma tal vez ni su­po­nía.

El Pon­dal lle­va mu­cho tiem­po en la sen­da de la in­no­va­ción y por eso aho­ra va dan­do pa­sos ve­ta­dos to­da­vía para la ma­yo­ría de los cen­tros. Por ejem­plo, en quin­to y sex­to de pri­ma­ria ya no hay un au­la A o B. Lo que exis­ten son cla­ses te­má­ti­cas: au­la de co­mu­ni­ca­ción ma­te­má­ti­ca, lin­güís­ti­ca, cien­tí­fi­ca... allí se va acu­mu­lan­do co­no­ci­mien­to, de ver­dad: pi­rá­mi­des gi­gan­tes que va­len para es­tu­diar los ali­men­tos, gui­ño­les que se usan año tras año (una de las ac­ti­vi­da­des más re­pe­ti­das es crear ma­rio­ne­tas, y es­cri­bir y re­pre­sen­tar obras con ellas).

Len­guas «com­pac­ta­das»

Ade­más, se han «com­pac­ta­do» las len­guas: ga­lle­go y cas­te­llano se dan a la vez de quin­to de pri­ma­ria a se­gun­do de ESO. En ca­da au­la hay dos pro­fe­so­res (uno por ma­te­ria) y «va­mos ha­blan­do co­mo se ha­bla en la vi­da nor­mal, tie­nes con­ver­sa­cio­nes en ga­lle­go y otras en cas­te­llano. Los ni­ños ni se dan cuen­ta», ex­pli­ca Ma­ri Vi­las, tu­to­ra de sex­to.

Los alum­nos ya no con­ci­ben otra for­ma de apren­der. Re­co­no­cen que tra­ba­jan mu­cho, pe­ro na­die se plan­tea dor­mi­tar en un rin­cón en la ho­ra de cla­se. De he­cho, en el co­le­gio, don­de co­men, el ho­ra­rio a ve­ces se di­fu­mi­na: «Al me­dio­día apro­ve­cho para ade­lan­tar tra­ba­jo», di­ce un alumno tras en­sa­yar con su flau­ta.

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