«Co­mo y pin­to en el mis­mo si­tio, co­mo cuan­do era cha­val»

El pin­cel geo­mé­tri­co de Me­ju­to es­tá de vuel­ta. Su «Rúa da To­rre, 39» se abre pú­bli­co es­ta tar­de, en la sa­la Ri­vas Brio­nes

La Voz de Galicia (Pontevedra) - - Pontevedra - SERXIO GON­ZÁ­LEZ

Hoy • 20.30 ho­ras • Sa­la Ri­vas Brio­nes • Vi­la­gar­cía • Han trans­cu­rri­do quin­ce años des­de su úl­ti­ma in­cur­sión en la Ri­vas Brio­nes. Tiem­po su­fi­cien­te pa­ra que ha­yan su­ce­di­do mu­chas y va­ria­das co­sas en el par­ti­cu­lar uni­ver­so crea­ti­vo de Ví­tor Me­ju­to. —¿Por qué «Rúa da To­rre»?

—Es mi es­tu­dio de A Coruña. De he­cho, la por­ta­da del ca­tá­lo­go es la fa­cha­da. Co­mo y pin­to en el mis­mo si­tio, co­mo cuan­do era un cha­val. Cuan­do in­vi­to a al­guien a co­mer, re­ti­ro los tu­bos de pin­tu­ra y pon­go el man­tel. —¿Qué hay del me­nú?

—Es el tra­ba­jo de los dos úl­ti­mos años, per­te­ne­cien­te a dos se­ries. El «Tra­ta­do en­ci­clo­pé­di­co de sas­tre­ría», que se co­rres­pon­de con el po­líp­ti­co que he­mos col­ga­do, es­tá ins­pi­ra­do en el li­bro de pa­tro­nes del sas­tre de Al­fon­so XIII. Cuan­do ce­rré es­ta se­rie, des­pués de la ex­po­si­ción «El cor­te mo­derno», del año pa­sa­do en la ga­le­ría Monty 4, me su­mer­gí en unas va­ria­cio­nes de cua­dros del Pra­do. —De ahí sur­ge una pe­cu­liar «Ren­di­ción de Bre­da», ¿no?

—Sí, la «Ren­di­ción cua­dra­da de Bre­da». Pe­ro tam­bién «La caí­da de Íca­ro», un te­ma re­cu­rren­te en mi obra, o «El des­cen­di­mien­to», de Van Der Wey­den. Y ten­go una deu­da pen­dien­te con las Me­ni­nas. —¿Con las Me­ni­nas?

—Des­de que Pi­cas­so las to­có, to­do ha ido a peor con ellas. De­ma­sia­do ma­no­seo. Ten­go ga­nas de dar­les el día li­bre a las Me­ni­nas. Si pres­cin­des de ellas te que­das con un cua­dro geo­mé­tri­co, las pers­pec­ti­vas, el ca­ba­lle­te... —Da la im­pre­sión de que en es­ta «Rúa da To­rre» ha­bi­ta un Me­ju­to dis­tin­to. Tal vez en el tra­ta­mien­to del co­lor... —No en el tra­ta­mien­to del co­lor. Pe­ro el es­tu­dio sí ha in­flui­do en el for­ma­to. Son obras más pe­que­ñas, más ín­ti­mas. Lo que es nue­vo es la fi­gu­ra­ción, que se mues­tra sin di­si­mu­lo. El ri­gor es al­go ex­ce­len­te pa­ra al­gu­nas co­sas, pe­ro em­po­bre­ce el tra­ba­jo en otras. Creo que hay que ser fle­xi­ble y di­ver­tir­se. A me­nu­do, los pin­to­res geo­mé­tri­cos pa­re­cen sa­cer­do­tes de una re­li­gión a la que el pú­bli­co no lle­ga. —Una li­tur­gia de la que, sin em­bar­go, has par­ti­ci­pa­do a fon­do, ex­clu­yen­do esa fi­gu­ra­ción. —Des­car­tán­do­la, sí. Pe­ro una vez la Fun­da­ción Valle-In­clán me en­car­gó un cua­dro. Lo hi­ce con Max Es­tre­lla. Y el he­cho de tra­ba­jar ese te­ma me obli­gó a sa­lir de mi zo­na de con­fort. Tra­du­cir for­mas que no son tu­yas a tus pro­pios re­gis­tros re­sul­ta muy es­ti­mu­lan­te. In­sis­to, ade­más, en que es ne­ce­sa­rio di­ver­tir­se.

M. MISER

Víc­tor Me­ju­to.

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