Má­la­ga obli­ga­rá a los due­ños de los 100.000 ca­nes del mu­ni­ci­pio a ha­cer prue­bas de ADN pa­ra iden­ti­fi­car he­ces no re­co­gi­das

Es­te ayun­ta­mien­to se su­ma a una idea que ya usan otros, co­mo el de Her­na­ni, que em­pe­zó en el 2011

La Voz de Galicia (Pontevedra) - - Sociedad -

No es al­go nue­vo, pe­ro ayer se hi­zo efec­ti­vo. Má­la­ga apro­bó un pro­yec­to que es­tu­dia­ba des­de el 2015 pa­ra obli­gar a los due­ños de los 100.000 pe­rros cen­sa­dos en su te­rri­to­rio a rea­li­zar prue­bas de ADN a sus mas­co­tas pa­ra fa­ci­li­tar la iden­ti­fi­ca­ción de los ex­cre­men­tos que ha­llen en las ca­lles, se­gún DPA. La or­de­nan­za mu­ni­ci­pal es­ta­ble­ce el re­gis­tro ge­né­ti­co obli­ga­to­rio pa­ra ata­car «dos im­por­tan­tes pro­ble­mas»: el aban­dono de pe­rros adul­tos y «la ne­ce­si­dad de me­jo­rar el control de la pre­sen­cia de ex­cre­men­tos en la vía pú­bli­ca, al po­der lo­ca­li­zar su ori­gen». Ya no va­le eso de mi­rar pa­ra otro la­do pa­ra no te­ner que lim­piar los ex­cre­men­tos que aca­ban lle­nan­do lue­go par­ques o ace­ras.

La ciu­dad, de me­dio millón de ha­bi­tan­tes, cuen­ta ya con un re­gis­tro mu­ni­ci­pal de ani­ma­les de com­pa­ñía que in­clu­ye unos 100.000 ca­nes. Ca­da uno es­tá iden­ti­fi­ca­do con un mi­cro­chip car­ga­do con di­ver­sos da­tos, al que se su­ma­rá ahora el per­fil de ADN.

Los due­ños de los ani­ma­les ten­drán un pla­zo de seis me­ses a par­tir de la en­tra­da en vigor de la or­de­nan­za pa­ra acu­dir a un ve­te­ri­na­rio que to­me la prue­ba de san­gre. Los da­tos ge­né­ti­cos se in­clui­rán tam­bién en una cha­pa iden­ti­fi­ca­ti­va que lle­va­rá el pe­rro.

Más con­ce­llos

El de Má­la­ga no es el úni­co ayun­ta­mien­to es­pa­ñol que plan­tea es­ta ini­cia­ti­va. Uno de los pri­me­ros fue el de Her­na­ni (País Vas­co) en el 2011. En­ton­ces cau­só una gran po­lé­mi­ca co­mo me­di­da pa­ra pa­rar a los due­ños que no re­co­gen los ex­cre­men­tos, con el pre­jui­cio que ello su­po­ne pa­ra el res­to de la po­bla­ción y pa­ra los pro­pie­ta­rios que cum­plen con la nor­ma y que mu­chas ve­ces han de so­por­tar las bron­cas de los que se han man­cha­do los za­pa­tos con las de­po­si­cio­nes.

Va­rios mu­ni­ci­pios ca­ta­la­nes tam­bién es­tu­dia­ron es­ta al­ter­na­ti­va ya el año pa­sa­do. Lo mis­mo que el de Valencia y otros más de la co­mu­ni­dad. La me­di­da no es más que la evi­den­cia de que las or­de­nan­zas que mul­tan a aque­llos que no re­co­gen no son efec­ti­vas. De ahí que al­gu­nos go­bier­nos lo­ca­les se apun­ten a es­ta idea.

Ins­ti­tu­cio­nes aca­dé­mi­cas co­mo la del País Vas­co y la Au­tó­no­ma de Bar­ce­lo­na co­la­bo­ran rea­li­zan­do las analíticas. Ade­más, el

va­lor de la prue­ba de ADN no es tan ele­va­do co­mo una nor­mal. Puede ron­dar los 30 euros por ca­da test.

O. SCARFF AFP

Un bull­dog des­can­sa.

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