«No, no me in­tere­sa el “Guernica” pa­ra el Prado. No vol­ve­rá aquí»

La Voz de Galicia (Pontevedra) - - Cultura - MI­GUEL LORENCI

Falomir, que ten­drá co­mo se­gun­do a An­drés Úbe­da, otro hom­bre de la ca­sa, avi­sa de que po­see sus pro­pias ideas

La paz lle­ga con Mi­guel Falomir (Va­len­cia, 1966). «No me in­tere­sa el Guernica en el Prado», di­jo el nue­vo di­rec­tor de la pi­na­co­te­ca so­bre el lien­zo de Pi­cas­so po­co an­tes de to­mar po­se­sión del car­go —to­ma el re­le­vo de Mi­guel Zu­ga­za— ova­cio­na­do por sus com­pa­ñe­ros. —¿Qué le de­ci­dió a acep­tar? —Va­lo­ré lo per­so­nal y lo pro­fe­sio­nal, que me preo­cu­pa más. Asu­mir el car­go su­po­ne de­jar de la­do la his­to­ria del arte y de­di­car­se a la ges­tión de la his­to­ria del arte. Ten­go 50 años y mu­chos pro­yec­tos en la ca­be­za. Me pa­re­ció pre­ma­tu­ro. Cam­bié de cri­te­rio por­que mu­chas per­so­nas me hi­cie­ron ver que mi po­si­ción era ma­xi­ma­lis­ta. Que con­ta­ba con una ex­ce­len­te ges­to­ra, Ma­ri­na Chin­chi­lla, y que se me pe­día la di­rec­ción in­te­lec­tual del Prado. No po­dré ha­cer ex­po­si­cio­nes y ac­tuar co­mo con­ser­va­dor, pe­ro no se tra­ta­ba de ser un ges­tor en ex­clu­si­va. Cul­mi­na­ré pro­yec­tos co­mo el ca­tá­lo­go de Ti­ziano y la ex­po­si­ción de re­tra­tos de Lo­ren­zo Lot­to, pe­ro no com­pe­ti­ré con los con­ser­va­do­res. Falomir, ayer en su to­ma de po­se­sión.

—La de Falomir ¿se­rá una re­vo­lu­ción tran­qui­la? —Du­ran­te los dos úl­ti­mos años fui el se­gun­do de Zu­ga­za, que se va con el apo­yo uná­ni­me y la ple­na apro­ba­ción de su ges­tión. Lle­vo 20 años en la ca­sa y ti­rar por la ven­ta­na to­do lo he­cho se­ría im­pru­den­te, una te­me­ri­dad. Na­die pi­de eso. Es mu­cho y bueno lo he­cho y hay que man­te­ner­lo. Pe­ro ten­go mis ideas y las desa­rro­lla­ré. —¿Con re­tos co­mo la am­plia­ción del Sa­lón de Rei­nos y el bi­cen­te­na­rio? —Am­bos nos per­mi­ten re­pen­sar qué so­mos y qué que­re­mos ser. El plan del bi­cen­te­na­rio se pre­sen­ta­rá pron­to, y de­seo que sir­va pa­ra abrir más el museo a la so­cie­dad.

En el Sa­lón del Rei­nos hay unos pla­zos muy cla­ros que se res­pe­ta­rán siempre y cuan­do ha­ya fi­nan­cia­ción. Evi­den­te­men­te, no es­ta­rá con­clui­do pa­ra el 2019. Nun­ca se pre­ten­dió y se­ría ma­te­rial­men­te im­po­si­ble. —El re­gre­so del «Guernica» ¿es un ca­pí­tu­lo ce­rra­do? —Es­pe­ro que lo sea a par­tir de hoy. No, no es­toy in­tere­sa­do en el Guernica pa­ra el Prado. Pue­do de­cir­lo más al­to, pe­ro no más cla­ro. No vol­ve­rá aquí. Es una obra fa­bu­lo­sa que cual­quier di­rec­tor que­rría. Pe­ro es­tá magníficamente bien don­de es­tá. He­mos per­di­do la pers­pec­ti­va. Tan­to el Rei­na Sofía co­mo el Prado son mu­seos na­cio­na­les de ti­tu­la­ri­dad pú­bli­ca. Lo im­por­tan­te es que el Guernica per­te­ne­ce a to­dos los es­pa­ño­les. Mien­tras sea di­rec­tor, no lo re­cla­ma­ré ni en­tra­ré en com­pe­ti­ción ni en co­li­sión con nin­gu­na ins­ti­tu­ción cul­tu­ral es­pa­ño­la. Es­toy en­can­ta­do y de­seo­so de ver la ex­po­si­ción que le de­di­can en su 80.º aniver­sa­rio. —¿Quién es su se­gun­do? —An­drés Úbe­da, el je­fe del área de pin­tu­ra ita­lia­na y fran­ce­sa. Es un car­go de con­fian­za. Lle­va 20 años en el museo y lo co­no­ce per­fec­ta­men­te. Su ca­rác­ter le per­mi­te lle­var­se bien con la gen­te, es el que más sa­be so­bre el Pa­la­cio del Buen Re­ti­ro y, da­do que es uno de los gran­des re­tos, creo que es­tá par­ti­cu­lar­men­te cua­li­fi­ca­do. —Una ra­re­za que el di­rec­tor y el sub­di­rec­tor sal­gan de la plan­ti­lla de la ca­sa. —No ocu­rría des­de Sán­chez Can­tón en 1960. Yo he si­do el agra­cia­do, pe­ro es muy im­por­tan­te. Cuan­do el museo no ha fun­cio­na­do se bus­có fue­ra; cuan­do fun­cio­na lo ló­gi­co era mi­rar den­tro. —¿Co­no­ce bien los enemi­gos que tie­ne en la ca­sa? —Quie­ro pen­sar que no los ten­go. Ha­brá quien pien­se dis­tin­to que yo so­bre cues­tio­nes con­cre­tas, y es vá­li­do, ne­ce­sa­rio y ló­gi­co. Se apren­de más de quie­nes ex­pre­san opi­nio­nes dis­tin­tas que de quie­nes se li­mi­tan a se­cun­dar lo que di­gas en vir­tud del car­go que ocu­pas. En es­tos 20 años ha ha­bi­do dis­pa­ri­da­des, pe­ro aquí na­die pier­de las for­mas. Hay gen­te edu­ca­da.

PIERRE-PHI­LIP­PE MARCOU AFP

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