Ou­bi­ña vuel­ve a man­char­se las ma­nos, es­ta vez con tie­rra

Ayer fue su pri­mer día de tra­ba­jo en la ca­sa de aco­gi­da, re­qui­si­to esen­cial pa­ra su ter­cer gra­do

La Voz de Galicia (Pontevedra) - - Galicia - JA­VIER RO­ME­RO

Lau­reano Ou­bi­ña ha vuel­to a man­char­se las ma­nos. En es­ta oca­sión, con tie­rra, y de un co­lor muy pa­re­ci­do al cho­co­la­te de siem­pre. Ayer fue su pri­mer día de tra­ba­jo en la ca­sa de aco­gi­da, des­pués de que el cen­tro de in­ser­ción so­cial (CIS) en el que re­si­de au­to­ri­za­se, el miér­co­les, los ho­ra­rios que re­gu­lan su nue­va vi­da. Y lo ha he­cho ro­dea­do de in­mi­gran­tes y de un úni­co to­xi­có­mano.

Plan­tar gi­ra­so­les, vi­gi­lar si las ga­lli­nas po­nen hue­vos y, de ha­cer­lo, re­co­ger­los. Co­no­cer las ins­ta­la­cio­nes, car­gar tie­rra o lo que se re­qui­rie­se fue­ron sus otros co­me­ti­dos, y to­do ello vis­tien­do un chán­dal, una pren­da con la que po­cas ve­ces se ha de­ja­do ver es­te arou­sano con­de­na­do tres ve­ces por trá­fi­co de ha­chís a gran es­ca­la y una por blan­queo de ca­pi­ta­les.

Ou­bi­ña es­ta­ba a las nue­ve de la ma­ña­na de ayer en el cen­tro de aco­gi­da, ubi­ca­do en la Co­mu­ni­dad de Ma­drid y ges­tio­na­do por la Fun­da­ción San Fran­cis­co de Asís. Po­co des­pués de las cua­tro de la tar­de em­pren­dió el via­je de vuel­ta pa­ra lle­gar al CIS a la ho­ra fi­ja­da, las 17.00. La in­ten­ción de Ou­bi­ña es mo­ver­se en su pro­pio co­che por la ca­pi­tal de Es­pa­ña, aun­que, por aho­ra, re­co­no­ce te­ner mie­do por los años que lle­va sin sen­tar­se de­trás de un vo­lan­te. Así que sus alle­ga­dos son los en­car­ga­dos de lle­var­lo y traer­lo.

Ma­ña­na tam­bién es­tá pre­vis­to que tra­ba­je, ya que su jor­na­da la­bo­ral se­rá de lu­nes a sá­ba­do, y no has­ta el vier­nes, co­mo se di­jo ini­cial­men­te. Ou­bi­ña tam­bién ha lo­gra­do te­ner el tutor al que le obli­ga el CIS, y que tie­ne

que ava­lar con su nom­bre y ape­lli­dos que cum­pli­rá el ré­gi­men de ter­cer gra­do que ayer, fi­nal­men­te, em­pe­zó a dis­fru­tar. Se tra­ta del mis­mo ca­pe­llán del pe­nal de Navalcarnero que le echó una mano a la ho­ra de en­con­trar tra­ba­jo, re­qui­si­to cla­ve pa­ra que la Au­dien­cia Na­cio­nal otor­ga­ra al cam­ba­dés su con­di­ción ac­tual.

Uno de los com­pa­ñe­ros que se pre­vé que ten­ga más re­la­ción con Ou­bi­ña es un po­li­to­xi­có­mano que tie­ne 48 años de edad y que es­tu­vo 31 en­gan­cha­do a ca­si to­das las dro­gas tra­di­cio­na­les. Una de ellas es el ha­chís, el mis­mo es­tu­pe­fa­cien­te por el que Ou­bi­ña fue con­de­na­do por tra­fi­car con él. Lo pre­vis­to es que el arou­sano es­té más tiem­po con él que con el res­to de los re­si­den­tes en el cen­tro. El mo­ti­vo es que, con­si­de­ra la di­rec­ción de la en­ti­dad, po­drán ayu­dar­se mu­tua­men­te.

El res­to de los com­pa­ñe­ros de tra­ba­jo son hom­bres que pro­ce­den de Áfri­ca y, al igual que Ou­bi­ña, co­no­cen en pri­me­ra per­so­na el pe­so de las ma­fias, aun­que en su ca­so se de­di­can al trá­fi­co de per­so­nas en­tre su con­ti­nen­te y Eu­ro­pa.

Fin de se­ma­na san­cio­na­do

Es­te fin de se­ma­na se­rá el pri­me­ro que Ou­bi­ña cum­pla de la san­ción im­pues­ta en su úl­ti­ma cár­cel. De he­cho, fue ayer cuan­do em­pe­za­ron a con­ta­bi­li­zar­se los 60 días há­bi­les que le han si­do im­pues­tos tras un altercado con un fun­cio­na­rio de su úl­ti­ma pri­sión por te­ner la bar­ba de­ma­sia­do lar­ga. En to­do ca­so, es­te hom­bre con­de­na­do tres ve­ces por narcotráfico ase­gu­ra­ba ayer sen­tir­se so­bre to­do muy fe­liz, por es­ta nue­va opor­tu­ni­dad que le han brin­da­do la Au­dien­cia Na­cio­nal y la vi­da.

Lau­reano Ou­bi­ña, ayer, con una ca­rre­ti­lla en su pri­mer día de tra­ba­jo.

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain

© PressReader. All rights reserved.