Las ca­nas de un ban­qui­llo

La Voz de Galicia (Pontevedra) - - Deportes - An­tón Bruquetas

No hay un pro­fe­sio­nal con más po­der que un ju­ga­dor de fút­bol y no hay un je­fe más vo­lá­til que su en­tre­na­dor. Lo con­tra­tan para sa­car el má­xi­mo ren­di­mien­to a una plan­ti­lla, pe­ro de­be ase­gu­rar­se de que esos fut­bo­lis­tas in­terio­ri­zan su idea. De lo con­tra­rio, es­tá aca­ba­do. Po­co an­tes de que se em­pe­za­se a di- fu­mi­nar la au­reo­la que lo acom­pa­ñó en el Ath­le­tic, tan so­lo 24 ho­ras des­pués de per­der la fi­nal de Co­pa del 2012 an­te el Ba­rça por 3-0, Mar­ce­lo Biel­sa dio sen­ti­do a esa fra­se. Al día si­guien­te ci­tó al equi­po para con­fe­sar­le a sus chi­cos que es­ta­ba aver­gon­za­do. No por ha­ber per­di­do aquel par­ti­do, sino por la for­ma en que lo ha­bían per­di­do. «No ju­ga­mos para ga­nar, por­que para ju­gar para ga­nar, mu­cha­chos, hay que ha­cer lo que uno pla­neó que ha­ría, cre­yen­do que eso per­mi­ti­ría el triun­fo. Y no lo hi­ci­mos», les di­jo. En un ne­go­cio tan in­dus­tria­li­za­do, los exá­me­nes se re­suel­ven por mi­lí­me­tros. Con que un mí­ni­mo por­cen­ta­je de un equi­po se des­co­nec­te, el ren­di­mien­to se eva­po­ra. Es la fa­mo­sa in­ten­si­dad de Zi­da­ne. El dis­cur­so del fran­cés irri­ta a sus co­le­gas, por­que im­pli­ca un re­duc­cio­nis­mo exa­ge­ra­do. Pe­ro a es­tos crí­ti­cos con el téc­ni­co del Ma­drid les cos­ta­rá un ri­ñón ex­pli­car la re­su­rrec­ción del Lei­ces­ter.

Los en­tre­na­do­res no so­lo se exa­mi­nan con sus fut­bo­lis­tas. Lo ha­cen tam­bién con la gra­da y con la per­so­na que los con­tra­ta, que sue­le ser un afi­cio­na­do más. Y los fo­ro­fos, sean de la cla­se que sean, en­cie­rran un pe­ca­do: mi­man a sus ído­los, que siem­pre vis­ten de cor­to. So­lo así se ex­pli­ca que al me­jor equi­po de la his­to­ria, el que ideó Guar­dio­la, lo ha­yan re­bau­ti­za­do co­mo el Ba­rça de Mes­si.

Esa com­ple­ja vi­da en per­ma­nen­te es­ta­do de de­bi­li­dad se cuan­ti­fi­ca en las ca­nas que Luis En­ri­que ha acu­mu­la­do du­ran­te los úl­ti­mos tres años, jus­to el tiem­po que va a du­rar su no­ta­ble ci­clo en el Camp Nou. Pa­ra­dó­ji­ca­men­te, aho­ra que ha anun­cia­do que se mar­cha, le em­pie­zan a llo­ver elo­gios, co­mo si so­lo a los muer­tos se les pu­die­se dar ca­ri­ño. Su­pon­go que el as­tu­riano no tar­da­rá en vol­ver, por­que, pe­se a to­do, los en­tre­na­do­res se lle­nan de me­lan­co­lía cuan­do se ale­jan de la ban­da. Pe­pe Mel, sin ir más le­jos, pi­dió un re­ga­lo sin­gu­lar para el pa­sa­do 28 de fe­bre­ro, el día en que cum­plía 54 años: ne­ce­si­ta­ba un equi­po.

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain

© PressReader. All rights reserved.