«Re­co­mien­do las pe­sas y aplau­do el cul­tu­ris­mo na­tu­ral, el que no usa sus­tan­cias ile­ga­les»

La Voz de Galicia (Pontevedra) - - Deportes -

La re­cu­pe­ra­ción fue du­ra para Al­ber­to. «Lo de­jé al sa­lir del hospital. Aun­que du­ran­te seis me­ses re­caía, iba al gim­na­sio a es­con­di­das, men­tía al psi­có­lo­go y al en­do­crino. Lo su­pe­ré gra­cias a su ayu­da y la de la fa­mi­lia, por­que el que te ven­de anabo­li­zan­tes, cuan­do tie­nes pro­ble­mas, des­apa­re­ce o no te da res­pues­tas. La cul­pa es siem­pre de los demás», di­ce. «Te apar­tas de tu en­torno, de tus ami­gos, les mien­tes. Te unes a los del gim­na­sio por­que no tie­nes que jus­ti­fi­car­te a ca­da mo­men­to. ¿Có­mo le ex­pli­cas a tu no­via esos pro­duc­tos de la me­si­lla de no­che? ¿O que en va­ca­cio­nes no co­mes en los res­tau­ran­tes? Mi pa­re­ja me de­jó por­que te po­nes in­so­por­ta­ble», con­clu­ye.

«Fue­ron cua­tro años y me­dio, hasta que mi men­te acep­tó a mi cuer­po, por­que en un año per­dí to­do el múscu­lo y en­gor­dé», ex­pli­ca. En­ton­ces le lla­mó el co­man­dan­te de la Guar­dia Ci­vil En­ri­que Gó­mez Bas­ti­da, sien­do di­rec­tor de la AEP­SAD, y le pi­dió que co­la­bo­ra­se con­tan­do su cal­va­rio. «Lo ha­go para con­cien­ciar. No hay con­cien­cia so­cial del pe­li­gro. La gen­te no las ve pe­li­gro­sas. No lo sa­be. Es ne­ce­sa­rio pre­ven­ción y edu­ca­ción. No se pue­de lle­gar a un gim­na­sio y que al­guien te ven­da el ci­clo sin in­for­ma­ción», apun­ta. «No­to mu­cho apo­yo . Me lla­man des­de otros paí­ses. Hay de­por­tis­tas agra­de­ci­dos, que me di­cen que tras sa­ber mi his­to­ria se le qui­ta­ron las ga­nas de ha­cer un ci­clo», ase­gu­ra.

No ha re­gre­sa­do a un gim­na­sio para prac­ti­car cul­tu­ris­mo. «No ten­go in­te­rés, pe­ro re­co­mien­do las pe­sas. Son bue­ní­si­mas cuan­do se ha­cen ase­so­ra­das por pro­fe­sio­na­les de ver­dad. Si pu­die­ra, las vol­ve­ría a ha­cer. Pe­ro mi cuer­po se res­que­bra­jó. Aplau­do el cul­tu­ris­mo na­tu­ral, el que no usa sus­tan­cias ile­ga­les. Ca­da vez hay más com­pe­ti­do­res que no con­su­men dro­gas y van a un en­do­crino para que les dé pro­teí­nas para au­men­tar la ma­sa mus­cu­lar y les orien­ta so­bre su­ple­men­tos. Ojo con es­to tam­bién por­que no es bueno de­jar­se lle­var por cual­quie­ra que se ha­ce lla­mar nu­tri­cio­nis­ta. Que no se fíen de los gu­rús de gim­na­sio, so­lo ha­cen ne­go­cio con ellos. Así nun­ca lle­ga­rán a los ex­tre­mos que vi­ví yo, aun­que que­da­rán de úl­ti­mos en los cam­peo­na­tos», re­fle­xio­na.

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