«Es­toy apren­dien­do a co­rrer»

De­si­rée Vi­la no fal­ta a su dia­ria ci­ta de ho­ra y me­dia con el gimnasio

La Voz de Galicia (Pontevedra) - - Deportes - RI­TA A. TU­DE­LA

Ca­da día De­si­rée va al gimnasio. Ape­nas tie­ne que cru­zar una ca­lle des­de su re­si­den­cia uni­ver­si­ta­ria en Can­ter­bury. En­tre­na una ho­ra y me­dia dia­ria. La lo­ca­li­za­ción es­tá es­co­gi­da a pro­pó­si­to, pa­ra que sea fá­cil y la dis­tan­cia no im­pi­da la vi­si­ta dia­ria. En la es­ca­le­ra, una ci­ta de Mi­chael Jor­dan que pa­re­ce es­cri­ta di­rec­ta­men­te pa­ra la vi­gue­sa ani­ma a los usua­rios a con­se­guir las co­sas que se pro­po­nen. Las paredes en ver­de fos­fo­ri­to le dan ale­gría a la sa­la. Na­da más en­trar ya la lla­man por su nom­bre. El mo­ni­tor le ha co­gi­do ca­ri­ño tras ha­blar con ella los úl­ti­mos me­ses: «Es muy bue­na chica». En el ves­tua­rio las paredes están pin­ta­das en ro­sa. Aquí De­si­rée tie­ne que cam­biar la pró­te­sis pa­ra po­der co­rrer y usar las má­qui­nas.

«Ahora voy po­co a po­co, es­toy apren­dien­do a co­rrer y con me­jo­rar un po­co ca­da día ya me sien­to sa­tis­fe­cha», cuen­ta. Re­co­no­ce que ha­ber si­do de­por­tis­ta de éli­te le ayu­dó a su­pe­rar su si­tua­ción, so­bre to­do psi­co­ló­gi­ca­men­te, ha­cién­do­lo mu­cho más rá­pi­do que cual­quier otra per­so­na. Pe­ro ade­más men­cio­na una se­rie de va­lo­res que tam­bién es­tu­vie­ron ahí pa­ra ayu­dar­la cuan­do más lo ne­ce­si­ta­ba. «Te­nía la cons­tan­cia, el no ren­dir­me, el se­guir y se­guir», aña­de.

De­si­rée ex­pli­ca có­mo los días que te­nía que ir a rehabilitación los vio co­mo las jor­na­das de en­treno cuan­do ha­cía gimnasia. Su ob­je­ti­vo no era otro que adap­tar­se a la pró­te­sis lo an­tes po­si­ble y po­der ca­mi­nar. La es­tan­cia en el hos­pi­tal y la ampu­tación de la pier­na de­re­cha la de­ja­ron muy dé­bil: «Fue du­ro con­se­guir fuer­za en el mu­ñón, fue co­mo vol­ver a em­pe­zar».

Qui­zás lo que más le cos­tó fue dar­se cuen­ta de que no po­día vol­ver a ha­cer gimnasia. «Fue muy brus­co la ma­ne­ra en la que tu­ve que aban­do­nar mi ca­rre­ra de­por­ti­va», pun­tua­li­za. Ahora puede ha­cer una vi­da ca­si nor­mal. Le cues­ta su­bir es­ca­le­ras pe­ro en dos se­gun­dos es ca­paz de ha­cer una pi­rue­ta en me­dio del pa­tio. Cuan­do es­tá en Ga­li­cia tam­bién le gus­ta ir a la piscina, pe­ro ahora re­co­no­ce que aquí no tie­ne tiem­po pa­ra más.

De­si­rée es cons­cien­te de que no puede pa­sar­se con las ce­nas de No­che­bue­na y las co­mi­das de Na­vi­dad y aca­bar co­gien­do esos ki­los de más tras los días de ex­ce­sos. La ra­zón no es otra que tie­ne que te­ner un control es­tric­to so­bre su pe­so pa­ra que no va­ríe el ta­ma­ño del mu­ñón don­de van en­ca­ja­das las pró­te­sis. La­men­ta que la gimnasia rít­mi­ca no sea un

de­por­te pa­ra­lím­pi­co, pe­ro re­co­no­ce que el de­por­te siem­pre es­ta­rá pre­sen­te en su vi­da. De hecho, estudia Tu­ris­mo con la idea de es­pe­cia­li­zar­se en el es­tu­dio de las ciu­da­des que al­ber­gan Jue­gos Olím­pi­cos y sa­ber qué ti­po

de per­so­nas las vi­si­tan des­pués de la ci­ta de­por­ti­va, qué ac­ti­vi­da­des pue­den desa­rro­llar­se en ese es­pa­cio y el ti­po de tu­ris­mo que les puede se­guir dan­do vi­da.

En su pró­xi­ma vi­si­ta a Lon­dres, co­nec­ta­da con Can­ter­bury en un tren que tar­da ape­nas una ho­ra de via­je, re­co­no­ce que da­rá un pa­seo por la zo­na de Straf­ford, don­de están la ma­yo­ría de las ins­ta­la­cio­nes de los Jue­gos Olím­pi­cos del 2012 y que to­da­vía no ha vi­si­ta­do.

FO­TOS: R. A. TU­DE­LA

De­si­rée acu­de ca­da día al menos una ho­ra y me­dia al gimnasio.

La gim­nas­ta rea­li­za una es­pec­ta­cu­lar pi­rue­ta.

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