Re­ti­rar un mó­vil a un hi­jo no es mal­tra­to

Una sen­ten­cia ab­suel­ve a una mu­jer de­nun­cia­da por su hi­jo de 15 años

La Voz de Galicia (Pontevedra) - - Portada - MA­RÍA CE­DRÓN

Prohi­bir a un hi­jo usar el mó­vil no es mo­ti­vo de mal­tra­to. Eso es lo que se des­pren­de de la sen­ten­cia de un juz­ga­do de Al­me­ría que ha ab­suel­to a una ma­dre de­nun­cia­da por su hi­jo de 15 años por ha­ber for­ce­jea­do con él al qui­tar­le el te­lé­fono tras ha­ber­le ins­ta­do a que lo de­ja­ra pa­ra po­ner­se a es­tu­diar.

El juez fue cla­ro en el ve­re­dic­to que re­co­ge Eu­ro­pa Press: «Es­tá en pleno de­re­cho y co­rrec­to ejer­ci­cio de los de­re­chos obli­ga­cio­nes de la patria po­tes­tad cuan­do le qui­tó el mó­vil a su hi­jo». Ade­más, re­cuer­da que, en­tre las obli­ga­cio­nes que es­ta­ble­cen el Có­di­go Ci­vil de­ri­va­das de esa patria po­tes­tad, «es­tá la de preo­cu­par­se por la edu­ca­ción de los hi­jos, que es lo que hi­zo la acu­sa­da en la ac­ción en­jui­cia­da».

Pe­ro más allá del he­cho de que un me­nor aca­be sen­tan­do a su pro­ge­ni­to­ra an­te un juez por cul­pa de un smartp­ho­ne y que el fis­cal pi­da por ese su­pues­to mal­tra­to una pe­na de nue­ve me­ses de cár­cel, di­fe­ren­tes ex­per­tos con­sul­ta­dos es­tán de acuer­do en que el uso de es­te apa­ra­to se ha con­ver­ti­do en una de las cau­sas prin­ci­pa­les de con­flic­to en las fa­mi­lias. De he­cho, a lo lar­go de los úl­ti­mos años los ca­sos de vio­len­cia fi­lio­pa­ren­tal han au­men­ta­do en torno a un 80 % y, en bue­na par­te de los ca­sos, de­trás de ellos es­tá el mó­vil. ¿Por qué? Por­que ese apa­ra­to es­tá to­tal­men­te in­te­gra­do en la so­cie­dad y resulta un cor­dón um­bi­li­cal que une a los ado­les­cen­tes con el mundo, un la­zo que no quie­ren sol­tar ba­jo nin­gún con­cep­to.

El res­pon­sa­ble de Me­dia­ción Fa­mi­liar de la Unión de Aso­cia-

cio­nes Fa­mi­lia­res (UNAF), Gre­go­rio Gui­llén, sa­be de lo que ha­bla por­que lo ve en su tra­ba­jo: «El te­lé­fono mó­vil es una fuen­te cons­tan­te de con­flic­to, al­go que en nues­tro ser­vi­cio ve­mos ca­da día.

To­do es­tá re­la­cio­na­do con el he­cho de que, a tra­vés del mó­vil, los pro­ge­ni­to­res pue­den con­tro­lar que real­men­te es­tu­dien, las amis­ta­des que tie­nen o qué ha­cen con ellas, con­tro­lar a un hi­jo», ex­pli­ca. Pe­ro más allá de to­do el pro­ble­ma que ge­ne­ra en las fa­mi­lias apun­ta que los pa­dres es­tán des­pro­te­gi­dos a la ho­ra de edu­car a sus hi­jos. La prue­ba son

ca­sos co­mo es­te en que un me­nor de­nun­cia a una ma­dre por qui­tar­le el smartp­ho­ne. Pe­ro no so­lo eso. Más preo­cu­pan­te, a su jui­cio, es aún que al acep­tar ese ti­po de de­nun­cias tam­bién que­da des­pro­te­gi­do el me­nor, pe­se a que a prio­ri pue­da pa­re­cer lo con­tra­rio. Su teo­ría la ex­pli­ca ar­gu­men­tan­do que al lle­var a un pa­dre an­te el juez por re­ti­rar el mó­vil pa­ra obli­gar a es­tu­diar «es­tá da­ñán­do­se el mo­de­lo de pa­dre co­mo re­fe­ren­te pa­ra el hi­jo, co­mo guía pa­ra en­fren­tar­se a la vi­da».

En es­te sen­ti­do, la psi­có­lo­ga del cen­tro de Ac­ción con­tra la Vio­len­cia en Ga­li­cia (Cea­vi­gal), Ali­cia Pe­ra­le­jo, in­tro­du­ce otro de­ba­te que ha­blar de to­dos los ti­pos de vio­len­cia que ge­ne­ra el mal uso de un smartp­ho­ne.

«A ve­ces po­ner en ma­nos de un hi­jo un te­lé­fono mó­vil pue­de ser per­ju­di­cial, so­bre to­do cuan­do no hay un lí­mi­te o unas nor­mas pre­vias de uso. En la ac­tua­li­dad hay un pro­ble­ma de fal­ta de lí­mi­tes que va uni­do a otro de fal­ta de res­pon­sa­bi­li­da­des por par­te de pa­dres o edu­ca­do­res. Hay que su­per­vi­sar el uso que ha­cen los me­no­res del mó­vil por­que en­tra­ña mu­chos ries­gos». Ahí ha­ce hin­ca­pié en la bre­cha di­gi­tal que hay en­tre ge­ne­ra­cio­nes, al­go que hay que acor­tar pa­ra po­der ins­truir con co­no­ci­mien­to a los me­no­res en la bue­na uti­li­za­ción de es­te ins­tru­men­to. Re­cuer­da, ade­más, que la edad no es nin­gún in­di­ca­dor pa­ra po­ner en ma­nos de un me­nor un te­lé­fono, es más de res­pon­sa­bi­li­dad.

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