«Ha­ce más por la na­ta­li­dad un je­fe sin ma­las ca­ras que una ayu­da de mil eu­ros»

Al al­to car­go más jo­ven del Go­bierno le to­ca de­fen­der a una par­te de la so­cie­dad en vías de ex­tin­ción

La Voz de Galicia (Pontevedra) - - Portada - Ja­vier Do­ra­do DIRECTOR GE­NE­RAL DE JU­VEN­TUD

Ma­riano Ra­joy ha re­cu­rri­do a la can­te­ra ga­lle­ga para di­ri­gir el Ins­ti­tu­to de la Ju­ven­tud. Ja­vier Do­ra­do (Vi­go, 1988), ac­tual se­cre­ta­rio ge­ne­ral del PP de Vi­go, ex­par­la­men­ta­rio ga­lle­go y ex­se­cre­ta­rio de Nue­vas Ge­ne­ra­cio­nes, se con­vier­te así en el al­to car­go más jo­ven del Go­bierno de Es­pa­ña. Es pa­dre des­de ha­ce unos me­ses y quie­re un fu­tu­ro me­jor para su pe­que­ña, pe­ro tam­bién para los que aho­ra su­fren el pa­ro, la emi­gra­ción for­zo­sa o las di­fi­cul­ta­des para eman­ci­par­se y, co­mo él, desean for­mar una familia. —Lle­va unas se­ma­nas en un car­go nue­vo para us­ted. ¿Ya es­tá al día? —Sí, lo su­fi­cien­te co­mo para pro­po­ner­me re­vi­ta­li­zar el Injuve y dar­le otra ima­gen, por­que no es su­fi­cien­te­men­te co­no­ci­do. Soy cons­cien­te de que es­ta­mos aquí para fa­ci­li­tar­les la vi­da a los jó­ve­nes y ofre­cer­les soluciones. —Us­ted di­gi­rió Nue­vas Ge­ne­ra­cio­nes en Ga­li­cia y en Es­pa­ña, pe­ro es­to es dis­tin­to. —Des­de lue­go, téc­ni­ca­men­te se- gu­ro que ha­bía per­fi­les más ade­cua­dos, pe­ro pre­ci­sa­men­te una de mis mi­sio­nes es dar­le una vi­sión po­lí­ti­ca al Injuve, que no quie­re de­cir que sea par­ti­dis­ta. Po­lí­ti­ca tam­bién es so­lu­cio­nar pro­ble­mas y or­ga­ni­zar la so­cie­dad, no so­lo tra­mi­tar ex­pe­dien­tes y sub­ven­cio­nes. —Las com­pe­ten­cias de ju­ven­tud son de las co­mu­ni­da­des: ¿le que­da mar­gen de ma­nio­bra? —Sí lo hay. Voy a po­ner es­pe­cial in­te­rés en desa­rro­llar el pro­gra­ma Cer­van­tes, que es co­mo el Eras­mus pe­ro den­tro de Es­pa­ña y para es­tu­dian­tes de ESO y ba­chi­lle­ra­to; y el Ju­ven­tud 2020, que pre­ten­de aglu­ti­nar to­das las es­tra­te­gias del Go­bierno para los jó­ve­nes. —En la web de Injuve las fo­tos son de jó­ve­nes ru­bios y ur­ba­ni­tas. ¿Es igual un jo­ven ma­dri­le­ño o ga­di­tano que uno ga­lle­go? —Hay ma­ti­ces en la personalidad, en el mo­do de vi­da y en las prio­ri­da­des vi­ta­les. Ocu­rre con los ma­yo­res y con los jó­ve­nes tam­bién. Lo que sí pre­ten­do es tras­la­dar lo que apren­dí en Ga­li­cia so­bre los jó­ve­nes, que por cier­to fue la pri­me­ra co­mu­ni­dad que aler­tó del pro­ble­ma de­mo­grá­fi­co. —Por fin se re­co­no­ce co­mo un pro­ble­ma de Es­ta­do. —El pro­ble­ma es igual en to­das las co­mu­ni­da­des, pue­de ser más o me­nos acu­sa­do por la ta­sa de na­ta­li­dad, pe­ro el en­ve­je­ci­mien­to de Eu­ro­pa y Es­pa­ña es ex­treno.

