El Obra­doi­ro ne­ce­si­ta un día per­fec­to an­te el Real Ma­drid

La Voz de Galicia (Pontevedra) - - Deportes -

El Obra­doi­ro ten­drá que afron­tar en Sar uno de los en­cuen­tros más com­pli­ca­dos del cur­so El po­ten­te Real Ma­drid vi­si­ta­rá la ca­pi­tal ga­lle­ga con el ob­je­ti­vo de re­cu­pe­rar el pri­mer pues­to en la ta­bla cla­si­fi­ca­to­ria de la Liga En­de­sa. Pa­ra ga­nar­le al Real Ma­drid no hay mu­chos se­cre­tos. La fór­mu­la es la mis­ma de siem­pre, es de­cir, que el Obra reali­ce un par­ti­do per­fec­to, tan­to en de­fen­sa co­mo en ata­que, y que el ri­val no ten­ga un buen día. An­te con­jun­tos co­mo el Real Ma­drid o el Bar­ce­lo­na no se pue­de te­ner ni un so­lo mi­nu­to ma­lo a lo lar­go del en­cuen­tro.

Pa­ra te­ner al­gu­na op­ción, el Obra de­be­rá cam­biar su pé­si­mo balance ofen­si­vo en lan­za­mien­tos de lar­ga dis­tan­cia. Por eso, Mon­cho Fer­nán­dez es­pe­ra que me­jo­ren los por­cen­ta­jes de Bend­zius, McCon­nell y Dulkys, que son los que más jue­gan y los que tie­nen ma­yor res­pon­sa­bi­li­dad en el tri­ple. «Ne­ce­si­ta­mos su acier­to y es­pe­ro que suban los por­cen­ta­jes de esa te­rri­ble me­dia que aho­ra tenemos», sub­ra­ya el téc­ni­co. «Hay que acer­tar mu­chí­si­mo y tam­bién de­pen­der de que el Real Ma­drid no ten­ga el día que tie­ne mu­chas ve­ces a lo lar­go de la tem­po­ra­da. Pa­ra ga­nar­le a un equi­po así hay que te­ner un ni­vel ex­cep­cio­nal y que ellos no lo ten­gan. Pe­ro la his­to­ria di­ce que eso a ve­ces ocu­rre».

Na­da que re­pro­char

Mon­cho Fer­nán­dez, pe­se a las úl­ti­mas derrotas y a los mar­ca­do­res tan abul­ta­dos que en­ca­jó su equi­po, en­tien­de que hay «muy po­cos par­ti­dos en los que se le pue­da re­pro­char a los ju­ga­do­res que se ha­yan to­ca­do las na­ri­ces. Se en­tre­gan, pe­lean y lu­chan y al equi­po no se le pue­de de­cir na­da en es­te sen­ti­do. El pro­ble­ma es que no las me­te­mos», ex­pli­ca el en­tre­na­dor ga­lle­go.

El Real Ma­drid, que lle­ga a la ca­pi­tal ga­lle­ga tras su­pe­rar en el clá­si­co al Bar­ce­lo­na (76-75) y per­der en Gre­cia con el Pa­nat­hi­nai­kos, ocu­pa la se­gun­da po­si­ción, con 6 derrotas, una más que el lí­der Te­ne­ri­fe, las mis­mas que el Va­len­cia y una me­nos que Bas­ko­nia, Uni­ca­ja y Ba­rça. Cin­co de sus seis derrotas fue­ron en can­cha aje­na: Bar­ce­lo­na (85-75), Be­tis (86-85), Bas­ko­nia (77-62), Uni­ca­ja (82-78) y Te­ne­ri­fe (75-64). En Ma­drid so­lo ganó el Gran Ca­na­ria (81-93).

Jo­sé Manuel García lo ha con­se­gui­do. Ya ha­ce tiem­po que sus dos hi­jos pes­can con él. Y no de for­ma tes­ti­mo­nial sino de ma­ne­ra asi­dua y con ex­ce­len­tes re­sul­ta­dos. La­men­ta­ble­men­te es­ta his­to­ria no es muy co­mún en­tre las fa­mi­lias de pes­ca­do­res. Y Jo­sé Manuel sa­be muy bien por qué. «Por­que pa­ra que ellos pes­quen yo me he pa­sa­do mu­chos días en el río sin pes­car», es­gri­me es­te afi­cio­na­do de Be­tan­zos y ha­bi­tual de los co­tos de Che­lo y Aran­ga en el río Man­deo, cu­yo ve­da de sal­món se le­van­ta­rá el pró­xi­mo 1 de ma­yo.

Es­te pa­cien­te pa­dre re­cuer­da có­mo la mi­ño­ca se ha­ce de­ma­sia­do te­dio­sa pa­ra ino­cu­lar es­ta afi­ción en­tre los cha­va­les. «Pa­sa­mos Jo­sé Manuel po­sa en el río Man­deo con sus hi­jos Da­niel y Mar­tín.

pron­to a la cu­cha­ri­lla y ahí sí que se ani­ma­ron más por­que lo de lan­zar el se­dal y pa­sar­te un ra­to es­pe­ran­do, eso no...». Sus hi­jos son Da­niel, de 20 años, y Mar­tín,

de 16. «Es im­po­si­ble lle­var­los con­ti­go de pesca e in­ten­tar pes­car, si pes­cas tú no pes­can ellos, las dos co­sas es im­po­si­ble, y si no los atien­des se aca­ban abu­rrien­do y ti­ran con la ca­ña y con to­do», ex­pli­ca Jo­sé Manuel, quien no ha per­di­do un ápi­ce de sus ha­bi­li­da­des co­mo pes­ca­dor en ese tiem­po que des­ti­nó a la enseñanza de sus hi­jos: en ju­nio es­ta­rá en el Cam­peo­na­to de Es­pa­ña de Pesca en Ór­bi­go des­pués de cla­si­fi­car­se ter­ce­ro en el au­to­nó­mi­co. Y su hi­jo ma­yor ya tie­ne en ca­sa el tro­feo de cam­peón pro­vin­cial.

Jo­sé Manuel in­clu­so re­co­mien­da «in­ter­cam­biar hi­jos» cuan­do se tra­ta de en­se­ñar­les a pes­car. «Se to­man más en se­rio a la per­so­na con la que no tie­nen tan­ta con­fian­za», ar­gu­men­ta.

Por su par­te, Mar­tín, el me­nor, re­co­no­ce que es una ra­ra es­pe­cie en su ge­ne­ra­ción. «De mi cur­so (3º de ESO) no co­noz­co a na­die que pes­que», sen­ten­cia.

C. D.

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