«Jue­go sin pen­sar en na­da»

El rey de los pa­ses de gol en Se­gun­da se­gui­rá ju­gan­do has­ta que cum­pla los 39 años

La Voz de Galicia (Pontevedra) - - Deportes - PE­DRO BA­RREI­ROS

Ju­lio Ál­va­rez, por mu­chos con­si­de­ra­do el me­jor de Se­gun­da, aca­ba de am­pliar su con­tra­to con el Nu­man­cia has­ta ju­nio del 2019, con op­ción a otro año más. To­do un re­to para es­te co­ru­ñés al que el fút­bol le bro­ta del ta­len­to. —¿Sa­be cuán­tos pa­ses de gol lle­va en su ca­rre­ra? —Me de­cían el otro día que so­lo en Se­gun­da lle­vo 73, y el si­guien­te es Pe­dro, del El­che, con 30 o así, me­nos de la mi­tad. —¿Có­mo los ha­ce? ¿Es al­go en lo que pien­sa an­tes de los par­ti­dos? —Ten­go la cos­tum­bre de va­ciar la men­te de pen­sa­mien­tos, ten­go bas­tan­te facilidad para no pen­sar en na­da. Pien­so que hay que ju­gar sin pen­sar, yo jue­go sin pen­sar en na­da, por­que uno lo lle­va to­do in­terio­ri­za­do en el sub­cons­cien­te. Me gus­ta ju­gar y no me po­ne ner­vio­so, ni me da ten­sión. —Me­dia do­ce­na de equi­pos en su ca­rre­ra, pe­ro nin­guno ga­lle­go ¿en us­ted se cum­ple lo di­fí­cil que es ser pro­fe­ta en su tie­rra? —Sí, en mi ca­so to­do el mun­do sa­be la si­tua­ción y la his­to­ria con Len­do­iro. Creo que te­nía­mos que ha­ber si­do más adul­tos to­dos y ha­ber de­ja­do aque­llo en el ol­vi­do para po­der vol­ver al­gún día a ves­tir la ca­mi­se­ta del De­por­ti­vo. Pe­ro las co­sas son así, pa­san por al­go. Yo siem­pre le voy a desear lo me­jor al Dé­por y al Cel­ta y a los de­más equi­pos ga­lle­gos. No se ha da­do la ca­sua­li­dad de vol­ver a ca­sa a ju­gar al fút­bol, pe­ro son cir­cuns­tan­cias y en el fu­tu­ro quién sa­be, a lo me­jor en mi se­gun­da eta­pa en el fút­bol pro­fe­sio- nal sí que ten­go la opor­tu­ni­dad. —¿Sa­be qué va a ha­cer lue­go? ¿Se­rá en­tre­na­dor? —He he­cho el cur­so de en­tre­na­dor y el de di­rec­tor de­por­ti­vo. Es­tá cla­ro que me gus­ta­ría de­di­car­me a es­to en el fu­tu­ro, pe­ro no he de­ci­di­do si ban­qui­llo o des­pa­cho. Es lo que me gus­ta, para lo que me he pre­pa­ra­do y para lo que creo que soy vá­li­do, pe­ro el fút­bol me ha da­do la opor­tu­ni­dad de se­guir ju­gan­do y po­co a po­co iré de­ci­dien­do. Ha­ré lo que más me ha­ga fe­liz. —¿Cuán­to fút­bol ve a la se­ma­na? —Pues mu­cho, por­que es mi pa­sión y sue­lo ver mu­chos par­ti­dos de to­do ti­po y de mu­chas li­gas. Me gus­ta co­no­cer for­mas de tra­ba­jar y for­mas de ju­gar di­fe­ren­tes, co­no­cer a los ju­ga­do­res, me gus­ta ju­gar con los jó­ve­nes del ves­tua­rio al Co­mu­nio, a mí to­do lo que sea fút­bol me en­can­ta. —¿Qué li­gas ve? —Has­ta ha­ce unos años no veía mucha li­ga in­gle­sa ni ale­ma­na. Aho­ra sue­lo ver mu­cho la li­ga bra­si­le­ña, por­que hay fut­bo­lis­tas muy bue­nos. La que no ten­go to­da­vía muy do­mi­na­da es la MLS. Vi mu­cho el año pa­sa­do la Li­ga in­dia. Me gus­ta ver las di­fe­ren­tes for­mas de ver el fút­bol. —¿Se fi­ja en las ju­ga­das? ¿Apren­de al­go nue­vo? —Las veo por­que me gus­ta y tam­bién por­que se apren­de. Es­te año es­toy vien­do mucha Se­gun­da B. Ves un mon­tón de co­sas bue­nas en un par­ti­do co­mo el del miér­co­les en el Ber­na­béu y en uno de Se­gun­da B en­tre el Ra­cing de San­tan­der y el Cel­ta B tam­bién. —Tie­ne tres hi­jos, ¿de eso sí que se ha re­ti­ra­do de­fi­ni­ti­va­men­te? —Sí, de eso sí, gra­cias a Dios. A los dos nos en­can­ta­ría ser más fa­mi­lia nu­me­ro­sa, pe­ro mi mujer tie­ne tres ce­sá­reas y una cuar­ta no pue­de ser. —¿Le gus­ta­ría que fue­sen fut­bo­lis­tas? —Ten­go dos ni­ños y una ni­ña. Hu­go es el ma­yor y tie­ne 7 años, y Lu­cas el me­diano. Los dos jue­gan, pe­ro le gus­ta un po­co más al ma­yor. Jue­ga en el equi­po del co­le­gio, por­que le gus­ta es­tar con sus ami­gos, pe­ro un po­co co­mo afi­ción, no por­que su pa­dre sea fut­bo­lis­ta, sino por­que se lo pa­sa muy bien. —¿Y la ni­ña? —Yo, en­can­ta­do. Que ella de­ci­da lo que le gus­te. En el equi­po de mi hi­jo la que me­te los go­les es una chi­ca, así que si le gus­ta... pe­ro no creo que le gus­te mu­cho, no la veo con ba­lo­nes por ca­sa. —¿Qué tie­ne So­ria para un chi­co de Sa­da y una chi­ca de Mur­cia? —Se jun­ta un po­co to­do: una vi­da fa­mi­liar que nos gus­ta, en­tre­nar en un si­tio có­mo­do y que se dis­fru­ta mu­cho del fút­bol, en el que des­de el pri­mer día me sien­to muy im­por­tan­te y muy que­ri­do. Y nos gus­ta mu­cho es­tar tan cer­ca de Ma­drid para des­co­nec­tar con los ni­ños. Por­que es­ta­mos a 200 ki­ló­me­tros de Ma­drid por una au­to­vía que han he­cho nue­va y que en ho­ra y me­dia es­tás. Es to­do po­si­ti­vo. Pe­ro so­bre to­do que hay nor­ma­li­dad, hu­mil­dad y que aho­ra que­re­mos me­jo­rar co­mo club en to­dos los as­pec­tos y es­tar en­tre los me­jo­res. Y esa do­sis de am­bi­ción tam­bién me gus­ta. —Ha­brá leí­do a Ma­cha­do. —Bueno, un po­co. No soy un vir­tuo­so de la bue­na lec­tu­ra. Pe­ro in­ten­tas apren­der de to­do y aquí no so­lo exis­te Ma­cha­do, hay mu­chos otros. Y aquí hay mucha na­tu­ra­le­za y mucha cul­tu­ra. Los so­ria­nos son gen­te muy cul­ta.

ILUS­TRA­CIÓN ABRALDES

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