Cuen­tos con­tra los ma­los de ver­dad

La com­pa­ñía ga­lle­ga de tea­tro Trin­ke Trin­ke ofre­ce dos es­pec­tácu­los in­fan­ti­les di­fe­ren­tes pa­ra pre­ve­nir el mal­tra­to y el aco­so a los más pe­que­ños

La Voz de Galicia (Pontevedra) - - El Tiempo - CAR­MEN GAR­CÍA DE BUR­GOS

Hay un Cen­tro de Orien­ta­ción Fa­mi­liar en Ori­lla­mar, en A Co­ru­ña, don­de ca­da día tra­tan con si­tua­cio­nes de mal­tra­to, abu­sos se­xua­les, aco­so a per­so­nas ho­mo­se­xua­les y mu­chas otras pro­ble­má­ti­cas afec­ti­vo-se­xua­les. Tam­bién allí den­tro hay una pe­que­ña luz, la que arro­ja una psi­có­lo­ga, Chus Díaz An­ca, que in­ten­ta ayu­dar a es­tas víc­ti­mas. De ella par­tió la idea de in­ten­tar pro­te­ger a los más pe­que­ños de es­ta cla­se de ame­na­zas an­tes de que se con­vier­tan en reali­dad. ¿Có­mo ha­cer­lo? Per­mi­tien­do que sean ellos mis­mos quie­nes iden­ti­fi­quen el pe­li­gro y al po­si­ble agre­sor.

¿Y có­mo se con­si­gue que un ni­ño pe­que­ño en­tien­da lo que es un abu­so se­xual, y sea ca­paz de iden­ti­fi­car­lo sin caer en las re­des de la ma­ni­pu­la­ción del pe­de­ras­ta? Co­mo lo han he­cho to­da la vi­da: con un cuen­to. So­bre esa ba­se Trin­ke Trin­ke, una de las pri­me­ras com­pa­ñías que arran­có las se­sio­nes de ani­ma­ción a la lec­tu­ra en Ga­li­cia, allá por los no­ven­ta, di­se­ñó el pri­mer cuen­ta­cuen­tos que bus­ca evi­tar es­te ti­po de si­tua­cio­nes.

El asun­to no es fá­cil, ade­más de de­li­ca­do, y lo sa­ben. Por eso lo di­vi­die­ron en dos es­pec­tácu­los. El pri­me­ro de ellos pre­ten­de que los ni­ños apren­dan a di­fe­ren­ciar cla­ra­men­te en quién pue­den con­fiar y en quién no, y quién los quie­re real­men­te y quién les es­tá ha­cien­do da­ño. Es el más par­ti­ci­pa­ti­vo, aun­que por su nom­bre no lo pa­rez­ca. En A saú­de afec­ti­va la pre­sen­cia de los pa­dres es fun­da­men­tal. El ob­je­ti­vo es mos­trar a los pe­que­ños, con ejem­plos dra­ma­ti­za­dos, si­tua­cio­nes de re­la­cio­nes in­sa­nas y sa­nas, y que «aque­les que nos que­ren son aque­les que Va­nes­sa Ri­vas en­car­na a Li­li Gru­yé­re, que vi­si­ta­rá di­fe­ren­tes co­le­gios en abril y ma­yo.

nos coidan e nos res­pec­tan», ex­pli­ca su di­rec­tor, Da­vid Per­nas. En fun­ción de las fe­chas, Per­nas da vi­da al ra­ton­ci­to que ha­ce de maes­tro de ce­re­mo­nias de la fun­ción. La interpretación co­rre por cuen­ta de los pa­dres. Son ellos quie­nes tie­nen que fin­gir caer cuan­do van co­rrien­do ha­cia su ma­má y ellas quie­nes tie­nen que re­pro­char­les su tor­pe­za o ayu­dar­los a le­van­tar­se, en su ca­so. Y los pe­que­ños ha­cen de jue­ces. Y de­ci­den quién quie­re bien y quién quie­re mal.

El se­gun­do es­pec­tácu­lo es­tá con­du­ci­do por Li­li Gru­yé­re. Co­mo to­dos los miem­bros de Trin­ke Trin­ke, es una ra­ta de bi­blio­te­ca que pro­ce­de de Lon­xe­de­to­do. Es el que sir­ve pa­ra pro­fun­di­zar en la cues­tión de los abu­sos se­xua­les. Co­mien­za con una cla­se

de anato­mía con si­lue­tas pla­nas en la que se les ex­pli­ca a los ni­ños las par­tes del cuer­po, in­clui­dos los ór­ga­nos se­xua­les, de una for­ma ame­na. Pa­ra el res­to de la mi­sión la com­pa­ñía se cen­tra en los tí­te­res y en un texto ca­si ofi­cial: Ki­ko y la mano, un cuen­to edi­ta­do por el Con­se­jo de Eu­ro­pa. Na­rra bre­ve­men­te y con un len­gua­je sen­ci­llo có­mo Ki­ko y su ami­ga la mano se di­vier­ten ha­cien­do co­sas jun­tos: tar­tas, mú­si­ca, vo­lar... Has­ta que la mano le pre­gun­ta si

pue­de to­car­le den­tro de su ro­pa in­te­rior. «“¡No!”, gri­ta Ki­ko. “Eso sí que no!”. “Muy bien, Ki­ko”, di­ce la mano. “Na­die pue­de to­car­te den­tro de tu ro­pa in­te­rior. Esa es la Re­gla de Ki­ko.Y si una per­so­na lo ha­ce, cuén­ta­se­lo a al­guien. No lo man­ten­gas en se­cre­to”».

Lu­char con­tra los «se­cre­tos ma­los» es pre­ci­sa­men­te otro de los ejes del es­pec­tácu­lo, por ser una de las ar­mas más da­ñi­nas del pe­de­ras­ta. Se les ex­pli­ca a los pe­que­ños la di­fe­ren­cia en­tre las co­sas que uno no de­be con­tar por ser bue­nas, co­mo una sor­pre­sa de cum­plea­ños, y las que no lo son. Son es­tas las que tie­nen que con­tar­le a aque­llas per­so­nas que sí los quie­ren bien. En­tre ellos, Li­li Gru­yé­re, que se des­pi­de con un bai­le ale­gre.

TRIN­KE TRIN­KE

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