ma­da­men­te gra­ve, es­truc­tu­ral y ade­más no se arre­gla de un año para otro, co­mo el PIB. —¿Ha­ce lo su­fi­cien­te la Ad­mi­nis­tra­ción para re­ver­tir la si­tua­ción? —Te­ne­mos que po­ner to­dos los in­cen­ti­vos po­si­bles para que los jó­ve­nes pue­dan te­ner fa­ci­li­da­des para crear una familia, pe­ro so­mos cons­cien­tes de que na­die va a te­ner un hi­jo por­que le des mil eu­ros por un be­bé. Yo no co­noz­co a na­die, y el que lo ha­ya he­cho es un irres­pon­sa­ble. Es­to so­lo se arre­gla con con­cien­cia so­cial y po­lí­ti­ca. Ha­ce fal­ta ese sa­la­rio emo­cio­nal que su­po­ne que en tu tra­ba­jo te den to­das las fa­ci­li­da­des. Un je­fe que no pon­ga ma­las ca­ras si pi­des una ex­ce­den­cia para cui­dar a un me­nor ha­ce

más por la na­ta­li­dad que cual­quier ayu­da de mil eu­ros. O que al­gu­nos de­jen de pre­gun­tar en las en­tre­vis­tas de tra­ba­jo si vas a te­ner ni­ños. Esa con­cien­cia­ción ten­dría un efec­to ma­yor que los in­cen­ti­vos de la Ad­mi­nis­tra­ción. —El em­pleo pa­re­ce la so­lu­ción a to­dos nues­tros pro­ble­mas. —No, no del to­do. No sé si es po­lí­ti­ca­men­te co­rrec­to de­cir­lo, pe­ro Ja­pón y Alemania tie­nen téc­ni­ca­men­te lo que se lla­ma pleno em­pleo, y el pro­ble­ma de­mo­grá­fi­co es el mis­mo que en Es­pa­ña. Hay ele­men­tos cul­tu­ra­les en los jó­ve­nes que se plas­man en su vi­da, lo cual hay que res­pe­tar. El em­pleo da au­to­no­mía, es un ele­men­to in­dis­pen­sa­ble, pe­ro no es la va­ri­ta má­gi­ca. —Su suel­do co­mo director ge­ne­ral, más de 80.000 eu­ros, le ale­ja de la reali­dad de los jó­ve­nes. —So­lo ten­go que en­trar en el What­sApp de mis ami­gos para man­te­ner los pies en la tie­rra. Uno se ha ido a Ir­lan­da a tra­ba­jar, otro a Tai­wán a apren­der chino, otro a Aus­tra­lia... Unos han vuel­to, otros

Mi ma­yor re­to es es­cu­char y es­tar en con­tac­to per­ma­nen­te con la gen­te. Los lla­ma­dos mi­llen­nials [na­ci­dos des­pués de los 80] han su­fri­do las peo­res con­se­cuen­cias de la cri­sis y el país no dio res­pues­tas a su in­ver­sión en for­ma­ción. A los que se fue­ron por obli­ga­ción hay que de­cir­les que su país es­tá con ellos, y no sé si pe­dir dis­cul­pas, pe­ro al me­nos que se­pan que tra­ba­ja­mos para de­vol­ver­les esa opor­tu­ni­dad. Y lue­go hay jó­ve­nes in­vi­si­bles en en­tor­nos de ex­clu­sión so­cial a los que hay que de­fen­der. —Us­ted em­pe­zó a los 16 en po­lí­ti­ca: ¿has­ta cuán­do? —Es­to tie­ne un lí­mi­te, per­ci­bir­lo co­mo una pro­fe­sión es erró­neo. Hay gen­te que lle­ga a los 70 y otra a los 20, pe­ro to­dos so­mos ne­ce­sa­rios. Aho­ra ten­go el ho­nor de ocu­par es­te car­go con 28 y soy cons­cien­te de que me po­ne en el pun­to de mi­ra. Ha­brá mu­chos que son me­jo­res, pe­ro yo voy a in­ten­tar ha­cer­lo con di­li­gen­cia, tiem­po, ca­ri­ño e ilu­sión. El día que me fal­ten de­ja­ré la po­lí­ti­ca.

«So­lo ten­go que en­trar en el What­sApp de mis ami­gos para te­ner los pies en la tie­rra»

BE­NI­TO OR­DÓ­ÑEZ

Do­ra­do to­mó po­se­sión en fe­bre­ro de su car­go en el Ins­ti­tu­to de la Ju­ven­tud, en Madrid.

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