La de­ten­ción de un con­duc­tor atra­pa en Pon­te­ve­dra a su acom­pa­ñan­te

La Voz de Galicia (Pontevedra) - - Pontevedra - L. PENIDE

«A mi qué me im­por­ta él, lo que me im­por­tan­te es que iba a Vi­go y aho­ra me he que­da­do en Pon­te­ve­dra y no sé qué ha­cer». La de­ten­ción ayer por la ma­ña­na de un con­duc­tor tu­vo co­mo con­se­cuen­cia co­la­te­ral que su acom­pa­ñan­te ter­mi­na­se atra­pa­do en la ciu­dad del Lé­rez pre­gun­tán­do­se có­mo ha­cer pa­ra des­pla­zar­se has­ta la ciu­dad olí­vi­ca.

So­bre las diez de la ma­ña­na, una do­ta­ción de la Po­li­cía Lo­cal dio el al­to a un tu­ris­mo que tran­si­ta­ba por la ave­ni­da de Rei­na Vic­to­ria tras ve­ri­fi­car que el vehícu­lo ca­re­cía de se­gu­ro, así co­mo que no cons­ta­ba que hu­bie­se pa­sa­do la ITV. Ya con el tu­ris­mo de­te­ni­do, un fuer­te olor a po­rro re­ci­bía a los agen­tes cuan­do se dis­po­nían a en­tre­vis­tar­se con el con­duc­tor, cir­cuns­tan­cia que de­ter­mi­nó que le so­me­tie­ran a la prue­ba de de­tec­ción de es­tu­pe­fa­cien­tes. No sor­pren­dió a na­die cuan­do es­ta dio po­si­ti­vo por con­su­mo de can­na­bis.

Pa­ra­le­la­men­te, los po­li­cías co­te­ja­ron la iden­ti­dad del con­duc­tor, de 41 años, con las ba­ses de da­tos. De es­te mo­do, com­pro­ba­ron que le fi­gu­ra­ba una or­den de bús­que­da y cap­tu­ra dic­ta­da por un juz­ga­do de Vi­go por un que­bran­ta­mien­to de con­de­na. Es­ta cir­cuns­tan­cia pro­pi­ció su de­ten­ción y pos­te­rior tras­la­do a la Co­mi­sa­ría Pro­vin­cial, al tiem­po que el vehícu­lo era in­mo­vi­li­za­do y re­ti­ra­do por la grúa mu­ni­ci­pal.

Am­bas de­ci­sio­nes de­ja­ron con un pal­mo de na­ri­ces a su acom­pa­ñan­te, un jo­ven de Vi­go. Y no era pa­ra me­nos. A fin de cuen­tas, «el due­ño del co­che soy yo», ma­ni­fes­tó an­tes de acla­rar que no lo po­día con­du­cir «por­que no ten­go car­né». Fue­ron los pro­pios agen­tes mu­ni­ci­pa­les los que le in­di­ca­ron la di­rec­ción de la es­ta­ción de bu­ses y tren.

Tras cua­tro li­bros, el fis­cal Luis Anguita Jue­ga ex­pli­ci­ta, por pri­me­ra vez, en ¿To­mo un ca­fé o to­mo tu vi­da? el se­xo. «Fue al­go di­fi­ci­lí­si­mo. Pen­sé que po­día es­cri­bir­lo de­jan­do en­tre­ver las re­la­cio­nes se­xua­les o atre­ver­me a es­cri­bir so­bre ellas. Fue una de­ci­sión muy com­pli­ca­da. Me di­je en­ton­ces ‘‘va­mos a vi­vir­las’’. He tra­ta­do de vi­vir có­mo se es­tán pro­du­cien­do esos mo­men­tos en­tre los di­fe­ren­tes per­so­na­jes y, a par­tir de ahí, de­ci­dí que si en­tra­ba en ellas, las iba a con­tar to­das. Ha­bía que rom­per ba­rre­ras, rom­per el mie­do, el qué di­rán y una vez que lo he he­cho, a lo he­cho, pe­cho». —¿Qué es lo que se van a en­con­trar los lec­to­res? —A mí siem­pre me gus­ta ju­gar con con­cep­tos co­mo la amis­tad, el amor, la es­pe­ran­za, la lu­cha por un sue­ño... Pe­ro en es­ta, en con­cre­to, por la te­má­ti­ca y los per­so­na­jes, hay un al­to con­te­ni­do eró­ti­co y sen­sual. Me he atre­vi­do a en­trar en una fa­ce­ta que has­ta aho­ra en mis li­bros, si bien es­ta­ba pre­sen­te de pa­sa­da, aho­ra vi que era ne­ce­sa­rio... Son per­so­nas que es­tán en los 35 o 40 años y el con­cep­to de re­la­ción se­xual ha cam­bia­do. El pro­ta­go­nis­ta es al­guien que ha triun­fa­do en la vi­da, que le va muy bien, que con­si­de­ra que su vi­da es per­fec­ta, al que le en- Luis Anguita Jue­ga, en la pre­sen­ta­ción de su an­te­rior li­bro.

