El exor­cis­mo

La Voz de Galicia (Pontevedra) - - El Tiempo - En­ri­que Cle­men­te

APe­dro Sán­chez hay que re­co­no­cer­le al me­nos un mé­ri­to, ha he­cho que el PSOE de siem­pre se una en torno a Su­sa­na Díaz para fre­nar­lo. Le te­men más que a un nu­bla­do. Ese ob­je­ti­vo co­mún ha he­cho que vie­jos enemi­gos irre­con­ci­lia­bles, su­sa­nis­tas de siem­pre y re­con­ver­ti­dos a la luz del sol que más ca­lien­ta, ha­gan pi­ña. Los que han si­do y los que son. La no­men­kla­tu­ra en pleno. Lo de ayer pa­re­cía una es­pe­cie de exor­cis­mo co­lec­ti­vo pu­ri­fi­ca­dor en el que el de­mo­nio era Sán­chez, que so­bre­vo­la­ba por Ife­ma pe­ro al que na­die ci­tó (va­de re­tro), con­ver­ti­do en un cuer­po ex­tra­ño al PSOE, la per­so­ni­fi­ca­ción de to­dos los ma­les que aque­jan al par­ti­do, chi­vo ex­pia­to­rio y pa­ra­rra­yos de un de­cli­ve que no es ex­clu­si­vo de Es­pa­ña, sino pa­ra­le­lo al de­rrum­be de la so­cial­de­mo­cra­cia eu­ro­pea. Una vuel­ta al Edén de un PSOE ga­na­dor, el de Fe­li­pe Gon­zá­lez y Za­pa­te­ro, a unos tiem­pos pa­sa­dos glo­rio­sos. Pe­ro tam­bién es­ta­ba pre­sen­te el PSOE per­de­dor, ya que el hun­di­mien­to em­pe­zó con Ru­bal­ca­ba, en las elec­cio­nes del 2011, cuan­do per­dió 4,3 mi­llo­nes de vo­tos y 59 es­ca­ños, y aún no exis­tía Po­de­mos y Ciu­da­da­nos era re­si­dual. Pa­gó en las ur­nas los re­cor­tes que hi­zo Za­pa­te­ro en ma­yo del 2010 por im­po­si­ción de Bru­se­las. Con Sán­chez se pro­fun­di­zó la caí­da, ya con los par­ti­dos emer­gen­tes en li­za. Vis­tos los apo­yos que ex­hi­bió Díaz, se di­ría que las pri­ma­rias se­rán un pa­seo mi­li­tar. Cuen­ta, ade­más, con una ges­to­ra a su ser­vi­cio y la ma­qui­na­ria de los prin­ci­pa­les apa­ra­tos fun­cio­nan­do a to­pe para re­ca­bar­le vo­tos. Co­man­da un po­de­ro­so ejér­ci­to fren­te a un Sán­chez que li­bra una gue­rra de gue­rri­llas. Tan­ques con­tra pie­dras. Pe­ro na­die se atre­ve a dar por he­cha su vic­to­ria. Lo más pro­ba­ble es que ga­ne las pri­ma­rias, pe­ro lue­go lle­ga­ría lo más di­fí­cil, re­cu­pe­rar el elec­to­ra­do per­di­do. Y se ha pues­to el lis­tón muy al­to, ga­nar las elec­cio­nes.

C. P.

Uno de los clá­si­cos puen­tes so­bre el ca­nal que se­pa­ra Mo­len­beek del res­to de Bru­se­las.

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