can­ta tra­ba­jar co­mo es­cri­tor y sa­lir ca­da no­che, se­du­cir a una mu­jer y cuan­do vuel­ve a ca­sa le en­can­ta res­pi­rar la ciu­dad y ver que al rit­mo que él re­gre­sa se cru­za con per­so­nas es­tre­sa­das que van al tra­ba­jo. Él, por el con­tra­rio, se di­ri­ge tran­qui­la­men­te a su apar­ta­men­to a dor­mir con­ven­ci­do de que dis­fru­ta la vi­da, mien­tras que los de­más es­tán es­tre­sa­dos. —¿A su al­re­de­dor ha­brá to­do ti­po de per­so­na­jes? —Va a coin­ci­dir con ellos en la edi­to­rial en la que tra­ba­ja. En el li­bro se ve có­mo les ha ido, por­que en es­ta so­cie­dad no a to­do el mun­do le va bien. En una so­cie­dad muy com­pe­ti­ti­va y, de he­cho, hay al­gún per­so­na­je que le ha ido bien pro­fe­sio­nal­men­te, una mu­jer de gran be­lle­za, pe­ro que es­tá can­sa­da de que los hom­bres la

quie­ran so­lo por el fí­si­co. Busca que se le res­pe­te por lo que va­le. Lue­go hay otros per­so­na­jes que son gen­te nor­mal, que tie­nen su tra­ba­jo, que lu­chan por lle­gar a fin de mes... Y gen­te que pien­sa que a su edad los sue­ños ya no se pue­den cum­plir. —¿Y por qué es­te tí­tu­lo? —Al pro­ta­go­nis­ta, tras la enési­ma no­che de se­duc­ción, una mu­jer le pre­gun­ta: «¿To­mas un ca­fé o to­mas mi vi­da?». En ese mo­men­to, con una son­ri­sa for­za­da, res­pon­de: «Me­jor el ca­fé que no la vi­da». Sin em­bar­go, cuan­do sa­lé del apar­ta­men­to se va a dar cuen­ta de que es­tá va­cío. —¿Se po­dría de­cir que exis­te un pa­ra­le­lis­mo con las no­ve­las an­te­rio­res por el he­cho de que los sen­ti­mien­tos tie­nen una im­por­tan­te do­sis de pro­ta­go­nis­mo? —No. La Fis­ca­lía es mi tra­ba­jo y en lo que siem­pre he creí­do. Creo en la Jus­ti­cia. Ca­da uno de no­so­tros tie­ne su pa­pel y ser fis­cal es lo que siem­pre he que­ri­do ser y me en­can­ta. Es un tra­ba­jo mu­chas ve­ces du­ro, in­gra­to, pe­ro es mi tra­ba­jo. Eso sí, hay una vi­da des­pués de ser fis­cal, una vi­da fa­mi­liar, una vi­da per­so­nal y una vi­da, en mi ca­so, pa­ra es­cri­bir li­bros. Cuan­do es­cri­bo no soy fis­cal. —Me ima­gino, en to­do ca­so, qué se re­ci­ben más fe­li­ci­ta­cio­nes co­mo es­cri­tor que co­mo fis­cal. —Sin du­da. Co­mo fis­cal, hay días en los que tie­nes que ocul­tar lo que eres por­que le gen­te tam­bién tie­ne de­re­cho a es­tar ca­brea­da. Estamos muy de­nos­ta­dos y que te di­gan co­sas bo­ni­tas es com­pli­ca­do.

La pre­sen­ta­ción se­rá es­te vier­nes en la li­bre­ría Ba­ro­ja a par­tir de las 19.30 ho­ras.

CAPOTILLO

L. PENIDE

Un ins­tan­te de la de­ten­ción del con­duc­tor.

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain

© PressReader. All rights reserved.